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Ante todo ser feliz

Enrique Avogadro
Subsecretario de Economía Creativa de la Ciudad de Buenos Aires.

También al frente del Centro Metropolitano de Diseño (CMD).

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Sáb, 21-02-2015

Cientos de películas, canciones, novelas y poemas nos hablan - han hablado, y hablarán- de la felicidad. Es una meta que el ser humano ha buscado alcanzar siempre. Se han postulado descabelladas teorías como la del escritor Aldous Huxley en su ficción "Un mundo feliz" y su construcción de una sociedad utópicamente disciplinada y perfecta. Dicho sea de paso una de las frases más recordadas de aquel libro es “El secreto de la felicidad y la virtud está en amar lo que se tiene la obligación de hacer”. ¿Será cierto?  

Mientras algunos sostienen que el éxito deviene en felicidad otros creen que se debe a una búsqueda interior. Para empezar, muchos psicólogos y maestros del nuevo siglo sostienen que la clave está en dar vuelta la fórmula: ser felices para así volvernos exitosos. Esto, que parece una frase trillada de un libro de autoayuda, lo dijo Shawn Achor, uno de los mayores exponentes de la psicología positiva en una de las charlas TED más vistas del mundo. 

En ella, el psicólogo sostiene que la clave está en pensar de manera positiva para que nuestro cerebro trabaje mejor, más rápido y más inteligentemente. Y la frase no es antojadiza, resulta que está demostrado científicamente: cuando estamos felices liberamos dopamina, una hormona que, entre otras funciones, tiene la misión de activar todos los centros de aprendizaje del cerebro permitiéndole a uno adaptarse de un modo diferente, volverse más permeable y atento.

¿Y qué hay entonces de las personas negativas? La respuesta es que todos pueden entrenar al cerebro para reconectarlo, es decir, para establecer nuevos circuitos y optimizar su rendimiento. Interesante es pues enumerar los tips que sugiere el gurú para alcanzar dicha meta: el primero es hacer ejercicio diariamente, porque hay que enseñarle al cerebro que la disciplina importa, otro es meditar, porque es necesario bajar los niveles de ansiedad y detenernos a pensar un minuto tan solo en nuestra respiración, otro recordar las experiencias positivas que hayan ocurrido en el día.  De este modo las personas podrán sentirse más productivas, con mayor capacidad de resiliencia, con menos stress y sensación de decepción y otros efectos positivos. Cada uno así podrá experimentar a ver cuál es la práctica que mejor le resulta. 

Los mayores exponentes de este cambio de paradigma son los jóvenes de la llamada “Generación Y” sucesores de la “Generación X” que, según los sociólogos, son los nacidos entre 1980 y 1995, que hoy tienen entre 20 y hasta 35 años y representan al grupo económico más importante y más exitoso en el mercado laboral. Esta generación es la de los nativos digitales, la de los emprendedores y autodidactas, que prefieren el desarrollo personal al crecimiento económico en una misma empresa.

Para estos jóvenes la felicidad es un mandato, y por eso son idealistas y proactivos en el trabajo. Como no cumplen horarios deben enfrentarse a la vez a la falta de límites claros, tienen que encontrar el equilibrio entre la administración del tiempo propio para el ocio y el trabajo. Y claro está, se valen de la tecnología para esto.

La utilización de este método se ha vuelto fenómeno y por tanto tiene un nombre: Lifehacking. El término fue acuñado en 2004 por Danny O Brien, periodista especializado en tecnología, y cobró tanta fuerza que hasta fue incluido en el diccionario online de Oxford. Se trata de  “una estrategia o técnica adoptada para administrar el tiempo propio y las actividades diarias de un modo más eficiente” y así tener más tiempo para uno mismo.

Así, un autentico Lifehacker evita las reuniones de trabajo innecesarias, se arma agendas que sigue al pie, y para los momentos de concentración y dedicación exclusiva, se vale de algunas herramientas tecnológicas que le permiten bloquear el acceso a sitios que lo distraen como las redes sociales -Facebook y Twitter. En algunos casos la obsesión por la productividad personal ha llegado a lugares extremos, y tiene férreos defensores como Thimothy Feriss, autor del libro “la semana laboral en 4 horas” en el que explica cuál es el método para automatizar al máximo las tareas no deseadas para ser 100 por ciento eficientes.

Del otro lado de la línea de Feriss, están quienes creen que “armar listas de objetivos” o “buscar la eficacia todo el tiempo” va completamente en contra de la felicidad, como Oliver Burkeman, autor del libro El Antídoto, donde invita al lector a concentrarse en disfrutar del presente. ¿Y todo con qué propósito? Con el de no procastinar nuestra felicidad. Sea la generación que sea, de la letra del abecedario que mejor nos defina, el fin es el mismo: tratar, ante todo, de ser feliz.

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