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¿Es posible cambiar la herencia generacional?

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Dom, 05-05-2013

La tecnología pone hoy a nuestro alcance conocimientos acumulados durante siglos de evolución humana. Surgen descubrimientos que sorprenden y que tienden puentes entre campos diversos, como la ciencia y la religión. Veremos uno de esos puentes al hablar de la herencia generacional, aquello que recibimos de nuestros ancestros y que legaremos con nuestra impronta a nuestros descendientes.

Conocimos el tema, leyendo en la Biblia una frase del libro del Éxodo, capítulo 34, versículo 7:

“que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.”

La curiosidad nos llevó a investigar el significado de la palabra iniquidad, la cual resume los problemas que heredamos, junto al significado de la palabra arrepentimiento, propuesta por Jesucristo como salida a los mismos. Recurrimos a las palabras escritas en hebreo y griego antiguos, a su acepción original. De allí surge que los humanos a través de nuestras acciones, transmitimos aciertos y errores a nuestras generaciones venideras, las cuales llegan hasta nuestros tataranietos. Además, que la iniquidad y su influencia es un concepto social, lo social ocupa su lugar en esta historia.

Luego analizamos material psicológico y médico, referente a la herencia biológica a través del genoma. Posteriormente escribimos el libro “De tal palo nuevas astillas”. Desde el refrán popular, damos cuenta de la posibilidad de cambiar aquello que recibimos como errores en nuestras vidas.

Somos un libro viviente, registrando nuestro paso por la vida…

El genoma, un guión escrito en las células

Veremos cómo nuestro genoma nos da el guión familiar, desde que somos semillas… hasta que somos personas; cómo recibimos, siendo seres únicos e irrepetibles, un legado familiar y cómo nos hacemos cargo del mismo, pasando nuestros propios frutos a la próxima generación, pudiendo trasladarles a ellos los problemas recibidos o habiéndolos resuelto para mejor.

Las semillas, son una metáfora para las células que componen nuestro cuerpo. El guión escrito en cada célula que poseemos es conocido, en el ámbito de la biología, con el nombre de genoma.

Cuando un hombre y una mujer se unen para ser “una sola carne”, esa unión manifiesta en lo sexual, material y espiritual tiene como consecuencia (a veces, deseada y otras, temida) que se unan las células sexuales de cada uno y se produzca una nueva vida, un nuevo ser, único e irrepetible: vos, yo, tus hijos…

Veamos en detalle cómo se escribe ese guión en el cuerpo:

“El cuerpo humano contiene células. Dentro de cada célula, hay un corpúsculo negro, llamado núcleo. Dentro del núcleo se hallan dos series completas del genoma humano. Una serie procede de la madre y la otra, del padre. Cuando procreamos, transmitimos una serie completa, pero solo después de intercambiar fragmentos de los cromosomas paternos y maternos, en un proceso conocido como recombinación. 

Imagínense que el genoma es un libro. Hay 23 capítulos llamados cromosomas. Cada capítulo contiene varios miles de historias llamadas genes. Cada historia está compuesta de párrafos, llamados exones. Cada párrafo está compuesto de palabras, llamadas codones. Cada palabra está escrita con letras, llamadas bases. Hay mil millones de palabras en el libro, tan largo como 800 Biblias. Un libro inmenso, y todo él cabe dentro del núcleo microscópico de una célula diminuta, que a su vez cabe holgadamente en la cabeza de un alfiler.

El genoma es un libro muy inteligente porque, en condiciones adecuadas, puede fotocopiarse y leerse a sí mismo. El hecho de fotocopiarse se conoce como replicación y el de leerse, como traducción”. (Ridley, 2001:24-28). El guión heredado biológicamente nos brinda capacidades y enfermedades. Contiene la información de generaciones de nuestros antepasados. También tenemos, gracias a ellos, como herencia: el color de la piel, estatura, pelos, rasgos físicos, etc., y, por ejemplo, la capacidad de poder tomar leche todos los días.

Habilidad para tomar leche

“Algo similar ocurre con un gen del cromosoma 1, el gen de la lactasa. Esta enzima es necesaria para la digestión de la lactosa, un azúcar que abunda en la leche. Cuando nacemos, todos tenemos este gen activado en nuestro sistema digestivo pero, en gran parte de los mamíferos –y por lo tanto en gran parte de las personas– se desactiva durante la infancia. Hace algunos miles de años, a los seres humanos se les ocurrió extraer leche de los animales domésticos para consumo personal, y así nació la tradición láctea. 

Esto estaba bien para los niños, pero resultó que los adultos tenían dificultad para digerir la leche, en ausencia de lactasa. Un modo de solucionar el problema es dejar que las bacterias digieran la lactosa y conviertan la leche en queso. Al tener un bajo contenido en lactosa, los niños y los adultos digieren fácilmente el queso. Sin embargo, de vez en cuando, el gen que controla la desactivación del gen de la lactasa sufre una mutación y la producción de lactasa no se detiene al final de la infancia. Esta mutación permite a su portador beber y digerir la leche a lo largo de toda su vida.

Examinando 62 culturas distintas, 2 biólogos encontraron que las personas que digerían mejor la leche eran las que tenían una historia de pastoreo. Los hechos indican que, en primer lugar, tales personas emprendieron una vida de pastoreo y posteriormente desarrollaron una capacidad para digerir la leche en respuesta a ella. Un ejemplo de cambio cultural, que conduce a un cambio evolutivo y biológico. Se pueden inducir cambios en los genes, voluntaria y conscientemente”. (Ridley, 2001:351-353). 

Coincidiendo con lo descripto por Ridley, el diario Clarín publicó una nota, del cual extrajimos lo siguiente: “Investigadores norteamericanos detectaron unas 700 regiones del genoma humano en donde los genes parecen haberse reformulado. Entre los genes que muestran este cambio de evolución, se encuentran algunos como los responsables de los sentidos del gusto y del olfato, de la digestión, de la estructura ósea, del color de la piel y de la función cerebral. Algunos cambios serían por la adaptación de la vida de cazadores a la de agricultores”. (Clarín, pág. 37,9 de marzo de 2006).

Podemos ver claramente cómo lo social, las condiciones de vida y la producción de bienes para vivir obraron para que los cambios de costumbres quedaran inscriptos en el genoma a nuestro favor. Volviendo a Ridley, la otra cara de la moneda, en el guión del genoma, son las enfermedades o la predisposición a contraerlas, que vienen también en el “paquete” que recibimos al nacer. “En cierto sentido, el genoma es un registro escrito de nuestro pasado patológico, un manuscrito médico de cada persona y raza”. (Ridley, 2001:263).

Enfermedades por transmisión genética

Daremos unos breves ejemplos de lo que mencionamos. Hay enfermedades en las que se necesita que uno de los padres presente la enfermedad y se transmite a los hijos en forma variable, a veces mínimamente. Esto se puede ver observando las distintas generaciones. Este tipo de enfermedades recibe el nombre de Enfermedades Autosómicas Dominantes. Como ejemplo mencionamos a la Enfermedad de Gilbert, el Tumor de Wilms y la Neurofibromatosis tipo I. 

En otras enfermedades los padres son aparentemente sanos, aunque portadores de gen de enfermedad y, por lo tanto, se necesita la unión de ambos padres para producir la enfermedad en el niño. Este tipo de enfermedades recibe el nombre de Enfermedades Autosómicas Recesivas. Ejemplos: la Fibrosis Quística y la Microcefalia.

Lo que hacemos con nuestro cuerpo en la vida cotidiana, lo que aprendemos para sobrevivir a los cambios globales del clima, las enfermedades que padecemos, todo eso va quedando inscripto en nuestras células, en el genoma. Cada generación le deja algo escrito biológicamente a las siguientes generaciones, para bien o para mal. Y el error también se escribe en el genoma y es parte de nuestra herencia como humanos.

La ciencia, se acerca desde lo empírico a la revelación bíblica. Siendo seres Bio-Psico-Sociales-Espirituales, la herencia no solo se recibe por lo corporal, sino también por nuestras circunstancias histórico-sociales y familiares. Venimos al mundo, ocupando el lugar de hijos. Somos hijos de alguien, a través de la larga cadena de las generaciones que nos precedieron.

A las historias familiares, sus valores y vivencias, las recibimos a medida que crecemos. Hablamos del árbol genealógico, de las historias que pasan de abuelos a nietos y así como hay un relato familiar que nos distingue, a veces hay relatos silenciados, secretos. Hay mandatos para ser como somos y lealtades familiares que nos modelan. Cada familia es un mundo.

Frente a aquello que recibimos como legado, que nos motiva a ir al diván, al médico o a los grupos de autoayuda, hace 2000 años, Jesucristo hablando a aquellos que lo buscaban, les hablaba del arrepentimiento, usando la palabra griega metanoia, que significa “cambiar la manera de pensar”. La salida a muchos problemas familiares y sociales, van de la mano de este cambio.

 Ricardo Pankiewicz es es Analista en Informática de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y recibió cursos de entrenamiento en Marketing y Ventas en IBM Argentina. Es Operador en Psicología Social de la Escuela del Dr. Enrique Pichón-Riviere.  Psicodramatista, de la Escuela del Dr. Eduardo Pavlovsky. Es autor del libro "De tal palo nuevas astillas: Cambiando los fracasos por éxitos en su vida familiar, presente y futura".

 Bibliografía consultada:

Pankiewicz, Ricardo, DE TAL PALO NUEVAS ASTILLAS , Bs.As. Editorial Dunken,2010

Pankiewicz, Ricardo, La Psicología Social y lo transgeneracional  Revista Campo Grupal Nro 109 Marzo 2009

Riddley, Matt, Genoma, Madrid, Santillana, 2001.

Sobre los textos bíblicos: Biblioteca Electrónica Caribe, concordancias Diccionarios Vine y Strong, libros y bosquejos expositivos. Libronix Caribe-Betania Editores. Año 2004. Estudio bíblico sobre la iniquidad desde el griego de Amílcar Matosian. Año 2006.Los textos bíblicos han sido tomados de la Santa Biblia versión Reina–Valera Revisada (1960).

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