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Balance de la década

ARKLEMS + LAND es un proyecto argentino creado con el fin de medir y comparar internacionalmente las fuentes del crecimiento económico, la productividad y la competitividad de la economía argentina mediante la metodología KLEMS (Capital, Labor, Energy Material and Service Inputs), ideada por el Dr. Dale Jorgenson de la Universidad de Harvard. La base ARKLEMS+LAND permite analizar la magnitud y rol que cumplieron las ganancias de productividad en la sostenibilidad del reciente ciclo de crecimiento de la economía argentina y su competitividad mediante la medición exhaustiva de la contribución de los factores productivos. El primer hecho estilizado que se observa es que las recuperaciones cíclicas del nivel de actividad de los períodos 1990-1998 y 2002-2010, resultan similares. El crecimiento se basó principalmente en la acumulación y utilización de factores más que en ganancias de productividad. Gran parte de ese crecimiento se debió a la acumulación y utilización de capital y fuerza de trabajo sin incrementar la eficiencia con que se utilizan dichos factores. La productividad tuvo un cierto rol, aunque modesto, en la fase positiva del ciclo de la década de 1990. La contribución de la productividad al crecimiento durante el período 2002-2010 resulta ser la mitad de la modesta contribución de la fase positiva del ciclo anterior (1990-1998), explicando sólo un 10% del crecimiento económico. En otros términos, el nivel de productividad de la economía argentina alcanzado en el año 2010, a pesar del importante crecimiento económico entre los años 2002 y 2007, no habría superado el nivel alcanzado en el año 1998. La economía argentina presentó una década perdida para su productividad.

Se conocieron recientemente distintas elaboraciones en torno al desempeño del gasto público consolidado en los últimos diez años. Uno de los rasgos salientes es que el rubro de la inversión real, si bien pareció avanzar más durante los primeros años del período, después moderó su ímpetu: su gravitación proporcional luce más bien reducida. Es importante recordar que la inversión real, según se la encare, tiene una impronta distributiva no trivial en lo ligado a las condiciones estructurales de la pobreza. Mientras tanto, los rubros vinculados al gasto en personal, a la seguridad social y a las transferencias a privados, han gozado, claramente, de mayor énfasis. El Estado, desde hace unos años, lidera visiblemente el proceso de creación de empleo. En su conjunto, hubo una notable expansión de la participación estatal en la economía. Es verdad que tal nivel es comparable con el de algunos países desarrollados y con el de otros que no lo son tanto, pero cabe la duda de si un avance que hasta puede ser rotulado de “vertiginoso”, calza plenariamente con el estadio de desarrollo en el que se halla el país. Finalmente, un capítulo esencial: el gasto público medido en dólares ha crecido palpablemente, oficiando como una de las contracaras del retraso cambiario real que -por la propensión directa no transable del gasto público y su concurrente presión fiscal- compromete particularmente el desempeño de los sectores productivos de bienes transables, con sus secuelas molestas para el crecimiento, la creación de empleo y la generación de divisas.

Desde 2003 se viene verificando una concentración creciente del mercado, un notorio atraso reglamentario frente a la aparición de nuevas tecnologías, el congelamiento del uso del espectro radioeléctrico frente al avance del resto de los países latinoamericanos, la falta de control sobre la calidad de los servicios y una creciente desprotección de los usuarios. Se ha producido un cierre del mercado a la competencia. Capítulos enteros del marco regulatorio vigente han sido flagrantemente incumplidos, siempre en beneficio de los prestadores dominantes y en perjuicio de los usuarios. La Secretaría de Comunicaciones ha congelado el otorgamiento de nuevas licencias, que se otorgan con demoras de años, frenando la entrada a nuevos prestadores. En una década no hubo ninguna licitación de numerosas frecuencias del espectro radioeléctrico que quedan vacantes. Esta es una de las causas principales del mal funcionamiento de los servicios celulares, que usan el mismo ancho de banda hoy, con más de 50 millones de líneas en funcionamiento, que cuando había diez veces menos usuarios, al inicio de la década. Pasamos de tener uno de los servicios móviles líderes de la región a ser el país con menos espectro disponible y con mayor retraso en la implementación de 4G. Tanto en la década menemista como en esta década, el Estado ha adoptado el mismo comportamiento: privilegió su relación directa y los intereses económicos de las empresas telefónicas y celulares.

En la Argentina, hasta ahora el gobierno nacional no se ha expedido públicamente acerca del crecimiento de la educación privada acaecido durante su gestión. El “Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente 2012-2016”, que exalta los “logros” desde 2003, no dice una sola palabra respecto del brutal incremento de la educación privada ni traza líneas político-educativas al respecto. Tal vez alguien suponga que las estrategias invocadas en ese plan pondrán un parate a la pérdida de alumnos de escuelas públicas. Pero no es así: ni siquiera se sugiere cómo alcanzar la meta ni como evaluarla. Funcionarios kirchneristas, peronistas no kirchneristas, socialistas, radicales, macristas: para todo el espectro político argentino la privatización de la educación profundizada enormemente desde 2003 no representa un problema que deba ser priorizado en el plan educativo argentino con metas a cinco años vista. He ahí un consenso de esos que se reclaman. Los silencios dicen que para el Estado nacional argentino, para sus estados provinciales, para el núcleo duro de la clase política argentina, los 183.069 alumnos que la escuela primaria pública perdió desde 2003 (-5%), no son un problema que merezca ser debatido y solucionado.

Anotemos todo, lo bueno y lo malo, el progreso y el estancamiento, lo real y lo relatado, y pongamos todo en una lista que puede ser mental pero si es escrita mejor. Para mostrarle a los que vengan lo que falta hacer pero también todo lo que hay, para que no nos quieran timar con otra épica de la refundación del país arrasado.

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