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Una década de aislamiento

Enrique de la Torre
Ex Embajador del Servicio Exterior de la Nación

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Jue, 07-11-2013
No existen nuevos polos estratégicos con rivalidad y balance de poder. El  “Surgimiento del Resto” y el aumento de su poder relativo se produce “dentro” de las instituciones de posguerra, similarmente a lo ya ocurrido antes con Japón y Alemania. La confusión en la lectura internacional del gobierno nos ha llevado a una política exterior que fluctúa entre el aislamiento y el acercamiento a coaliciones anti occidentales. 

Este año se cumplirán -felizmente- treinta años de democracia ininterrumpida en nuestro país. Durante ese período hay una crecientemente positiva inserción internacional del país que dura hasta la profunda crisis de fines del año 2001, iniciada con la interrupción del gobierno del Presidente Fernando de la Rúa y la cesación de pagos argentina. La etapa 1983-2001 está signada por la existencia de consensos y continuidades en la política exterior de los sucesivos gobiernos que, con diferentes matices, se relacionaron con los países de la región y del mundo, superando los atavismos que traía nuestra política exterior desde la década del 40. Por el contrario  existe un marcado contraste entre los dos primeros gobiernos democráticos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem y el proceso iniciado con el “default” de la deuda externa, en el año 2001, que continúa hasta hoy.

Esta segunda fase del proceso, que ha sido progresiva, se caracteriza por un profundo aislamiento financiero, comercial e internacional del país, como consecuencia de lo cual la inserción internacional de Argentina y su política exterior abierta se revirtieron y nuestro país se fue marginando aceleradamente de las principales corrientes internacionales.

¿Aislamiento?

Roberto Russell, resume así el pensamiento en política exterior del Kirchnerismo: “El gobierno no se considera aislado, caído del mundo. Cree que, con sus decisiones, se está anticipando -proféticamente- el curso de la historia.Se mueve sobre la lógica de que la Argentina no se quede fuera de un “nuevo espacio de poder” que trascienda a Occidente, en franco declive.” (Descolgados del mundo ¿Diplomacia a la Deriva?, La Nación, Enfoques, 24 de febrero de 2013)

“Parece que el síndrome de nuestra política exterior de fines de la Segunda Guerra Mundial vuelve a repetirse. Esta vez la tercera guerra está siendo reemplazada por el colapso de Occidente”.

Sostengo todo lo inverso a los presupuestos del actual gobierno.

La política exterior de los Kirchner ha sido una de creciente confrontación con el orden occidental de posguerra, que tiene como fundamentos valores liberales.

Esta política Kirchnerista ignora  el fin del conflicto E-O y N-S y que ninguno de actores internacionales (BRICS) o (EAGLES - Emerging and Growth-Leading Economies)  propone la desaparición del orden de posguerra, sino que están, cada vez más, crecientemente integrados a él.

No existen nuevos polos estratégicos con rivalidad y balance de poder. El  “Surgimiento del Resto” y el aumento de su poder relativo se produce “dentro” de las instituciones de posguerra, similarmente a lo ya ocurrido antes con Japón y Alemania.

La confusión en la lectura internacional del gobierno puede deberse a que hoy se plantea una diferente concepción del poder: más que el poder sobre otros, el poder con los otros. Esto se deriva de quelos problemas son globales  y no pueden resolverse militarmente, como ocurre con los flujos financieros, el narcoterrorismo, el cambio climático, las pandemias, las guerras cibernéticas, etc.

El mundo es hoy -y será por mucho tiempo- militarmente unipolar (EEUU), económicamente multipolar (G 20), con un movimiento del Atlántico al Pacífico y una difusión del poder derivada del surgimiento de problemas globales y de actores no gubernamentales.

Frente a este escenario internacional, la política exterior del Kirchnerismo fluctúa entre la del aislamiento extremo y el acercamiento a patológicas coaliciones anti occidentales, como el “ALBA”.

En el choque de civilizaciones previsto por Samuel Huntington, la política exterior del Kirchnerismo se coloca enfrentada con los principales valores occidentales. (Huntington, Samuel, The Clash of Civilizations? Foreign Affairs, Summer 1993). No puede sorprender que el decenio kirchnerista haya visto entonces una creciente escalada de medidas internas y externas que han acentuado el enfrentamiento del país con los países occidentales y, principalmente, con los Estados Unidos.

Características del aislamiento

El aislamiento de nuestro país parte de una visión ideológica arcaica (y antidemocrática) de amigo-enemigo de división del mundo, particularmente desfavorable al mundo occidental, transfiriendo hacia el exterior sus notorios prejuicios ideológicos (N-S), con cuya vara intenta “interpretar” los “intereses” de la Argentina.

Mantiene relaciones discordantes con los países occidentales y particularmente con los EEUU desde la “contra-cumbre” de Mar del Plata, enfrentada contra el ALCA y el Presidente George W. Bush. Desde entonces  los presidentes de los EEUU ignoran sistemáticamente a la Argentina en sus viajes a la región. Si existía alguna duda, fue al actual gobierno del demócrata Barack Obama al que la Presidente Cristina Fernández le inmovilizó insólitamente un avión de las Fuerzas Armadas en Aeroparque. Y fue su propio canciller, Héctor Timerman, personalmente, el que (con argumentos que resultaron insostenibles) decomisó elementos y claves de inteligencia de Washington.

Nuestro país hoy otorga prioridad a las alianzas con países no democráticos enfrentados con el mundo occidental, como Venezuela y el ALBA, practicando políticas erróneas de acercamiento con países que son “parias” internacionales, como Irán. Este último país desafía el cumplimiento de los tratados internacionales cruciales para la paz y la seguridad internacional como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) rompiendo el equilibrio geopolítico del Medio Oriente. Y viola los derechos humanos de su pueblo, impunemente. Asimismo el reciente Memorándum de Entendimiento firmado entre el actual gobierno argentino e Irán ha sido objeto de profundas críticas internas e internacionales sobre su adecuación al derecho interno e internacional, que ponen en duda la buena fe de las partes respecto de la posibilidad de llevar a los culpables del atentado a ser juzgados por la  justicia Argentina.

En una visión geopolítica anti el norte de América, nuestro país apoya la división de las Américas entre el norte y el sur, boicoteando organismos clave, como la OEA, o prestando un apoyo dubitativo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Asimismo ignora y desprecia al NAFTA y al ALCA, de los que participan la mayoría de los países hemisféricos: Chile, Perú, Colombia, Centroamérica, más la Rep. Dominicana, México y Canadá que tienen acuerdos de Libre Comercio con Estados Unidos y los del Pacífico que se benefician del dinamismo comercial del Asia-Pacífico en APEC.

En su reemplazo se favorecen las agrupaciones regionales “nuevas” como el UNASUR, que busca aislar al Norte y Centro de América de Sudamérica. Esta división coloca a la Argentina en una situación de extrema debilidad en temas como los de seguridad, en los que México es por ejemplo nuestro principal aliado, frente a las pretensiones de Brasil de ser Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Hoy se practica una política internacional de derechos humanos ideológicamente sesgada, evitando condenar a regímenes claramente violadores, como Cuba, desdibujando, por razones ideológicas, la posición internacional del país.

Se participa de la transformación del MERCOSUR en una “fortaleza” cerrada frente al mundo, en lugar de una alianza comercial integrada al mundo. La CEPAL menciona que el mayor aporte al crecimiento mundial en el período comprendido entre  2011 y 2021 será realizado  por los Estados Unidos (10%) y por los EAGLES (Emerging and Growth-Leading Economies): China (un tercio), seguido por la India (12%) y entre de los demás EAGLES, las mayores contribuciones esperadas serían las del Brasil (3%), Indonesia (2,4%), la República de Corea (1,8%) y la Federación de Rusia (1,7%). Salvo el Brasil, con ninguno de ellos tenemos acuerdos de comercio preferenciales.

Se muestra una incapacidad para jugar el rol internacional, tanto multilateral como bilateral, que le corresponde a la Argentina en campos como el  la seguridad global o la regional, en el comercio internacional o en el mundo de las finanzas. Esto contradice la opinión internacional sobre las potencialidades del país: “Argentina es aún la potencia en Sud América con el camino más claro de crecimiento. Todavía controla las comunicaciones del Río de la Plata y todavía es dueña de las Pampas, la mejor tierra de producción agrícola del Hemisferio Sur. Lo que parece no lograr es descubrir cómo hacer uso de su posición favorable. Mientras ese sea el caso – mientras la potencia natural en el Cono sur mantenga su decadencia…” (La Geopolítica de Brasil: Un poder Emergente Luchando con la Geografía, Stratford, del 14 de julio de 2011).[1]

Se menosprecia así su potencialidad de ser el octavo territorio del mundo, ignorado por los BRICS, sin participar en los EAGELS y desaprovechando foros como el G20, o la OCDE para concentrarse en obsoletos mecanismos retóricos radicalizados, como volver a ser observador en los “No Alineados” o procurar protagonismo “central” en un desacreditado e intrascendente “G77”.

Se tiende a escalar las disputas (financieras o medioambientales) transformándolas en graves conflictos internacionales.

También se carece de políticas de acercamiento con el Pacífico, que hoy es la zona económica más dinámica del mundo. Sin acuerdos comerciales con ASEAN o APEC, mientras en esa región se negocian los siguientes acuerdos:

· Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (AETAE) (Estados Unidos, Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Viet Nam. (en negociación)

· China, Japón y la República de Corea que anunciaron que antes de fin de 2012 iniciarían las negociaciones de un tratado de libre comercio (TLC)

· Asociación de Naciones de Asia Sudoriental más China, el Japón y la República de Corea (ASEAN+3), que proponen la creación de un área de libre comercio que incluya a estos tres países y a los diez miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN).

Esta actitud negligente se reproduce con Europa, mientras la Unión Europea continúa participando activamente en negociaciones comerciales preferenciales con socios de otras regiones, en particular con Asia. Prueba de ello son el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la República de Corea, en vigor desde julio de 2011, y la negociación de acuerdos similares con la India, Malasia,  Singapur y Vietnam o la gestión de la autorización para iniciar las negociaciones de un TLC con Japón. Fuera de Asia, la Unión Europea suscribió, en junio de 2012, un TLC con Colombia y el Perú y un acuerdo de asociación con los países de Centroamérica y Panamá. Contrasta este dinamismo con la “eterna” negociación Mercosur-UE.

Este activismo comercial ha entrado en una nueva fase, al trascender las negociaciones entre EEUU y la Unión Europea para la firma de un acuerdo de libre comercio transatlántico que abra los protegidos mercados agrícolas europeos y norteamericanos, elimine aranceles y reduzca las normas que frenan el comercio y la inversión transfronteriza.

Se lleva adelante una riesgosa política de falta de transparencia en la defensa de la “no proliferación” de armas de destrucción masiva, particularmente en relación con la desnuclearización de América Latina, al no procurar activamente la firma del Protocolo Adicional de Salvaguardias del OIEA, convenciendo a Brasil de asociarse a él.  Asimismo se practica una dudosa política en materia de misiles, que puede ligar al país con Irán, como ya se ha visto. (EE.UU. temió un plan para revivir el misil Cóndor, La Nación, 24 de abril de 2011)

Se asumen posturas contrarias a nuestras posiciones inveteradas en materia de política exterior, como cuando la Presidente -en postura proteccionista- defendió -ante la Asamblea de la FAO- las retenciones y trabas a la exportación, mientras la comunidad mundial pedía para paliar la escasez de alimentos incrementar la producción de productos agrícolas.

Hoy se coloca en manos inexpertas, como jamás se ha hecho, a la política exterior del país relegando a la diplomacia profesional por la instalación burocrática de elencos que no tienen experiencia ni formación, pero que no dudan en someter al Estado Argentino al estrecho universo ideológico o de intereses de grupo o facción.

Se mantienen vacantes durante largos periodos embajadas claves en el exterior, como la OEA, o se nombra personas sin antecedentes profesionales  ni capacitación suficiente ante las Naciones Unidas aún cuando integramos el Consejo de Seguridad, y donde la negociación es extremadamente técnica y personal, con la directa participación de los Jefes de Misión, exclusivamente en inglés, en cenáculos cerrados de diplomáticos de carrera. Se ignoran así los precedentes negativos, como las consecuencias en 1982 de la falta de idoneidad del Jefe de Misión que había sido designado políticamente para enfrentar la Resolución 502 del Consejo de Seguridad, que ordenó el retiro inmediato de Argentina de las islas Malvinas.

Se sigue una errónea política de hostilidad en el tema  Malvinas, llevando a cabo una política que ha retrocedido la relación a la situación de confrontación de la década de los 80. La situación internacional de Malvinas luce hoy más complicada que nunca, al practicarse una política de hostigamiento hacia los habitantes de las Islas Malvinas (no dar la mano en el Comité de los 24) y de conflicto con el Reino Unido, denunciando gran parte de los acuerdos firmados en la década del 90: Recursos Pesqueros (2005/2008); Hidrocarburos (2007); la utilización de puertos continentales (2010), alejando cualquier entendimiento y favoreciendo la confrontación y la inseguridad en el Atlántico Sur. La creciente hostilidad deberá enfrentarse al resultado del caprichoso referéndum sobre el futuro de los isleños y al hecho de que la Unión Europea considera a las Malvinas como territorio de ultramar del Reino Unido (Tratado de Lisboa (2009). Los peligros de esta política se pueden constatar en las iniciativas de congresistas de los EE.UU. mencionados por La Nación del martes 30 de abril de 2013: “EE.UU.: presentaron proyecto de resolución para reconocer el referéndum en Malvinas. El republicano Mario Díaz-Balart, junto con otros 15 diputados oficialistas y opositores, reclama que la administración de Obama valide el resultado de la votación.”

Consecuencias del aislamiento

Existe una verdadera dependencia patológica en la política internacional de la coyuntura política interna. Como consecuencia de ella la política exterior se ha replegado sobre sí misma, fruto de un modelo hegemónico en lo interno y aislacionista en lo exterior, que debilita enormemente la confianza internacional cuyos líderes han decidido “borrar” del itinerario de viajes a nuestro país, como destino de relevancia regional.

Hay una pérdida de confianza y credibilidad internacionales. Está caracterizada por el uso de un “doble discurso” que ha fragilizado las relaciones argentinas con un gran número de países clave. Los hechos no coinciden con las promesas y los actos difieren de lo acordado con los Jefes de Estado o de gobierno extranjeros.

Se advierte un quiebre del capital de simpatía y afinidad que ganamos en las dos primeras décadas de la democracia con las sociedades desarrolladas de Occidente, ante el uso reiterado de celadas diplomáticas y de presiones y chantajes políticos sobre sus empresas extranjeras radicadas en la Argentina (Shell, Repsol, Suez, etc.) y de una corrupción desconocida por su magnitud y desparpajo, así como la actitud despectiva frente a los inversores que confiaron en la Argentina, comprando bonos.

La inmovilidad diplomática ha convertido al país en un “no-actor” internacional, fruto de la incapacidad diplomática que ha impedido coordinar con los principales actores internacionales políticas trascendentes en los principales foros internacionales. Por el contrario, confrontamos a los vecinos e ignoramos a América del Norte, Europa o el Asia

Hay alguna confusión entre Estado y Gobierno y de intereses nacionales con negocios personales, manejados en medio del nepotismo y del clientelismo. Como lo expuso dramáticamente el “Caso Sadous” y la embajada “paralela” en Venezuela.

Esta auto marginación destructiva de la Argentina resulta anacrónica frente a un mundo crecientemente globalizado e interdependiente, en el que el pensamiento totalitario (de izquierda y de derecha) ha sido rechazado por las sociedades más avanzadas del planeta luego de la caída del muro de Berlín y por los actores más relevantes de nuestro continente, que activa y positivamente se integran a él.

Conclusión

La política exterior de los Kirchner ha roto con la tradición argentina de inserción internacional que fuera practicada por los gobiernos democráticos desde 1983.

Esta anómala política exterior atenta contra los intereses nacionales de la Argentina y la debilita, hasta extremos desconocidos en democracia, su inserción internacional.

Es imperioso un cambio radical de esta política de aislamiento financiero, comercial y político para volver a integrarnos conforme a nuestras potencialidades en el mundo del siglo XXI, como lo demuestra la singular designación del Papa Francisco, que evidencia la reserva espiritual y moral -pese a todo- aún existente en nuestro país.

Artículo basado en un trabajo publicado en la revista de política internacional “Agenda Internacional”, Año7, Agosto 2013, #30

Imagen: Palacio San Martín, sede ceremonial de Cancillería. Fuente: Wikipedia Commons

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