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Un proyecto, dos estilos

Mariano Pica
Politólogo

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Jue, 23-05-2013
Propongo pensar algunas diferencias entre ambos presidentes y sus implicancias. Néstor Kirchner dejaba correr las ideas de los intelectuales kirchneristas glorificadoras de la militancia. En cambio CF quedó enamorada de eso y de lo que no fue: militante e intelectual.

Se cumple una década de la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner. El chiste de Clemente y la feta de salame ya no causaban gracia y el electorado emitió una suerte de voto bronca irónico, optando esta vez por el más desprolijo, sin atender que junto a los mocasines gastados venía una forma de gobierno autoritaria, con poco respeto por las disidencias y con un patrimonio difícil de justificar. Mientras su gestión continuó con la tarea de estabilizar la economía a fuerza de los famosos mellizos Superávit –lo que permitió continuar con la normalización del país que se había iniciado en la corta presidencia duhaldista-, puede decirse que fue cumpliendo con lo que se demandaba, que no es ni más ni menos que lo que demanda toda crisis que no se traduce en un cambio de régimen: una presidencia fuerte, que brinde certezas. La salida consistió en esto: dar certezas. La recomposición de la corte suprema y la promesa de transversalidad (desperonización, bah) venían a terminar lo que la Alianza había practicado sólo retóricamente. Dos esferas de la vida social y política tan desprestigiadas como la justicia y los partidos políticos aparecían del otro lado de la mira kirchneriana. Demasiado apetecible para el progresismo vernáculo. Sumando a esto la bajada del cuadro y el perdón en nombre del Estado, no quedaban dudas de que el sueño de la patria socialista estaba listo para trocar, siempre tan paradójicamente, en la patria progresista. El progresismo (no esperen definiciones del término: en su polisemia o en su vacuidad, como usted prefiera, está la gracia) tomaba el cielo por asalto. Y entre la tierra y el cielo se quedaron con bastante, créanme.

Lejos de ex funcionarios con bastantes problemas para explicar -mientras aparecen las bóvedas y las valijas- que “con Néstor esto no pasaba”, propongo pensar algunas diferencias entre ambos presidentes y sus implicancias. En primer lugar, admitamos que somos más propensos a sentirnos representados por personas que por ideas. De ahí que las características personales sean tan importantes. En sistemas presidencialistas, aún más, los estilos determinan y condicionan tanto las acciones de un gobierno como las conductas de las personas normales. Algunas frases que registraron son ostensiblemente distintas, por lo tanto no veo cómo podrían ser iguales sus efectos. Similitudes hay, sí, millones. Pero para eso están los bienes gananciales. Si NK hablaba, como gustaba decir, desde su “verdad relativa”, CF les dice a los familiares de Once o a las víctimas de La Plata, que a ella “no le van a contar lo que es perder todo” o que “qué le van a hablar de dolor”. O si uno nos decía que estábamos saliendo del purgatorio, la otra dice que el mundo se nos cayó encima, y mientras que NK pidió perdón en nombre del Estado, CF dice que van por todo. Unas y otras son frases sosas, que no pasarían una primera revisión de un documento de Carta Abierta. Sin embargo, y esta es la diferencia que me interesa destacar, prefiguran conductas, hacen  a una sociedad, esta de los últimos dos años, tras la muerte de NK, más violenta. Insisto: no se trata de buscar virtudes democráticas donde no las hubo, sino de poder percibir la diferencia, que será de otro orden, si se quiere. Imaginemos, por qué no, cómo se hubiera desarrollado el conflicto con el campo con la sola autoridad de CF: no tengo dudas de que hubiéramos tenido que lamentar mucho más que la piña de D’elía. Y repasemos los conflictos sociales de los últimos dos años: aún no sabemos cuántos, quiénes y a manos de quién, fueron asesinados en el Indoamericano, en los saqueos de fin de año pasado y en Formosa.

El conflicto absurdo con el que debutó Cristina, el del campo, nos salió carísimo: fue la precuela de la ley de medios, de Carta Abierta y del fenómeno del llamado fenómeno de la militancia.  Primero reaparecieron los intelectuales como consejeros del príncipe, fenómeno que ya había ocurrido en tiempos de Alfonsín. En esto el kirchnerismo tampoco fue pionero. Pero si teníamos que escuchar a de Angeli todo el día por qué no a Forster, el hombre que ama a los ceibos. Hubo una primera Carta Abierta, vivía Casullo aun, que decía unas cuantas cosas. No estaba mal. Pero algo pasó entre esa primera carta abierta y la oda a los árboles que hace pocos meses Ricardo les regaló a los sensibles lectores de Página 12, cuando la orden fue criticar a Macri.. Siguiendo con la imagen botánica podemos preguntarnos, como hace Étienne de la Boétie en Discurso de la servidumbre voluntaria: “¿cómo se enraizó tan profundamente esa obstinada voluntad de servir?”. No se trata de definir qué es un intelectual. Ya lo dijo Gramsci. Es tan intelectual el que diseña una campaña publicitaria como el estudioso de la obra de Lugones o el que tuitea algo ingenioso. Intelectual, militante, independiente o propagandista. Nada de eso importa. Nada de eso es malo en sí. Pero una cosa es estar al servicio de una marca de bujías y otra estar al servicio de Stalin. Se entiende. Importa el objeto de la acción. Neruda escribió la Oda a Stalin, ¿es peor poeta por eso? Qué sé yo. No importa. Importa que promocionó a Stalin. Los intelectuales kirchneristas instalaron el desde dónde hablás, GPS ideológico y buchón y, glorificando a la militancia que había vuelto, según ellos, nos hablaron de lo valioso que es poner el cuerpo y hacer un sacrificio. Ideas nefastas que, NK, que llevaba mucho mejor su circunstancia, las dejaba correr, no las alentaba. En cambio CF quedó enamorada de eso y de lo que no fue: militante e intelectual.

Digresión: durante el año 2009 recalé fortuitamente en el sabatelismo. Entré a dar una mano y me quedé haciendo lo que debe hacer un, eso que llaman, militante: volantear, pegar afiches y fiscalizar en la elección. Lo otro es trabajo. Martín también tenía su eslogan: No todo es lo mismo, haciendo referencia a sus pares del conurbano. Para la gráfica la propuesta era esa. Para las entrevistas era una metáfora arquitectónica. Me parece mucho. Digamos, una metáfora de maestro mayor de obra: mantener el piso y subir el techo, del kirchnerismo, se entiende. Nunca supe si ese era el trabajo que me ofrecieron cuando me llamaron para que no abandone el partido: “coordinar un Argentina Trabaja” del paquete que le había tocado al municipio de Morón y que el intendente (que ahí nos enteramos que no era) sueco Martín Sabbatella repartía en su partido político. Otros hitos de esa corta experiencia: en la facultad, Martín nos pidió que no trabáramos relaciones con organizaciones kirchneristas porque “había que cuidar la alianza con Libres del Sur” la cual se rompió un día y medio después en virtud de la pelea por una silla en una comisión y que no participáramos de los foros de discusión por la ley de medios ya que “no lo sintetizaba” (amaba esta palabra, Martín) la consigna Néstor o Magnetto, propuesta por una organización estudiantil.

Después este punterismo se fue sofisticando y en tono con un país que sólo se industrializa de pico, la militancia empezó a tener otras funciones: a la cooptación de eso que llamaban movimientos sociales y que fue tolerada por todos, porque a cambio de unos cuantos sueldos recibíamos la libertad de transitar, CF sumó un ejército de jóvenes sin virtudes a la vista conchabados en la secretaría de medios para las tareas más insólitas y que explican el qué quilombo se va a armar si la tocan a la jefa. En gran parte, las manifestaciones del último año contra el gobierno tienen que ver con la percepción de esto. La transferencia de recursos, los nuestros, empieza a volverse molesta cuando esos sueldos que pagamos ya no son por barrer la vereda o pintar cordones sino para la multiplicación de voces. Todo lo que no es grupo clarín son un montón de voces que dicen lo mismo: somos la revolución del amor y ustedes los canallas traidores vendepatrias estúpidos hablados por Clarín, etc. Etcétera hasta ahí nomás. Son un montón de voces pero no dicen mucho más que eso. Además son los intérpretes del relato. En tiempos de crisis, es necesario recuperar elementos de la historia –de dónde si no, cuando no queda casi nada- para mantener un orden. Menem llegó con sus frondosas patillas emulando al caudillo Quiroga pero al poco tiempo se las recortó y se puso a gobernar. Y NK se volvió compañero de los jóvenes de los setenta y al rato volvió al sillón. La gran paradoja en tiempos de crisis es que se busca una autoridad política que termine con la crisis de legitimidad ¡política!. Por eso, para tranquilizarnos y proyectarnos un futuro, necesitaron apoyarse en la historia. El problema de Cristina es que se deja crecer las patillas ahora para encubrir lo que no se hace, o lo que se hace mal, y seguir blindada ideológicamente. Pero en 2013 no hay una crisis de las magnitudes de las del 89 y 2001 sino serios problemas irresueltos: inflación, inseguridad. Entonces nace el relato de batallas y enemigos a vencer. Es oportuno recordar que fue CSM quien debilitó a las corporaciones que durante medio siglo habían condicionado a gobiernos constitucionales: la sindical, la militar y la eclesiástica. ¿Alguien puede creer que la iglesia sea hoy un peligro para la democracia? Si lo fuera no lo pondrían a Alex Freyre a combatirla. Y si los militares fueran una amenaza, los golpes de estado no los daría un mal liquidador de sueldos.  Entonces los cristinos se vuelven una murga melancólica. Dicen liberación como contraseña del pasado porque para adelante no hay nada y sobre el presente es mejor que no sepamos lo que (no) están haciendo. Mientras tanto seguimos en la larga cola del funeral de Néstor y las dos películas. Dando vueltas en el puro simbolismo. Tan puro y tan penoso como comer ensalada sin bife. Y lo que no entra en el orden de lo simbólico, como comprar un dólar, se convierte, a los ojos de la revolución del amor, en una afrenta. Por eso CF también tiene la originalidad, en la historia argentina al menos, de ser el único presidente que insulta a sus ciudadanos. Nadie se había animado a tanto. Uno de los momentos más perversos fue cuando ladeada por Estela y Hebe habló el día (y) de los derechos humanos en cadena nacional mientras estaban dejando matarse a la agente en el Indomaericano, espectáculo que vimos en todos los canales al terminar la cadena, salvo en el 7 que empezó a transmitir un viejo recital de Kevin Jhoansen. O los volantes que mandaron a repartir a la estación de Once el día del aniversario del accidente o el llamado que nunca se hizo a los familiares o los cuatro gritos que les pegó a los inundados de La Plata o el tal vez a ustedes no les importe pero les cuento, con el que comienzo una reprimenda en algún tuit de domingo por la tarde.

Jorge Asís, quién si no, definió muy bien esto: el kirchnerismo busca los votos en La Matanza y la legitimidad en Carta Abierta. Acercando un poco la mirada, también están el voto plan, el voto ipad y el voto esma. Razones para el voto hay muchas, seguramente, el problema es no tener más herramientas que el simple voto para conocerlas. Entonces uno va a la anécdota. Poco antes de la elección de 2011 compartí un rato con dos personas que bancaban el modelo: uno, me dijo, porque “estos metieron presos a quienes torturaron a su padre”. La otra, porque recién a sus casi treinta años podía ir al centro sin embarrarse los zapatos, gracias al puentecito que el gobierno local construyó sobre un arroyo que nunca se terminó de secar. Me costó mucho salir de ahí, contradecir la legitimidad de su opción kirchnerista. Podría haber enganchado para adentro y para afuera mil veces sin poder sacar el centro. Es que el puentecito lo hace la obra pública, la levadura de la corrupción, o al revés, quién sabe. Pero son tan corruptos en el gobierno como incapaces los opositores en idear, proponer y aplicar mecanismos que eviten el choreo. Así que por ahí no iba a poder y pasamos a otro tema. Los volví a cruzar hace poco tiempo y noté que  había sido Cristina la encargada de desmentirlos. El puente seguía firme y el torturador seguía preso. La inflación mal que mal se toleraba y la pasamos muy bien en un restaurante palermitano. Sin embargo, aunque el tema no se trató mucho, los noté deskirchnerizados. Mis dos amigos son, digámoslo así, trabajadores de la educación: los que trabajan 4 horas, tienen tres meses de vacaciones y cobran muy bien, según dijo Cristina y aplaudieron de pie cientos de diputados y senadores en la apertura de sesiones ordinarias de 2012. Una Historia del Maltrato.

Fuente imagen: politikaargentina.blogspot.com

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