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Trump y el medioambiente

Felipe Ghersa
Lic. en Ciencia Política (UdeSA)

Ayudante del Taller de Problemáticas Ambientales (FAUBA).

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Jue, 15-12-2016
Donald Trump no tiene ningún respeto hacia el medioambiente. Su propuesta de política energética está centrada en la explotación indiscriminada de combustibles fósiles, ha amenazado con deshacer los acuerdos sobre el cambio climático, y promete un crecimiento económico mayor a lo que puede soportar nuestro ecosistema. En apenas cuatro u ocho años Trump puede cambiar el curso de la historia de la Tierra.

El 8 de noviembre de 2016 se llevó a cabo una elección que puede precipitarnos al abismo: Donald Trump se convirtió en el Presidente electo de Estados Unidos. Las decisiones políticas que se tomen en los próximos cuatro años pueden arrastrarnos por un camino de cambios medioambientales impredecibles, con consecuencias que pueden durar cientos, o miles de años. Nunca hubo un momento tan peligroso, las acciones a corto plazo de hoy tienen un impacto inmenso en el largo plazo. La política y la sociedad de Estados Unidos pueden cambiar para siempre la historia del planeta Tierra. 

Son raras las veces en las que Estados Unidos ha colaborado en asuntos relacionados con los cambios en el medioambiente. Su paradigma preponderante es el del crecimiento económico continuo, muchas veces a expensas de otras naciones, con abundantes recursos, pero menos desarrolladas.  Varios autores(1), organizaciones (Global Footprint Network) y organismos multilaterales (3)(4),sugieren que se necesitan aproximadamente tres planetas y medio para que la riqueza de los 7 billones de habitantes de la Tierra sea equivalente al de un estadounidense promedio.  Esta es una cruda realidad a la que debemos enfrentarnos, porque la continuidad y el bienestar de la población depende de una revolución cultural y de valores, que cambie nuestros patrones de consumo y nuestra relación con el ecosistema. Sin los ecosistemas y sus recursos limitados, no hay maravilla de la tecnología que alcance para proveer el estilo de vida que algunos tenemos hoy.

Después de la Segunda Guerra Mundial, nuestra falta de conocimiento y conciencia medioambiental, la sed de desarrollo y el miedo al comunismo promovieron un esquema de producción que dañó los ecosistemas terrestres. Recién en los últimos tiempos empezamos a entender el efecto de nuestras acciones en la biósfera, y a proponer esfuerzos parciales para mitigar las consecuencias del cambio global. Sin embargo, como con cualquier tema relacionado con el bienestar humano, la libertad, y la industria, los debates sobre el cambio climático están llenos de política, opiniones sin fundamentos, y lo que Ben Goldcare llama “mala ciencia”(5). Los cambios necesarios para detener el círculo vicioso dañino en el que estamos ahora implican enormes sacrificios, y sobre todo, una reorganización  del balance de poder y las jerarquías sociales. Limitar las emisiones de carbón, restringir las áreas de explotación de recursos y regular la actividad industrial perjudica las ventajas económicas y políticas de muchos países. Sin duda, para afrontar el cambio climático las economías deber reducirse y redistribuir su crecimiento, porque nuestro planeta no puede soportar el ilimitado crecimiento material al que aspiran la mayoría de los países. Es claro, los grandes y poderosos no van a ceder sus ventajas para beneficiar a la humanidad, esa es una tarea de los que no pueden pagar (en dinero o energía) las consecuencias que trae el cambio climático. 

Nuestra situación actual es mucho peor de lo que muchos creían que iba a ser cuando se empezó a estudiar la degradación medioambiental(6). Hoy, los polos se están derritiendo más rápido, el nivel del mar está creciendo más rápido, la biodiversidad está disminuyendo más rápido, el dióxido de carbono se está acumulando más rápido y, a pesar de la desaceleración de las tasas de natalidad, la población no para de aumentar. Es por esto que nuestras acciones a corto plazo tienen una importancia exponencial con respecto al futuro. No se conoce otro período de la historia en el que el cambio climático haya sido tan dramático y rápido(7). 

Donald Trump, el nuevo Presidente electo de Estados Unidos es, entre otras cuestiones, un negador del cambio climático y tiene poco, o ningún, respeto hacia el medioambiente. Su política económica propone un crecimiento mayor a lo que puede soportar el ecosistema de EEUU y de la Tierra. En la economía globalizada en la que vivimos, el bienestar de EEUU depende en gran medida de recursos de todo el planeta. Una expansión de la industria estadounidense sin ninguna consideración hacia el medioambiente es peligrosa para todos. En apenas cuatro u ocho años un hombre, seguido de unos pocos otros (renuentes a reconocer una realidad que es más visible que nunca), va a cambiar el curso de la historia de la Tierra. Si se cruzan ciertos límites, vamos a empezar a caer por un túnel de fenómenos globales impredecibles. Entre otras cosas, van a cambiar los patrones de las lluvias -tornado inhabitables las regiones ecuatoriales-, la deforestación y la pérdida de la biodiversidad va a comprometer nuestra capacidad de producir comida y fibras, muchas áreas urbanas (donde vive la mayoría de la población) van a quedar abajo del agua -forzando movimientos migratorios masivos-, nuestras fuentes de energía se van a degradar rápidamente y la cantidad de agua potable disponible va a disminuir por debajo de los niveles de necesidad básicos(8).

Todos estos patrones parecen tener un correlato certero en el futuro si consideramos los individuos que eligió Trump para que lo acompañen en su gabinete. Asimismo, su propuesta de política energética está centrada en la explotación indiscriminada de combustibles fósiles – principalmente el carbón, uno de las fuentes energéticas con mayores niveles de emisión de CO2 –. También ha amenazado con deshacer los acuerdos sobre el cambio climático.

Las figuras más controversiales dentro de su futuro gabinete son Scott Pruitt, quien encabezará la Environmental Protection Agency (EPA), y Rick Perry, quien será el futuro Secretario de Energía. No solo niegan el cambio climático y su vinculación con la actividad humana, sino la ciencia que pregona la necesidad de cuidar el medio ambiente y reevaluar nuestros patrones de consumo y producción. Dentro de este peligroso grupo de funcionarios, también se encuentra el CEO de Exxon, quien, a pesar de reconocer la existencia y efectos del cambio climático en 1981, ha hecho esfuerzos y lobby en favor de los “deniers” hasta el día de hoy. Por último, uno de sus asesores más cercanos, Bob Walker, ha sugerido reiteradas veces que la administración del Presidente electo desmantelaría los proyectos de investigación de la NASA relacionados con el estudio de las ciencias de la tierra y la atmósfera.

El destino de nuestro planeta depende de que luchemos contra las fuerzas políticas y económicas que ponen el sistema biosférico al borde del abismo. Si los políticos de Estados Unidos no están dispuestos a cambiar su comportamiento irresponsable, todos los habitantes de la Tierra van a tener que tomar cartas del asunto. Tenemos que cambiar nuestra forma de vida para asegurarnos de que el planeta Tierra continúe a ser un lugar adecuado para vivir. Los próximos 4 a 8 años van a ser cruciales. Las decisiones de un hombre no deberían poder cambiar el destino de 7 billones de personas, y de todos los que todavía no nacieron y están por llegar. Mi esperanza es que el resto de los líderes mundiales reconozca la realidad a la que nos enfrentamos y actúe como contrapeso de las acciones de Donald Trump. Hoy, no sólo los estadounidenses deben mantenerse unidos y firmes, el mundo entero debe hacerlo. 

 

(1) Rockström, J. et al. (2009). Planetary boundaries: exploring the safe operating space for humanity. Ecology and Society 14(2): 32.

(2) World Wildlife Fund (2016). Living Planet Report 2016. Risk and resilience in a new era. WWF International, Gland, Switzerland.

(3)  United Nations (2012). The Millennium Development Goals Report 2012 .

(4) United Nations. (2015). Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development. New York: United Nations.

(5)  Goldacre, B. (2010). Bad science. London: Harper Perennial

(6)  Carey, J. (2012). Global Warming: Faster Than Expected?. Scientific American307(5), 50-55. 

(7)  Kump, L. R. (2011). The last great global warming. Scientific American305(1), 56-61.

(8)  Day, J. W., Moerschbaecher, M., Pimentel, D., Hall, C., & Yánez-Arancibia, A. (2014). Sustainability and place: How emerging mega-trends of the 21st century will affect humans and nature at the landscape level. Ecological Engineering65, 33-48.

 

Una primera versión de este artículo se puede leer en inglés en The Bubble.

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