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Té para dos

Isabel Peña
Artista visual

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Mié, 12-11-2014
En la puesta de "Te para dos" cada elemento brilla como si fuera una pintura del barroco llevada al límite. El clima seduce y nos sentimos atrapados en ese tiempo congelado y preciso. Margarita Wilson-Rae, su creadora, lleva las apariencias al extremo, con un detalle multifocal obsesivo, de costura milimétrica. Todo en la foto tiene una luz propia y nitidez absurda, imposible. La escena supura una familiaridad entrañable. Pero también esa mesa de té nos sofoca, absurdamente completa. La dulzura puesta sobre la mesa es amenazante.

En la sala grande del espacio Naranja Verde, en el estudio de grabación en donde Charly García filmó el videoclip Yendo de la cama al living, hoy se escucha música sexy y glamorosa. Un loop hipnótico de los años 20 en adelante suena en la oscuridad. La luz emerge de una foto que representa una mesa de Té para Dos, puesta a todo trapo. La foto entera y cada elemento del mundo cerrado que construye, brillan como si fuera una pintura del barroco llevada al límite. Una soga cuasi humanizada cuelga encima de la escena en vez de la esperable araña burguesa. El clima seduce y nos sentimos atrapados en ese tiempo congelado y preciso. Margarita Wilson-Rae lleva las apariencias al extremo, con un detalle multifocal obsesivo, de costura milimétrica. Todo en la foto tiene una luz propia y nitidez absurda, imposible. Es un trabajo hecho específicamente para este lugar (lo que se dice “instalación site-specific”, para simplificar).

Se ama y se critica a esa edad de oro construida “para la foto”. La escena supura una familiaridad entrañable. Pero también esa mesa de té nos sofoca, absurdamente completa. La dulzura puesta sobre la mesa es amenazante. Aunque todo exude femeneidad de un tiempo anterior que no desprecia a la tradición, esta obra es rockera. La sala está repleta de nostalgia y sentido del humor, hay aspectos tramposos pero sutiles en los que entramos como por un tubo. Margarita juega con la familiaridad de los objetos, de verdad atesorados, como la correspondencia entre sus abuelos del 1940, una colección de azúcar heredada de su abuela, entre tantas cosas que declaman un mundo privado único e irremplazable.

Enfrentando la foto, en la pecera en donde los músicos se aíslan para hacer en completa soledad su performance, una instalación nos presenta algunas de las cosas que usó en la construcción de esa imagen. De un modo raro y bellamente manipulado. Margarita usa la cabina para que esas apariencias tan colocadas a la perfección en la foto, caigan como por su propio peso y por el control de la misma mano que puso la mesa para el té. Cuidando lo que da, de forma meticulosa, enternece por incansable. Hay un piso rebatido, roto. Otro mundo que nos seduce, raro y encapsulado donde las cosas fueron dispuestas de un modo intuitivo pero controlado. Exaltando una vez más la sensación de claustrofobia, a ese cubículo en donde Charly tocó la batería, no podemos entrar esta vez. Ella lo protege y sugiere que es intocable. Construye, aísla, une y derrumba estos mundos cerrados que presenta. Rompe con el tabú de los paquetes de felicidad y lo hace con destreza irreprochable: hay calidad, lucidez y sentimiento en cada cosa que presenta. No hace falta usar las formas del establishment para ser crítico o revolucionario. Con autenticidad y sarcasmo, usa elementos suntuosos y burgueses, aunque a estas obras, rock no les falta!

 Margarita genera un clima potente con la valentía de los que saben poner toda la carne al asador, aunque eso implique exponer aspectos autorreferenciales que se cuelan, girones de cosas de esa vida que genera la obra. Todo lo hace a conciencia y estetizando. Hay que estar ahí, sería una pena que se pierdan esta muestra, que contó también con la curaduría de Leila Tschopp. Margarita  trabajó en la instalación que realizó para hacer la foto en su taller en Mar del Plata, y realizó in situ la instalación para la pecera de Naranja Verde. Le agradecemos que lo haya hecho. Cierra el 14 de noviembre.

Esta ese loop en la música….

Margarita Wilson-Rae: El compilado musical de “Tea for Two” en  loop busca, en la repetición incesante  de una lírica muy corta suspender la progresión temporal.  La estructura circular del compilado musical provoca una sensación de empantanamiento. Son todas voces femeninas, con un registro tonal que si bien varía, mantienen en la interpretación un espíritu semejante, seductor, nostálgico, ilusionado, con un atisbo de tristeza.  Mantener un clima inquebrantable hace que, si bien las versiones van desde el 1925 a hoy,  no importa en qué momento uno ingrese a la instalación la sensación es casi idéntica.

¿Qué pasa con los elementos lujosos, de tradición…el té ingles?

Creo que en el empleo de esos objetos lujosos, donde reviven los rituales burgueses de tiempos pasados, busco señalar  una suerte de esperanza que aún hoy persiste, de que ciertos ideales o paradigmas de felicidad pueden asegurarse en la posesión y uso de estos objetos.

¿Entonces la soga, esa que cuelga en el centro de la escena, en vez de la araña, que nos hace pensar que alguien va a suicidarse sobre la mesa, esa imagen ¿tiene algo de ironía?

M: La soga  con su nudo apretado, viene a decir algo sobre la libertad o más bien su falta, de un individuo frente a la presión social que implica la felicidad como última razón de su existencia. De todos modos lo presento de una manera suave, la soga está muy cuidada en su aspecto material, le di ese tono rosado, una piel sedosa, emparentándola con el mundo del teatro, la ficción y el disfrute.

Me interesa el trabajo en relación al espacio, nunca había visto la sala tan elegante, con música atractiva, esto que decías del amor puesto en la ejecución del trabajo a pesar de su aspecto crítico se entiende en el todo de la instalación, adentro de esa cabina donde desarmas elementos... ¿Qué pasa con ese espacio? ¿Qué tiene de especial?

La sala chica, una gran de pecera, donde la obra se ve a través de la ventana,  viene a reforzar la sensación de encierro, de claustrofobia. Lo que propuse en parte fue el derrumbe de las apariencias,  siempre me intereso esa idea victoriana, de que lo último que se pierde es la compostura… frente a cualquier circunstancia, la apariencia es todo. Llevar esta idea al extremo en la fotografía, presentando un imagen híper controlada, absurdamente meticulosa y detallista, para luego llegar en la instalación al derrumbe, a un mundo que ya no integra, más bien asocia elementos muy dispares generando un relato arbitrario, cercano en su estructura al recuerdo, aunque es evidente  que el desborde o quiebre es manipulado, provocado…incluso nos derrumbamos con cierta elegancia (…risas)

Me llama la atención la luz, ese hiperrealismo violento, los distintos focos de luz que hay sobre la escena, sobre esa imagen no tan grande pero sí,  súper condensada… ¿cómo construiste esa imagen?

La luz es la que revela, la que hace presente los objetos, en el momento de la captura fotográfica  uso luces particulares para cada fragmento o sector de la escena, para traer a un primer plano  la esencia del objeto, eso que conociéndolos íntimamente entiendo que los vuelve especiales. Intento que asome esa carga afectiva que encierra, ese potencial narrativo que late por debajo de su apariencia. Por esto, luego de la captura fotográfica, trabajo el material capa por capa en una edición digital hasta lograr en la suma de todas estas situaciones particulares, un carácter total, de mundo cerrado en sí mismo.

Creo que en la instalación que vemos a través de la ventana, si bien los elementos son afines con los que conforman la escena de té, la estructura es más suelta y despojada, el  vacío cobra importancia, tanta como los elementos que vincula o atraviesa.

Totalmente, por eso la escala es tan importante, y que la ventana refleje el tamaño de la fotografía… y ¿esa especie de campana? En el centro de los discos, ¿qué viene a decir?

Cuando entendí que esa pieza, compuesta por la soga azul y el conjunto de discos de pasta, podía ser un gran personaje en la instalación, con cierta cualidad totémica, le quise dar una nota preciosista, barroca.

Y ¿el piso? ¿Ese parquet levantado? el plano rebatido, ¿tiene que ver con lo que sucede en la fotografía?

El piso que ya está en la escena de té resquebrajado, presentando fisuras, pero aún de manera sutil pasa en la instalación a un primer plano, protagónico, donde esta situación de quiebre, de temblor viene a proponer un piso que ya no es soporte ni sostén. Hay una prolongación de ciertas sensaciones físicas y psíquicas entre la realidad de la fotografía y la de la instalación.

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