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Sobre vivencias extremas

Jimena Zúñiga
Economista (UNC), Master en Políticas Públicas (Harvard)

Antes Directora de Innovación en Políticas Públicas en la campaña Sanz-Llach, Barclays Capital, Banco Mundial, Africare Senegal y GDN. Columbia Publishing Course. Fundé BASTION Digital.

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Mié, 11-12-2013
El economista Juan Carlos de Pablo cuenta en este Encuentro Bastión que está por publicar un libro llamado “Vivencias Extremas”, que analiza cómo se gestaron las crisis de 1989 y 2001. En su prólogo dice: “ojalá el material sólo tenga que ser usado como curiosidad, y no como material de consulta sobre qué hacer en una hiperinflación, o una corrida bancaria”.

Juan Carlos de Pablo me recibe en su oficina de microcentro con cordialidad informal. De camisa celeste, sin saco ni corbata, le hace honor al calor de los primeros días de diciembre así como a su tagline legendaria: serio pero no solemne. Su oficina está en un piso alto y en el small talk del ascensor me cuenta que la zona está llena de periodistas y colegas, y por consiguiente muchas oportunidades de café. Pero este Encuentro Bastión transcurre prolijamente en la esquina ovalada de una larga mesa de reuniones en una oficina también grande, con ventanales y anaqueles de libros y papeles haciendo las veces de paredes.

Allí comienza por contarme que los resultados de las elecciones del 27 de octubre son “clarísimos” en el sentido de que "no hay ninguna chance de cambio en la constitución, ninguna chance de re –re (consiguientemente Cristina Fernández de Kirchner se va en diciembre de 2015) y además ningún candidato que haga la campaña electoral sobre la base de ‘soy la continuidad  de Cristina’ puede ganar”.   

Le pregunto entonces a De Pablo cómo afecta a esta última predicción la designación de Jorge Capitanich como Jefe de Gabinete de Ministros, una posición que podría presagiar una candidatura a la presidencia. Pero para De Pablo, esa especulación es prematura. “La primera cosa que Capitanich tiene que hacer es hacer andar esto. Que quiere decir evitar males mayores y particularmente acercarse a los posibles abismos. De ahí en más, en algún momento él va a tener que pensar su futuro y creo –creo- que va a tener que hacer una campaña, no diciendo ‘no tengo nada que ver con lo anterior’, pero sí diciendo ‘tengo grandes diferencias con lo anterior’. Creo que ya lo está empezando a hacer”. 

Por otra parte De Pablo duda de que Capitanich sea el candidato del oficialismo, porque “él se va a encargar de que no le cuelguen ese saco, que va a ser un salvavidas de plomo”. Como lo mostraron los resultados de las elecciones, dice, “los candidatos del oficialismo pierden”. Pero más allá de su futuro político, De Pablo resalta la importancia del hecho de que “habiendo sido gobernador él tiene responsabilidad ejecutiva, sabe de qué se trata”. Una apreciación, hay que aclarar, formulada justo antes de su primer test de fuego.   

También le da el beneficio de la duda a Juan Carlos Fábrega al frente del Banco Central, aunque “viene de la práctica” (por oposición a la profesión económica). En cambio se muestra menos optimista sobre Kicillof y su equipo, de quienes le llamó la atención que son “verdadermanete muy jóvenes”. “Esto puede ser un prejuicio de viejo, pero en base a mi experiencia a mí me da la impresión de que junto a la técnica, la experiencia, el saber qué hacer frente a los riesgos, cómo te plantás frente al resto del gobierno, etc., etc., es muy importante. Y, ojalá esté mal informado, me parece que a los pibes estos, eso les falta”.

Pero lo otro que le falta a este equipo económico y en general al Gobierno nacional es credibilidad. Dado ese problema de credibilidad ¿qué es lo mejor que podría hacer el equipo? ¿Qué es lo mejor que podríamos esperar? Para De Pablo, “la credibilidad no se recupera, pero se puede complicar, eso sí.”. Como ejemplo de lo primero cita algunas de las marchas y contramarchas de la política económica en los últimos años. “Vos fíjate que en la época de Moreno decidieron anunciar que devolvían las retenciones a las exportaciones de trigo y no hubo más cosecha de trigo por esa razón. Y ahora anuncian el aumento de los subsidios para las empresas pyme que extraen gas... La historia dice que una vez que perdés la credibilidad no la recuperás”. No cree, entonces, que una persona venga a hacer un negocio a la Argentina pensando que ahora tenemos “una nueva Cristina Fernández de Kirchner”, pero destaca, sin embargo, que Capitanich ya puede hacer una gran cosa evitando males mayores.

En cualquier caso, me intereso por las recomendaciones que De Pablo le haría a un nuevo Gobierno que, a partir de 2015, sí lograse recrear un capital de credibilidad. “La primera, en función de la historia económica, es ‘no desperdicies esa oportunidad creada por el resultado de las elecciones poniendo un amigo tuyo, buscá gente idónea que integre el equipo económico’. Lamentablemente cuando vos tenés cambios, no solamente de gobierno, sino hasta cambios de régimen, en general el que llega hace tantos años que no está en el gobierno que elige el primer equipo económico por razones que tienen poco que ver con la idoneidad.” Cita como ejemplos a Bernardo Grinspun, primer ministro de economía de Alfonsín -“era un gran amigo”- y a Miguel Miranda, funcionario en la primera presidencia de Juan Domingo Perón –“un delirante”. En cambio, contrasta estas designaciones con las de Eduardo Duhalde (Remes primero y Lavagna después), que fueron profesionales.

La valoración del profesionalismo que proclama De Pablo, sin embargo, termina antes de transformarse en un fetichismo por la técnica. Sobre el análisis económico contemporáneo, por ejemplo, destaca que “se americanizó”, algo inevitable pero tanto con ventajas como inconvenientes. “La ventaja principal es que le quitaste el carácter doctrinario. Es una cosa mucho más profesional. El inconveniente es que el americano es mecanicista. Ahora, es mecanicista  porque en EEUU las cosas funcionan. Si vos tenés un país donde las tendencias son muy robustas, sin ofender a nadie, cualquier idiota hace pronósticos. En Argentina vos te morís de hambre con eso, porque nosotros tenemos el anti-sistema”. Lejos de denostar la especialización técnica en el exterior, De Pablo enfatiza que debe sumársele relevancia al momento de encarar un trabajo empírico y sobre todo el diseño de una política económica. “¿Yo qué les digo? Andá, y volvé y después ponete a pensar”.

Esta apreciación parece particularmente pertinente a la luz de los estallidos sociales que se han propagado en la última semana, estallidos que alejan de toda normalidad al contexto para el diseño de políticas públicas. Este interés de De Pablo por nuestras anomalías encuentra su máxima expresión en su libro más reciente, el cual, titulado “Vivencias Extremas” y en vías de publicación, se concentra en las crisis de 1989 y 2001. “Mi generación vivió dos vivencias extremas, como digo, una la híper de 89 y la otra el corralito de 2001, y me tomé el trabajo, sobre todo para hablarle a los jóvenes. Mis alumnos de San Andrés de este año nacieron en 1995 y los de CEMA en 1991, así que a estas cosas las vieron muy de chiquitos o directamente no las vieron. Entonces hago una bitácora, me fui a leer día por día la tapa de los diarios, para que el lector vea cómo se fue gestando, cómo fueron las marchas, las contramarchas, las lecturas, las opiniones, la tensión propia. Y junto a eso las disposiciones, los resultados, etc. Y salieron dos ensayos de lectura exasperante, deliberadamente. Un amigo mío que está en el exterior dice ‘esto es terrible para leer’, digo ‘imagínate lo que fue vivirlo’. Porque le quiero transmitir al lector lo que fue el proceso”.

De Pablo también me comenta que acaba de terminar otro manuscrito sobre los 50 años que cumplirá en la profesión – se llama, fidedignamente, “Bodas de Oro Profesionales” -  y está empezando a trabajar en otro con la esperanza de que “ayude a armar el libreto – ¡no el relato!- de lo que va a ser la política económica del próximo gobierno”. Su inquietud surge porque ve en Argentina “mucho esfuerzo por decir, ‘acordemos’, ‘tratémonos dulcemente’ y no se cuantas cosas más” mientras “la realidad de una política tiene que ver con el contenido también”. Comentario que valida la incipiente “Agenda para el postkirchnerismo”, que soñamos tome más cuerpo en los próximos dos años sobre la base de artículos de especialistas, agregados o publicados en Bastión.

La agenda de 2015, sin embargo, cuando miramos desde Córdoba a La Rioja, desde el Conurbano, a Tucumán, parece lejanísima. En cambio cada día que pasa parece acercarnos más a las “vivencias extremas” de De Pablo, y alejarnos, tristemente, de la estabilidad macroeconómica e institucional que en el resto de la región luce cada vez más definitiva. ¿Tiene De Pablo alguna hipótesis para explicar nuestra singular propensión a estas vivencias?

Admitiendo un poco de “sociología amateur”, se lamenta de “una culminación lamentable, terrible, pero que es una realidad, donde se suman la ansiedad de los funcionarios y la ansiedad de la población. Todo es para ayer, todo es ansioso. Todo es de shock en la Argentina, todo es de shock. Ahora, nada dura”. Y particulariza el efecto que esta idiosincrasia tiene en la macroeconomía: “Las presiones para gastar lo que tenés y lo que no tenés son realmente una cosa fenomenal. Después para atrás vos decís ‘nos endeudamos’. ¿Qué es endeudarse? Endeudarse quiere decir que vos tenés un gasto público por encima de los medios. Y si yo te doy la lista de cuáles fueron los gastos públicos en los años en los cuales nos endeudamos, te diría ‘a ver, vos qué tacharías’. Y no solamente no tachás sino que venís con una lista de mayores gastos. Los otros países, no se cómo hicieron, da la impresión de que cuidan un poco más y consiguientemente tienen menos oscilaciones. La Argentina es un país ciclónico, no cíclico; las oscilaciones son terribles. Un día sos muy rico, al otro día sos muy pobre, y los horizontes se achican”.

En el prólogo de “Vivencias Extremas” se incluye un deseo que bien podría ser un brindis en una de las tantas reuniones de fin de año de diciembre. “Ojalá el material solo tenga que ser usado como curiosidad o en los cursos de historia económica, y no ser consultado con la avidez con la cual en 1989 leíamos sobre otras hiperinflaciones, o en 2001-2002 sobre otras corridas bancarias”. Ojalá.

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