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Que el peso vuelva a tener peso

Fernando Amador Agra
Licenciado en Economía (FCE – UBA)

Director de la Licenciatura en Economía (UCES)

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Lun, 09-05-2016
El gran desafío de estos tiempos es que volvamos a tener moneda. Para esto necesitamos que la tasa de inflación converja a niveles internacionales. Se está transitando un proceso de refortalecimiento de las instituciones monetarias y fiscales que son condición necesaria para la estabilidad monetaria. Una de las herramientas para lograrlo es la implementación de las Unidades de Vivienda (UVIs).

En 1881 se sancionó la ley 1.130 que buscó poner fin a la anarquía monetaria vigente hasta ese momento y estableció el “peso oro” como única moneda de curso legal. Sin embargo, nuestros avatares monetarios continuaron en los años subsiguientes, con pequeñas islas de estabilidad monetaria y con tasas de inflación reducidas. El recuerdo más reciente fueron los años del régimen de ”Convertibilidad”, impuesto luego del estallido hiperinflacionario y de varias décadas de elevada y volátil tasa de inflación. Pero como es conocido, el final de la Convertibilidad fue traumático y doloroso. Así todo, la estabilidad de precios fue el campo propicio para que nuevamente surgiera fondeo a largo plazo y su correlato de una oferta de préstamos hipotecarios para financiar la compra de viviendas.

Superada la profunda crisis que sufrió la economía argentina post convertibilidad, el mercado crediticio se recompuso pero con una estructura de vencimientos de corto plazo. Asimismo y a pesar de nuestra historia inflacionaria, lentamente presenciamos el resurgimiento de una dinámica inflacionaria que rondó el 35 % anual, apreciación real del tipo de cambio y que, junto a factores políticos y expectativas mediante, alentó, una vez más, la fuga de capitales. Las distorsiones y consecuencias que dio origen el denominado “cepo cambiario” y la utilización del mercado de futuros para estabilizar el mercado de cambios son parte de la herencia que recibieron las nuevas autoridades, junto con una estructura tarifaria totalmente desfasada de la evolución de los precios.

En suma y como resultado de estos procesos el Peso volvió a perder “peso” en la economía argentina. El gran desafío de estos tiempos es que volvamos a tener moneda.

El paso ineludible para recuperar una real soberanía monetaria es que la tasa de inflación converja a niveles internacionales. Los reacomodamientos cambiarios y tarifarios de las últimas semanas, si bien implican un salto en el nivel de precios en el corto plazo, conjugados con medidas fiscales y monetarias contribuirán a que la tasa de inflación descienda paulatinamente.

En esta especial coyuntura en la evolución de los precios, se inserta una normativa recientemente publicada por el BCRA que establece una “unidad de cuenta” ajustable por un índice de precios (el CER es el indicador seleccionado que se construye con el Indice de Precios al Consumidor), con el noble objetivo de impulsar el ahorro en moneda doméstica y generar el fondeo indispensable para desarrollar la oferta de crédito de largo plazo. Se trata de las “Unidades de Vivienda (UVI’s).

La referencia más cercana es la exitosa “Unida de Fomento” que rige desde hace casi cinco décadas en Chile. El principal beneficiado de esta normativa son los préstamos hipotecarios destinados a la compra de viviendas, y por ende, aquellos ciudadanos que deseen acceder a una vivienda propia y no cuenten con los recursos financieros suficientes.

La clave del éxito de esta nueva línea de préstamos es que la tasa de inflación futura experimente una evolución descendente y se estacione en un nivel menor a los dos dígitos y con un comportamiento de baja volatilidad. Es crucial que el potencial tomador del préstamo forme sus expectativas considerando la evolución futura de los precios y no las ancle en base al pasado reciente. Por cierto, un gran desafío, dada nuestra historia económica.

Un factor que suma incertidumbre es el recuerdo de la denominada “circular 1050” que fue un mecanismo indexatorio de los préstamos que se estableció en abril de 1980, en este caso, utilizando un índice que contemplaba la evolución de una tasa de interés testigo. La inestabilidad macroeconómica de ese momento y la posterior crisis, resultaron en una experiencia fallida con fuerte impacto social sobre los deudores (muchos perdieron sus viviendas que eran las garantías de los préstamos).

Se está transitando un proceso de refortalecimiento de las instituciones monetarias y fiscales que son condición necesaria para la estabilidad monetaria. Las UVI’s acortarán la incertidumbre de los ahorristas, preservando el valor real de sus ahorros, ampliando su horizonte de inversión y permitiendo generar una fuente de fondeo a plazos compatibles con el financiamiento de la compra de viviendas y con tasas de interés acordes al tipo de bien que se financia. Es tiempo de que el Peso vuelva a tener peso. Hacia allá vamos.

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