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Prioridad: Internet

Guillermo Sabbioni
Ph.D. in Economics (University of Florida)

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Jue, 04-12-2014
La nueva ley Argentina Digital debería impulsar la competencia en el mercado de acceso a Internet por sobre todas las cosas. En la medida que nos aseguremos que los ciudadanos tengan variadas opciones para estar online, la competencia en el resto de los servicios tiene altas probabilidades de estar garantizada.

Nuestro Congreso está debatiendo un nuevo proyecto de ley de telecomunicaciones, denominado Ley Argentina Digital, que podría afectar el bienestar económico de millones de consumidores.  Si dicho proyecto termina promoviendo la competencia, beneficiará a los ciudadanos a través de mejores precios, nuevas opciones y una mejor calidad.  Por el contrario, si el diseño de la ley no es el apropiado, perjudicará a los consumidores mediante la eliminación de opciones, precios altos, un empeoramiento de la calidad, y un desincentivo a la aparición de nuevos servicios.  En consecuencia, analizar en detalle el impacto económico de este proyecto es de fundamental importancia, sobre todo teniendo en cuenta que se intenta regular un sector en el cual el avance tecnológico se manifiesta velozmente.

En este sentido, quizás es útil recordar los orígenes de la industria de la televisión por cable, y el impacto que tuvo en el bienestar económico de los consumidores.  En sus comienzos, el cable vino a suplir la falencia del servicio de televisión por aire, que por motivos tecnológicos no lograba llegar a usuarios ubicados a grandes distancias del punto de origen de la transmisión.  A través del cable, las señales de televisión comenzaron a llegar a usuarios que de otra manera hubieran continuado sin este servicio.  Lógicamente, la televisión por cable no tiene nada de particular en este sentido.  De la misma manera, la telefonía fija, la telefonía celular, la televisión satelital, y el acceso a Internet, son todos casos de avances tecnológicos que fueron siendo ofrecidos por diferentes empresas, y que fueron paulatinamente adoptados por los consumidores en la medida que significaban, desde su punto de vista, una mejora de bienestar. 

Asimismo, la aparición de estos servicios significó en muchos casos una alteración del “mercado relevante” desde el punto de vista económico.  En el caso de la televisión por cable, por ejemplo, la definición del mercado relevante tuvo que modificarse cuando el servicio de televisión satelital comenzó a ser viable.  A partir de ese momento, el concepto de “mercado de televisión por cable” dejó de ser aplicable, y comenzó a hablarse del mercado de “televisión paga”, debido a que la televisión satelital se convirtió en un buen sustituto desde el punto de vista del consumidor. En consecuencia, lo que previamente era un monopolio en muchas ciudades dejó de serlo gracias al avance tecnológico.  Del mismo modo, el rol que la telefonía celular tuvo frente a la telefonía fija es otro ejemplo de que la definición del mercado relevante desde el punto de vista económico es muy problemática en el caso de las telecomunicaciones.

Estos ejemplos ponen de manifiesto que la propia tecnología es el principal factor de dinamismo y presión competitiva en esta industria, y que cualquier nueva legislación sobre el sector deberá adaptarse a esta singularidad.  Un caso más reciente que ilustra este vertiginoso avance lo constituyen los generadores y/o distribuidores de contenido audiovisual que deciden utilizar Internet como forma exclusiva de llegar a sus usuarios, obviando a los operadores de televisión por cable o satélite.  El ejemplo más prominente lo constituye Netflix, el cual permite ver películas y series de televisión directamente a través de Internet—al igual que Hulu, que por el momento sólo está disponible en Estados Unidos.  Por si esto fuera poco, nuevos productos y servicios como Apple TV, Vudu o Roku permiten que los televisores hogareños puedan acceder a contenidos en Internet, evitando la incomodidad de la pantalla de la computadora.

En virtud de estas posibilidades, y de la creciente preferencia de los usuarios por utilizar Internet para acceder al entretenimiento y las comunicaciones, parece oportuno preguntarse si no es simplemente el acceso a Internet el mercado más relevante para considerar, en el cual debe garantizarse y promoverse la competencia. En otras palabras, si de manera creciente los consumidores podrán comunicarse entre ellos a través de Internet, y tendrán acceso a programas de televisión y películas bajo esta modalidad, no parece tener mucho sentido desarrollar un marco regulatorio pensando en “el mercado de televisión” y el “mercado de telefonía”. En línea con esto, la reciente licitación de espectro radioeléctrico para servicios de telefonía 4G resulta crucial.  Una vez lanzado dicho servicio, sería posible un acceso muy rápido a Internet a través de dispositivos móviles, desafiando absolutamente todas las definiciones previas respecto de cuál es el mercado relevante, ya que estando online el usuario podrá mirar programas de televisión, películas, o hablar “por teléfono”.

En resumen, dado que Internet brinda permanentemente nuevas posibilidades de comunicación y acceso a contenidos, y que gradualmente los consumidores comienzan a inclinarse por el acceso a estos servicios a través de Internet, la nueva ley Argentina Digital debiera procurar el impulso de la competencia en el mercado de acceso a Internet, por sobre todas las cosas. En la medida que nos aseguremos que los ciudadanos tengan variadas opciones para estar online, la tecnología se ocupará del resto. Teniendo acceso a Internet, el consumidor elegirá qué contenido ver y en qué dispositivo, al tiempo que elige con quién comunicarse y de qué manera. Por lo tanto, impulsando la competencia en el acceso a Internet, la competencia en el resto de los servicios tiene altas probabilidades de estar garantizada.

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