Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

Por qué necesitamos un Parlamento Abierto

María Celeste Gigli Box
Politóloga. Especialista en open government.

-A A +A
Jue, 21-11-2013
Un Parlamento Abierto es la posibilidad de saldar algunas de las deudas pendientes que padecemos en las democracias modernas: la corrupción y los mecanismos que la protegen, la distancia entre representantes y representados, y la participación reducida al acto eleccionario.

Desde hace poco menos que cinco años se habla mucho sobre open government: un término que el presidente estadounidense Barak Obama recuperó en enero de 2009 para que se aplicara a todas las oficinas de su administración para lograr que, luego de dos gestiones de gobierno muy particulares - los conflictos bélicos llevan los presupuestos a unas alteraciones fenomenales -, la gestión norteamericana fuese más transparente, abierta a la participación ciudadana y también, que iniciase un camino hacia la colaboración con la ciudadanía. Este último elemento es el que Obama sumó a la idea de open government, y no es casual, dado que no era un candidato usual: por primera vez en la historia, un aspirante a la presidencia de los Estados Unidos de América había alcanzado resultados concretos y notorios para ganar las elecciones gracias a su uso intensivo de Internet y las redes sociales.  

En nuestro país, hasta ahora las iniciativas en gobierno abierto han tenido objeto principalmente en la esfera del poder ejecutivo, sin olvidar al Centro de Información Judicial, que intensifica el acceso a la información y la transparencia que la Corte Suprema ya viene realizando en su administración de justicia. Es sólo hace unos cuantos meses que comenzaron a abundar artículos, ponencias e iniciativas de la sociedad civil interesadas en lo que llamamos Parlamento Abierto. Esta apertura del poder legislativo propone un cuerpo comprometido con una de las bases de una democracia moderna efectiva: la rendición de cuentas (accountability). Junto a su mecanismo práctico, el acceso a la información, podemos acceder a un estado de mayor integridad institucional. Este derecho alcanza a lo que acontece en la gestión, la administración y el presupuesto asignado al órgano, como también a la información proveniente de la labor parlamentaria y los resultados de la tarea legislativa.

En un mundo en el que es tan fácil acceder a la información, un parlamento abierto es aquel que está interesado en facilitar a la ciudadanía la información presentada de manera sencilla y clara, en estándares abiertos y utilizando software libre. Aquí tendremos que sumar otra dimensión del mecanismo transparentador: el de las legisladoras y legisladores. Es preciso disponer de sus declaraciones juradas, pero también sus declaraciones de intereses, donde figuran sus actividades profesionales y comerciales, y así las ciudadanas y ciudadanos podemos escrutar la imparcialidad de sus decisiones, evitando un conflicto de intereses entre su deber público y los intereses privados del legislador.

Dentro de esta nueva realidad de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), un Parlamento Abierto no puede eludir la revolución comunicacional que vivimos. Debe tener canales abiertos con la ciudadanía, como redes sociales y sitios interactivos donde publicar, compartir y replicar información propia y ajena pertinente para la ciudadanía. Lo ideal sería que estos canales de comunicación existan en la mayor cantidad de instancias institucionales: legisladores, bloques, cuerpo administrativo, de cada una de las comisiones. Hoy se torna imprescindible que los integrantes del Congreso (políticos y funcionarios) ingresen en la conversación de las redes sociales y sepan escuchar activamente al electorado, no sólo para construir liderazgo 2.0, sino para conocer lo que interesa a la ciudadanía, en tiempo real y con un costo mínimo.

Pero esto no es lo único. Los parlamentos abiertos tienen que cumplir con tres requisitos: por un lado, implementar mecanismos de contralor y monitoreo ciudadano efectivo a través de foros, trasmisión de sesiones, monitoreos a cargo de organizaciones de la sociedad civil. Por otro, asegurar una participación ciudadana efectiva, es decir, el involucramiento concreto de la ciudadanía -de manera individual o colectiva- en el armado de sus proyectos de ley. Y por último, deben promover la colaboración de los electores individualmente, como también articulados en diferentes organizaciones intermedias (colegios profesionales, cátedras, asociaciones), cuanto del poder legislativo con los otros órganos de estado y/o el sector privado, como también con diversas asociaciones de la sociedad civil. En último lugar, un parlamento abierto está interesado en promover una legislación sólida, consistente y estructurada para que el gobierno abierto sea la tendencia general en las demás esferas del gobierno. En otras palabras, un Parlamento Abierto debe propender a que el Estado priorice políticas de transparencia, integridad y apertura a la ciudadanía como un pilar fundamental de la democracia.

El resultado final parece prometedor. Podemos ver aquí la posibilidad de concretar algunas de las deudas pendientes que padecemos también en las democracias modernas: la corrupción y los mecanismos que la protegen - opacidad en los procesos, falta de información de las decisiones y sus resultados, la carencia de mecanismos de contralor formal y efectivo - y otros menos graves pero que denostan la calidad democrática, como la distancia entre representantes y representados, la participación reducida al acto eleccionario, el hiato entre el sector público y los demás componentes sociales. Lo que debemos tener en cuenta es que el cambio será progresivo -algo que tal vez sea bueno, para evitar inspirar ‘resistencias’ que sofoquen el mismo cambio en sí-, que habrá múltiples reacomodamientos (en diferentes dimensiones donde se implemente la apertura), y que puede haber retrocesos. Nada de esto es grave. Sólo son las consecuencias de este enorme viraje hacia la apertura que vive el mundo entero

¿Podemos abrir el Congreso? Sí, claro que podemos. Sólo que antes deberemos lograr que quienes ingresan allí y permanecen cuatro u ocho años se comprometan con una democracia menos declamativa y que promuevan una más real.

Fuente imagen: revistahomodigitalis.files.wordpress.com/
Danos un "Me gusta" en Facebook y seguinos en Twitter.
Registrate para hacer comentarios y recibir nuestra newsletter.
Si vos también tenés algo que decir, decilo en BASTION Digital.

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo