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Poemas escondidos de Victoria Ocampo

Francisco Sabena
Periodista. Escritor

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Mié, 09-08-2017
Con el apoyo del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo y el Ministerio de Cultura de la Nación, Isabel Peña viajará representando a un conjunto de seis artistas argentinos que, junto a otros tantos suizos, vienen preparando desde hace meses Hidden Poems (Ed. II), un libro que gira en torno al archivo de Victoria Ocampo, figura clave del arte argentino.  

Isabel Peña, artista visual y poeta, estará los días 17 y 18 de agosto en el centro cultural de arte contemporáneo Kaskadenkondensator, en Basilea, Suiza. Con el apoyo del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo y el Ministerio de Cultura de la Nación, Isabel viajará representando a un conjunto de seis artistas argentinos que, junto a otros tantos suizos, vienen preparando desde hace meses Hidden Poems (Ed. II), un libro que publicará la suiza Stingray Editions y que gira en torno al archivo de Victoria Ocampo, figura clave del arte argentino.

"En este proyecto llevamos a Victoria Ocampo a Basilea, lugar central del arte europeo actual, de la misma forma en que ella trajo lo mejor de distintas disciplinas europeas a Argentina generando intercambios con nuestro contexto cultural. Es una forma de hacer algo de justicia a su legado. Un trabajo de archivo que reúne alta calidad creativa, abordado junto a diversos artistas-escritores argentinos y suizos de relevancia. Algo digno de una gestora como lo fue Victoria Ocampo, que dio su vida y sus herencias por el arte argentino, abriéndolo al mundo a través de la difusión de la revista Sur, con traducciones e intercambios.

En la propia tierra de Victoria a veces hay prejuicios o falta de conciencia sobre la importancia de su literatura, de sus análisis políticos, de la calidad y vigencia que tiene su forma autobiográfica de escribir y de los pasos que ayudó a dar al feminismo en Argentina."

Sarina Scheidegger, coordinadora de la edición original de Hidden Poems, que fuera presentada en 2014 en la Kunsthalle Basel, y junto a Peña de la segunda versión que aparecerá en pocos meses, escribió que:

"La primera edición de Hidden Poems reunió a diez artistas y escritores que estaban interesados en el campo de la utilización de texto en formas alternativas. Producir una segunda edición de los poemas “ocultos” en Buenos Aires, en la biblioteca de Victoria Ocampo, intensifica la diversidad, que aquí surge en diferentes niveles. Hidden Poems es un proyecto sobre el trabajo con un archivo de libros que, además, abre preguntas acerca de cómo los libros están escribiendo nuestra historia. Acerca de formas posibles de trabajar, re-escribir, renovar un archivo y tal vez incluso la historia."

No es la primera vez que Peña deja territorio argentino para mostrar su arte: en 2007 hizo la instalación For-rest of fragility en la galería Macondo, Londres; en 2015, la muestra Nobody “works” alone en Artemisa Gallery, Nueva York. Su última muestra individual fue en junio de 2015, cuando presentó en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires Ahora debe ser el mejor momento, pero me daré cuenta más adelante.

¿Qué vas a ir a hacer a Basilea?

Me voy a Basilea a terminar de organizar con Sarina Sheidegger, con quien fuimos construyendo este proyecto, una muestra que culmina en un libro en el que participamos doce artistas que también escribimos: seis suizos y seis argentinos. La muestra se llama Hidden Poems (Ed. II) y es en base a los archivos de la biblioteca de Villa Ocampo en San Isidro. Se inaugura en Basilea y después presentaremos el libro también en Buenos Aires. Cada uno de los doce artistas-escritores elegimos un libro, y en su interior una página específica de donde extraer un “poema oculto”. Esos poemas y los textos originales editados conforman el libro. En la muestra presentaremos los originales, haremos lecturas y performances ante una audiencia. Lo interesante del libro es el proceso por el cual, desde el trabajo visual, fuimos encontrando un poema, proceso donde es visible la singularidad artística de cada uno. La diferencias dentro de un conjunto que sigue las mismas reglas de juego.

En Hidden Poems elegí del archivo un texto de la filósofa francesa Simone Weil. La propuesta tiene algo de encontrar lo propio con lo que está dado por el poema original, una especie de “poème trouvé” [poema encontrado], operación que adquirió su nombre en el siglo XX pero que, como lo señala Alejandro Crotto al referirse a San Francisco de Asís y el ready made, existe desde hace siglos.

"Leo unos salmos que compuso Francisco para memoria y alabanza de la pasión de Cristo: son centones bíblicos, o sea están todos hechos enteramente con versículos de distintos libros de la Biblia ordenados para crear un nuevo texto. Mientras me detengo maravillado en esos salmos (en los que Francisco no hace sino llevar al extremo un procedimiento presente en todos sus escritos), imparte en Buenos Aires un celebrado curso de “escritura no creativa” Kenneth Goldsmith, un poeta norteamericano que proclama que la idea de originalidad en literatura debe ser reemplazada por la de manipulación, apropiación, copia, etcétera. Nada nuevo para lectores de Borges, claro, pero veo en Internet que el enfoque es considerado revolucionario. Goldsmith remonta la tradición de estas estrategias a William Burroughs, Walter Benjamin, Marcel Duchamp y Ezra Pound; la fecha probable de composición de los salmos de Francisco es 1215."

¿Cómo conociste a los artistas argentinos con los que trabajaste?

A Sarina, amiga y colega, con quien coordiné este proyecto, la conocí cuando vino a hacer una residencia a Buenos Aires. Me invitó en aquel entonces, junto a otros tres argentinos, a una lectura en una terraza de La Boca, una experiencia increíble. Habíamos empezado a trabajar en otro proyecto, en el que íbamos a trabajar en la casa de Victoria Ocampo en Palermo, pero terminamos desarrollando esta segunda edición de Hidden Poems. Creo que nunca había sido tan placentero y fluido trabajar de a dos como fue con Sarina. A Cecilia Pavón, una poeta muy vinculada al arte visual, la conocía de un taller de escritura para artistas, hace muchos años, que daba Silvia Gurfein, y por su amistad con un profesor que tuve en un taller de literatura, así como por [la galería que cofundó en los ‘90] Belleza y Felicidad. A Washington Cucurto lo conocía de ese mismo ámbito, porque es amigo de escritores con los que estudié, como Pedro Mairal y Santiago Llach. Un escritor y poeta realmente involucrado con la pintura y el arte. Es muy prolífico, y fue muy agradable trabajar con él, es muy rápido. Un caso similar fue el de Julián D’Angiolillo, con quien tenemos una amiga en común. A Alejandra Bocquel y Julia Mensch, que vive entre Berlín y Buenos Aires, tuve la suerte de conocerlas para este proyecto.

¿Y los suizos?

A ellos no los conozco personalmente, pero confié plenamente en el criterio de selección de Sarina. Pude ver sus trabajos a la distancia y me encantó lo que vi. Vienen del arte visual, además de escribir, y hacen performances. Me gusta mucho la selección. Sarina fue muy sensible a la hora de buscar diversidad, pero a la vez un hilo conductor entre los que participaron, dentro de ese conjunto tan diverso. A los artistas suizos los conoceré in situ, cuando presentemos el libro y los trabajos originales.

¿Cuáles son tus expectativas del viaje?

Este viaje es una etapa más de cosecha del trabajo que hicimos, es ver la respuesta de la gente en un contexto que no conozco, pero también como embajadora de mis colegas argentinos. El proyecto trabaja con el archivo de Victoria Ocampo, que es un tesoro nacional. De hecho, Victoria donó su casa a la UNESCO, la única casa que tiene la UNESCO, y es una joya de la humanidad. Hay ejemplares muy valiosos, como un libro de Jacques Lacan dedicado a “Victoria, mon amour”… Ella trajo a los más grandes artistas de su época, los invitó a conocer nuestra cultura. Es como si hubiera abierto Argentina al mundo. Estuvo presa simplemente por la libertad que siempre abrazó y ejerció. Fue de las primeras feministas, pero cuando el movimiento se politizó y perdió un poco su pureza, también supo correrse. Fue una mujer muy intuitiva y de avanzada, como su forma de escribir.

¿Cómo fueron tus experiencias en los viajes que hiciste al exterior?

La última vez que pude ir y trabajar en Europa fue hace diez años, para una muestra más bien solitaria que hice en Londres, conectada con el espacio específico. Conocí a muchas personas que vivían alrededor de la galería Macondo y haciendo trabajos para las ventanas alrededor de una plaza muy chiquita, Hoxton Square, en el barrio de Hackey, y donde está el White Cube, un ícono del arte contemporáneo. Trabajé durante un mes con la gente de ese barrio, desconocidos con los que me fui vinculando, y fueron tan generosos de prestarme sus ventanas para dejarme dialogar con ellas, con mis trabajos, interviniéndolas. Generé un recorrido tanto con las ventanas del White Cube, como las de una remisería, una zapatería, un bar, una casa de diseño… En aquella ocasión, gracias a Esteban  Álvarez, que había curado dos de mis proyectos, conocí a Henry Colman, un artista londinense que me contrató una semana para trabajar de asistente de un artista en el espacio Bloomberg. Eso me dio más libertad para poder viajar aquel año, 2007, a la Bienal de Venecia.

También tuve otras experiencias, más en residencias, como la muestra en Nueva York en 2015, en Artemisa, mi primera muestra individual ahí. Y esta de Basilea va a ser una experiencia colectiva. Si bien por la distancia no van a estar mis colegas argentinos, no me aventuro sola, sino que voy con Sarina, quien me recibe en su casa. Es un trabajo conjunto absolutamente en red.

¿En qué momento de tu derrotero artístico te encuentra este viaje?

Es maravilloso, no puedo terminar de agradecer por este trabajo. Porque conjuga la escritura y el arte, dos lenguajes que conozco y que vengo desarrollando silenciosamente desde hace años, y encima en contacto con otros, trabajando en colaboración. Es un proyecto muy amable, muy abarcable y sanador, en el que hacemos tangible un libro con el archivo de Victoria Ocampo, a quien respeto muchísimo. Hemos recibido bastante apoyo de de Suiza. Sarina está realizando ese libro con Kambiz [Shafei], su socio, en una editorial de altísimo vuelo; he visto los trabajos de Stingray, un sello que admiro, y confío plenamente en que va a salir algo muy digno. En Basilea armaremos lecturas, performances, trabajaremos con el montaje, mostrando los trabajos originales. Quizás trafique yerba mate, que está de moda en Basilea, para costear mi manutención, cosa que me preocupa bastante. (Risas.) Por lo demás, estoy feliz.

¿En qué medida creés que el trabajo conjunto con otros artistas te puede ser útil para encontrar tu mirada, tu voz?

Pienso cada vez más que trabajamos en red, en red con la creatividad, construyendo nuestras identidades en base a diversas relaciones y situaciones. Nos empastamos y aprendemos modos de sensibilidades ajenas, pero después nos vamos construyendo de esta forma relacional en cada red o plataforma, con sus códigos. Me sirve nutrirme de los otros, pero si no es una forma de operar con la cita o lo ajeno ex profeso, prefiero hacerlo de un modo inconsciente. Me parece que es el mejor modo de contagiarse o incorporar cosas que aportan otros. Cuido eso porque soy muy celosa de mi propia singularidad. Prefiero entregarme lúdicamente y hacer en este magma que ofrece por ejemplo la tecnología, confiando en que hay tiempo de observar, editar o revertir errores. Mi propia voz no sería lo que es sin los demás, no tendría sentido ni escucharla. Se va construyendo y se necesita discriminar también qué es lo propio mientras se va haciendo, pero con nuevas cosas del aprendizaje con el otro, que se conjugan de un modo misterioso…

 

 

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