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Nuevos rumbos de la globalización

Julieta Zelicovich
Dra. RRII (UNR)

Magister en Relaciones Comerciales Internacionales (UNTREF). Becaria posdoctoral del CONICET. Profesora de Economía Internacional (UNR).

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Mié, 28-12-2016
En términos de flujo de comercio la globalización se contrajo durante el 2016. En términos de soberanía supranacional/soberanía estatal también retrocedió. Pero la interdependencia de la economía global no disminuye. Que exista menos comercio, con el mismo alto grado de interdependencia deja un interrogante para el 2017: ¿Quién y cómo va a regular las relaciones económicas mundiales?

Se viven tiempos de cambio. En el 2016 las relaciones económicas internacionales exhibieron comportamientos que desafiaron algunos de los pilares más característicos de la globalización del siglo XXI. Destacamos tres de estos cambios y un interrogante pendiente para el 2017

Soberanía, Brexit y la fortaleza de la Unión Europea

Uno de los hechos del 2016 más sorpresivos y significativos para la globalización económica fue el Brexit. El referéndum, que ha iniciado la salida del Reino Unido de la Unión Europea, era algo imprevisto en los análisis de cierre de 2015. Su desarrollo pone de manifiesto tres cuestiones: la primera –poco novedosa- que la globalización no produce beneficios para todos por igual, y que ello tiene costos electorales. La segunda –en disputa en algunas corrientes analíticas- que la soberanía es un concepto que mantiene vigencia, y que si es desafiado por las fuerzas supranacionales, se impone. La tercera –casi inédita en la historia contemporánea-  que aún los procesos de integración más consolidados, como la Unión Europea, pueden caer y transformarse en función de los intereses soberanos de los Estados. 

Desde la perspectiva del Brexit, en el 2016 la globalización, en términos de soberanía supranacional/soberanía estatal, se retrotrae.

El avance de la globalización comercial no es una fuerza imparable

Mientras que durante gran parte del siglo XXI el comercio fue un factor mucho más dinámico que la producción global, un rasgo profundo de la economía internacional del 2016 ha sido que el comercio internacional creció menos que el PBI. Se trata de una tendencia que comenzó en los años de la crisis financiera internacional, y que se ha ido acentuando con el tiempo. No se trata meramente de que existan barreras comerciales, sino que las cadenas globales de valor, que estructuraron el boom de la globalización en la primera parte del siglo XXI se han reformulado. La clave de esa reforma es el salto tecnológico en China, país que redujo sus importaciones con valor agregado y las reemplazó por producción nacional, afectando sustantivamente el comercio internacional. 

Así, el balance 2016 es que la globalización, en términos de flujo de comercio, se contrajo.

La globalización es difícil de revertir: Trump y la interdependencia de las economías

No obstante este menor dinamismo de la globalización, el grado de interdependencia de las economías se mantuvo. La elección de Donald Trump produjo afectos en todas las bolsas del mundo. En la región de América Latina se produjeron una serie de devaluaciones cambiarias que exhiben la estrecha vinculación de estas economías con la moneda estadounidense. Las variaciones de la tasa de la FED tienen un impacto sistémico que cambia completamente el escenario financiero global, y que termina traduciéndose a la economía real. Trump puede parecer menos afín al multilateralismo, pero no es un detractor de la globalización, sino que se sabe con el poder para moldear la globalización a sus intereses. Un privilegio que sólo tienen los grandes.

Desde este punto, la globalización mantiene vigencia y sus efectos resultan palpables en todos los vínculos externos del resto de los estados. La interdependencia de la economía global no se redujo en el 2016.

Corporaciones vs Estado: ¿Quién y cómo se regula la gobernanza de las relaciones económicas mundiales?

Que exista menos comercio, pero que las economías tengan alto grado de interdependencia enfatiza los desafíos respecto de quién hace las normas para la regulación de las relaciones económicas internacionales. En el transcurso del 2016 se presentaron pocos resultados y sí se profundizaron las incertidumbres para el 2017. Mientras que la OMC ha estado esbozando la agenda de la Conferencia Ministerial de 2017 –a realizarse en Buenos Aires, en el mes de diciembre, donde se espera conseguir una serie de resultados acotados pero concretos-, los acuerdos megarregionales que habían sido considerados la “niña bonita” para la regulación de las relaciones comerciales internacionales y de las inversiones en el 2015, hoy se encuentran en revisión. Por un lado, los procesos liderados por Estados Unidos, el TPP y TTIP, están atravesando crecientes dificultades políticas para lograr su ratificación y concretarse, dejando a las corporaciones que los impulsaron en la búsqueda de caminos alternativos. En contracara, iniciativas como la de la Ruta de la Seda y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), impulsadas por China avanzan con mayor dinamismo. Éstas tienen mayor intervención de Estado, pero no menos componentes de la “nueva agenda” que impulsa la globalización. Así puede que aunque el TPP no llegue a ratificarse, el discurso, y fundamentalmente los lobbies empresarios del “regionalismo del siglo XXI” perduren en el 2017. Lo que no está claro es si ese avance será bajo un liderazgo Chino, Norteamericano, o menos probable aún, multilateral.

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