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Now you see me, now you don't

Federico Moughty
Lic. Ciencia Política (UBA)

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Lun, 17-04-2017
Todos hemos podido mirar fútbol argentino en nuestros televisores en los últimos años sin pagar por ello, pero no fue magia, ni fue gratis. Nada es gratis. Hay cosas que parecen gratis porque uno no las paga directamente (por ejemplo las plazas) y otras porque no se remuneran (el trabajo hogareño); pero nada es gratis.

Por otro lado hay bienes que por su naturaleza o por efecto de las instituciones son privados, públicos, y de club. Pensemos en el fútbol desde el presente  que es un bien público y de cara al futuro donde será un bien de club (no miremos al pasado que podrá parecerse al futuro tanto que lo hará redundante).

El fútbol tiene un costo, no es gratis, jamás fue gratis, nunca será gratis. Ni cuando era amateur (en cuyo caso no era gratis, era “no remunerado” como trabajo intra-hogareño), ni obviamente para los espectadores (paguen la entrada como bien privado o tengan derecho como bien de club por pagar la cuota).

Partimos de Fútbol Para Todos (FPT de aquí en adelante), que no es ni era gratis, el Estado paga(ba) a la AFA por los derechos y el Estado (o algunos privados desde 2016) paga(ba) la producción y los derechos de transmisión. Pero su transmisión es un bien público(es decir que el costo no se ve afectado por la cantidad de espectadores). Es decir que lo paga el Estado (es decir todos) pero lo disfrutamos todos. O casi. A los efectos prácticos el acceso era universal y la utilidad derramaba sobre toda la sociedad.

Lo que se viene pretende ser “dejaremos de financiar el fútbol”.

Bueno; no. El fútbol no era gratis y seguirá no siéndolo, lo que cambia es el mecanismo de financiación y sobre todo el acceso a un bien público como es la transmisión (que devendrá de club: el club de los que pagan por él).

Digamos que la AFA cobró y cobrará $3000 millones anuales (la cifra fue $1800 en 2015 por lo que aplicando inflación es equivalente al monto licitado). ¿De dónde salía esa plata cuando FPT? De los pagadores de impuestos argentinos. Digamos… los hogares argentinos.

Es decir, los hogares argentinos pagaban impuestos y parte de estos impuestos se destinaban al FPT. Lo inevitable: pagaban. Lo malo: no podían decidir pagar o no (bueno si, políticamente, pero ambos candidatos al balotaje prometieron que seguía FPT hasta 2019). Lo bueno: un bien público con alto acceso (casi 100%) y sin “cuota de ingreso” (no tenías que pagar cable). Tal vez incluso con redistribución: uno podría decir que quienes tenían mayores ingresos pagaban más impuestos y contribuían con más plata al fútbol.

Lo que se viene es que una cadena internacional se compromete a pagar U$200 o más a la AFA por lo derechos, financiar la producción y después recuperar ese dinero en el exterior para darle fútbol gratis a los argentinos. Bueno; no, porque los derechos internacionales no está en juego (aunque hayan formado parte de algunas negociaciones con tono extorsivo).

Lo que se viene entonces es que alguna cadena internacional se va a comprometer a pagar U$200 millones o más anuales a la AFA y la producción con dinero que espera recuperar de alguna manera de… los hogares argentinos. ¡Caramba! ¡Qué coincidencia!!!

Es decir, el monto que antes se le pagaba a la AFA desde recursos fiscales que salían de los hogares argentinos ahora saldrá de las facturas de televisión paga de los hogares argentinos (los que pertenezcan “al club”) sea compulsivamente de todos los hogares pagadores de TV (cable o satélite) o solo de aquellos hogares pagadores de cable que quieran pagar por el fútbol.

Parece inviable que todo el fútbol se transmita por canales abiertos (como un bien público financiado por la publicidad es decir los hogares argentinos, pero no ricemos tanto el rizo) por lo cual parte o todo irá por cable o por mecanismos del tipo “pay-per-view” o alguna combinación de ambas.

Ahora, bajo FPT todos los hogares argentinos contribuían (podemos suponer que proporcionalmente a sus ingresos) a financiar FPT y todos los hogares argentinos (o casi) tenían acceso a todo FPT. Lo que se viene es que menos hogares argentinos financien (con tarifa más o menos plana) pero menos hogares argentinos tengan acceso a ver el futbol. Si el monto total es el mismo (o equivalente) pero los beneficiarios son menos… resulta que el nuevo mecanismo es menos eficiente.

Si el costo va directo al abono de TV paga en todo o en parte será casi tan compulsivo como antes (el casi es porque podemos elegir no pagara TV pero “no podemos” elegir no pagar impuestos). Si el costo se carga a hogares que paguen por el fútbol estos pocos hogares pagaran lo que todos antes pero solo esos hogares tendrán acceso al fútbol. Es decir unos “menos hogares” pagarán más plata por hogar que antes pero de manera no compulsiva… por excluir. Y por cierto, de alguna manera pagarán por el artefacto codificador que es el que permite la exclusión.

Seguramente el resultado final sea alguna combinación de partidos públicos, partidos en cable, partidos pay-per-view. No me sorprendería que el Superclásico sea visible por “aire” (porque si hay un partido que “se paga solo con publicidad” es ese) pero cualquiera sea la combinación final lo inevitable es que menos hogares argentinos pagarán por el mismo bien que antes pagaban todos, seguramente a mayor costo promedio (porque son menos), y a costa de excluir hogares de (al menos parte del) fútbol y además a “tarifa plana” (es decir que el pobre que haga el esfuerzo por pagar pagará lo mismo que el rico).

Pero además para ver fútbol habrá que pagar la entrada a TV paga. Si antes el fútbol estaba disponible en el aire (tradicional y TDA; que no hay que pagar cuota), en Internet o en el cable o satélite; ahora estará solo en TV paga con lo cual para pagar por fútbol antes habrá que pagar por la entrada a lo que, seamos serios, es una tecnología obsoleta (si fuese Internet al menos estaríamos incentivando un acceso a la actualidad).

Entonces, “el nuevo fútbol” excluye mientras que nos da cierta libertad de elegir pagar o no. En términos de “utilidad social” claramente perdemos. Y claramente pierden aquellos que tienen menos chances de entretenimiento (no les es fácil tener un servicio de streaming de series ni ir al cine). A la vez incentiva pagar “cable” por sobre pagar “Internet” (lo que es anacrónico). Un mucho de exclusión y desigualdad a cambio de un poquito de liberalismo.

Y recordemos que mientras hay gentes indignadas por “el horror” de que hasta las viudas de Recoleta pagaran por el fútbol resulta que pagamos todos con nuestros impuestos no solo el Teatro Colón (que es un bien de club con capacidad limitada para las viudas de Recoleta) o los consulados en lugares como Florianopolis o Miami, que tienen sentido y lógica pero que se financian desde los sectores populares cuando pagan impuestos aunque desconozcan la existencia del Teatro Colón, Florianópolis o incluso Miami.

Resumiendo: terminar con FPT es una decisión política. Socialmente ineficiente, tal vez incluso injusta. Si el gobierno decidió hacerlo por caerle bien a sus votantes o a los medios, es un problema de ellos. Solo algunos podremos mirar fútbol, pero no es magia es:  Now you see me, tomorrow you won´t.

Posdata: si el problema era la libertad de elegir el destino de los fondos, una placa como la que sigue en cada transmisión podría haber solucionado el problema.

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