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Metamorfosis de los partidos

Paula Clerici
Dra. en Ciencia Política (UTDT)

Lic. Ciencia Política (UBA). Co-Directora del Grupo de Investigación "Coaliciones políticas en América Latina" (UBA).

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Jue, 03-12-2015
En los últimos años tendimos a creer que la desnacionalización de los partidos políticos habían llegado para quedarse. Sin embargo, una menor dispersión de los sistemas de partidos de distrito, un mayor nivel de nacionalización y una menor cantidad de partidos locales como proporción de la oferta electoral son indicios de que la fase de desnacionalización está cediendo lentamente.

Hace ya más de una década que los estudios acerca del sistema de partidos argentino resaltan un lento pasaje de la nacionalización hacia la desnacionalización de la competencia política. El concepto de nacionalización refiere a la mayor o menor similitud existente entre a) los sistemas de partidos provinciales (uno por cada distrito) y b) entre estos y la competencia política a nivel nacional. 

Podemos, entonces, hablar de dos situaciones bien distintas. Por un lado, un sistema perfectamente nacionalizado permite que cualquier competencia electoral provincial (por ejemplo, por las bancas legislativas nacionales) sea un fiel reflejo, un microcosmos de lo que ocurre en otro distrito o en la competencia por la presidencia. Y por otro lado, lo contrario, en aquellos lugares donde prima la desnacionalización el sistema se “territorializa” y los líderes de los partidos en las provincias cuentan con un margen de maniobra mayor para decidir cómo enfrentar las elecciones: lo que importa es la coyuntura local. Es decir, la política en un distrito no sirve como información para otro, las reglas electorales son distintas, el caudal de votos de los partidos varía, los competidores pueden no ser los mismos, las estrategias de coalición difieren y entonces, los aliados en una provincia pueden ser contendientes en el territorio vecino.

¿Qué ocurrió, en este sentido, en Argentina durante los últimos treinta y dos años? Gran parte de las investigaciones y los indicadores en los últimos años nos fueron llevando a gran parte de nosotros  a creer que la provincialización de la política había llegado para quedarse. Sin embargo, estos mismos indicadores evidencian que lenta pero sostenidamente algo está cambiando en nuestro sistema de partidos. Siendo muy temprano aún para sacar conclusiones apresuradas, me conformo (esperando que al lector le ocurra lo mismo) con ofrecer un panorama descriptivo bastante general acerca de qué tan nacionalizada es la competencia política argentina luego de la maratón electoral vivida durante todo el año. 

Me voy a detener en tres aspectos. Uno, qué tanto se diferenciaron los sistemas de partidos provinciales entre sí. Dos, el nivel de nacionalización del sistema en su conjunto. Y tres, la oferta electoral estrictamente provincial en la competencia por la cámara baja del Congreso de la Nación. 

¿Distintos? sistemas de partidos de distrito

Primero, analizar la competencia por las bancas legislativas implica estudiar veinticuatro juegos electorales que son producto de procesos históricos e institucionales específicos, reglas propias y actores partidarios (a veces) únicos. De todos los partidos que presentan listas de candidatos para llegar al Congreso, solo algunos son los suficientemente relevantes en términos del caudal de votos que obtienen. Este dato es importante porque saber cuántos son permite entender cuántas preferencias político-partidarias mayoritarias hay en la sociedad y cuál es el nivel de dificultad en la toma de decisiones: más actores para acordar una política implica que es más costosa la negociación y es menor la posibilidad de que efectivamente se lleve a la práctica. Saber cuántos son nos ayuda a conocer qué tan similares son los veinticuatro sistemas de partidos entre sí. El gráfico 1 muestra el número efectivo de partidos (NEP, los “importantes”) en cada provincia en las diecisiete elecciones de diputados nacionales entre 1983 y 2015.  

Gráfico 1: Número Efectivo de Partidos (NEP) electorales en las elecciones de diputados nacionales, por provincia y año (1983-2015)

Paula clerici

Hasta 1999, los NEP se encuentran relativamente cerca unos de otros: hay similitud entre sistemas. Pero a partir del año 2001 (cuando se “iban a ir todos”) se inaugura un ciclo en que los sistemas de partidos distritales se parecen menos entre sí. Hasta 2001, la mitad de los sistemas subnacionales tenía un número efectivo de partidos de entre 2,2 y 3,6 y en los casos más extremos, no mostraba una competencia efectiva menor a 1,5 partidos (La Rioja en 1995) o mayor a 5 (Jujuy en el mismo año). A partir de 2001 es notorio cómo los valores se dispersan, así, es posible encontrar provincias con un sistema de partidos altamente fragmentado con un elevado número de partidos relevantes mientras que en otros distritos la competencia se produce entre un partido predominante que aventaja enormemente al que sale segundo, en esos casos, el NEP se ubica debajo de 2. 

A partir de la elección de 2011 los valores de cada provincia se diferencian menos entre sí: hay menos dispersión. Aun cuando persisten distritos como la ciudad de Buenos Aires con alrededor de 7 partidos relevantes, las provincias mostraron NEP más cercanos respecto de las otras. Pero es en las PASO de agosto de este año cuando encontramos un panorama más parecido a aquel de la década del ’80 con niveles de fragmentación más similares de los sistemas de partidos: distritos con sistemas de partidos menos competitivos no evidencian un NEP menor a 2 (Formosa y Santiago del Estero) y los más fragmentados no superan los 4 partidos (Santa Fe) o 4,7 (Neuquén). 

La renacionalización del sistema partidario

Segundo, la nacionalización del sistema de partidos puede medirse de muchas maneras, una de las cuales es un indicador que desarrollaron Jones y Mainwaring en 2003 a partir de los resultados de las elecciones a la cámara baja. El rango de medición varía entre 0 y 1, donde 1 implicaría una nacionalización perfecta en la cual todos los partidos que compiten por las bancas de diputados presentan candidatos en todas las provincias y obtienen el mismo porcentaje de votos, mientras que 0 mostraría una desnacionalización perfecta, un sistema donde todos los partidos son locales y por lo tanto, presentan candidatos solo en una determinada provincia. 

En línea con lo descripto en los párrafos anteriores, en el gráfico 2 es posible ver cómo el sistema de partidos argentino sostuvo valores relativamente altos hasta la elección legislativa de 2001 cuando se produce una marcada territorialización de las dinámicas político-electorales. Argentina ha sido durante bastante tiempo para la ciencia política un caso de desnacionalización. 

Gráfico 2: Grado de nacionalización del sistema de partidos y proporción de partidos locales sobre la oferta electoral de todo el país, por año (1983-2015)

Paula Clerici 

En 2001 la nacionalización disminuye diecinueve por ciento respecto de 1999 y el sistema pierde un diecinueve por ciento adicional en la siguiente elección de 2003. No es casual esta enorme disminución si pensamos que el Partido Justicialista presentó tres candidatos a Presidente en dicha elección: Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Sáa. El momento de menor nacionalización llegaría en 2005 cuando el indicador evidencia un valor de 0,38. 

Con módicas recuperaciones, el sistema se va mostrando levemente más nacionalizado con el correr de las elecciones y, aunque no llega a superar la barrera del ecuador del indicador, la dinámica político-partidaria sigue mostrando signos de un juego descoordinado entre las provincias. Recién este año se produce una importante suba del treinta por ciento en la nacionalización, la más significativa que haya tenido lugar desde que el fenómeno se mide en nuestro país a partir de la transición a la democracia. 

Esta elección se destaca, asimismo, por una oferta electoral más acotada en términos de competidores porque se instala con fuerza la dinámica de competencia entre coaliciones más que entre partidos (ya desde 2013 alrededor del ochenta por ciento de los partidos presenta candidatos a diputados en alianza con otros). Dichos acuerdos, pensando en un proceso más amplio de nacionalización pudo haber predispuesto a los partidos a armar coaliciones electorales más congruentes entre los distritos en su composición partidaria. 

La importancia de la extensión territorial

Tercero, la extensión territorial de los partidos puede ayudar en la caracterización de la idea de nacionalización. En principio y más allá del porcentaje de votos que obtengan en cada provincia, los partidos extendidos geográficamente se piensan a partir de aspiraciones nacionales. En este sentido, un sistema donde priman partidos con cobertura territorial amplia supone, también, dinámicas de interacción entre ellos con algún nivel de similitud entre las provincias. Siguiendo este argumento, a medida que los partidos locales cobran un nivel mayor de relevancia numérica, podría sostenerse que la nacionalización se desdibuja. 

En el gráfico 2 encontramos un segundo indicador que señala qué proporción del total de listas que compiten en la elección de diputados de cada año tiene un carácter local, es decir, que compite con candidatos propios solamente en una provincia. Podemos notar, entonces, que si bien esta proporción fue aumentando gradualmente conforme avanzaban las elecciones, en 2001 comienza una sucesión de comicios en los cuales se ven valores más altos, alrededor de 0,2 de la oferta electoral está constituida por partidos locales. La tendencia se invierte notablemente en 2011 cuando disminuye un cuarenta por ciento esa proporción y se mantiene hasta el fin de la serie. 

En resumen, una menor dispersión de los sistemas de partidos de distrito, un mayor nivel de nacionalización y una menor cantidad de partidos locales como proporción de la oferta electoral son indicios de que la fase de desnacionalización está cediendo lentamente. A pesar de que el sistema lleva pocas elecciones mostrándose más moderado en su territorialización, es innegable sostener que la elección de este año mostró comportamientos notables hacia la nacionalización. Si la competencia electoral se sostiene en estos términos podríamos dar por finalizada esta etapa tan caótica de nuestro sistema de partidos. 

Los politólogos, agradecidos. Más para escribir.

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