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Más Ganancias, menos cargas sociales

Jorge Colina
IDESA

Economista. Magister en Economía (Georgetown University) y Magister en Finanzas (University of Amsterdam).

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Mié, 07-12-2016
Si se quiere tener una sociedad más inclusiva e igualitaria los salarios más bajos deberían ser eximidos de las cargas sociales y los salarios medios y altos deberían estar alcanzados por el impuesto a las ganancias. Lo que hay que hacer es actualizar la tabla de alícuotas, que fue definida en la época de la convertibilidad, para que aumenten con mucha más gradualidad.

La discusión del impuesto a las ganancias en el Congreso esconde egoísmo, hipocresía y desidia para solucionar las cosas. 

El impuesto a las ganancias es un impuesto progresivo, esto es, se paga sólo a partir de un determinado nivel de salario que para el caso de Argentina serían aproximadamente unos $25 mil mensuales. En Argentina, hay 11 millones de ocupados urbanos en los grandes aglomerado urbanos de los cuales sólo el 10% obtiene remuneraciones superiores a $20 mil. O sea, los alcanzados por el impuesto a las ganancias serían una “elite”.

A su vez hay una gran mayoría, el 70% de los ocupados, que según los datos del INDEC obtienen remuneraciones inferiores a los $12 mil mensuales. O sea, la mitad del monto a partir del cual se empieza a tributar ganancias y similar al monto que el mismo INDEC calcula como la línea de pobreza para una familia tipo. Estos ocupados están obligados a pagar cargas sociales que ascienden al 50% del salario. Como pagar cargas sociales con remuneraciones tan bajas pone en juego la subsistencia, lo que sucede es que la gran mayoría de estos trabajadores termina trabajando en la informalidad, sea como asalariado no registrado o como un cuentapropista informal. Por eso es que la mitad de los ocupados en el mercado laboral argentino es informal.

Hay egoísmo cuando se utiliza la política sólo para beneficiar a la “elite”, que son los trabajadores alcanzados por el impuesto a las ganancias, y se reniega a pensar cómo reducir la mucho mayor presión impositiva que se le quiere cobrar a trabajadores con remuneraciones que no llegan a la línea de pobreza y que, por esto mismo, tiene que terminar trabajando en la informalidad. 

Y hay hipocresía cuando además quienes pugnan por pagar menos impuestos a las ganancias son políticos y sindicalistas que afirman con ahínco estar comprometidos con los pobres, con una sociedad más inclusiva e igualitaria. Si realmente se aspira a tener un sociedad más integrada e inclusiva se debe avanzar en el sentido de tener más gente pagando impuesto a las ganancias y menos gente alcanzada por impuestos que gravan el trabajo de los que menos ganan, que son las cargas sociales. 

Pero es muy importante explicar dónde está la desidia para solucionar las cosas. Se sabe que la administración anterior utilizó un recurso artero de recaudación impositiva que fue generar inflación y no actualizar los parámetros del impuesto a las ganancias. Por eso, gente que no pagaba impuesto a las ganancias quedó alcanzada por el impuesto y, una vez alcanzada, empezó a pagar cada vez más. Este último efecto, el de pagar cada vez más, se debe a que nunca se actualizó la tabla de alícuotas del artículo 90° de la ley de impuesto a las ganancias. Esta tabla fue definida en la época de la convertibilidad, cuando no había inflación, pero ahora quedó diciendo que si una persona gana $833 por encima del mínimo no imponible paga 9% de impuesto, por los $833 adicionales paga 14%, por los $833 adicionales 19% y luego por cada $2.500 adicionales de salario paga 23%, 27%, 31% y 35%. De esta forma, cuando persona gana $10.000 por encima del mínimo no imponible termina pagando la alícuota máxima del 35%. Este abuso es lo que enfurece a los que pagan el impuesto a las ganancias. Lo que el Congreso debe hacer es actualizar esta tabla de forma tal que los alcanzados por el impuesto paguen montos razonables con alícuotas que aumenten con mucha más gradualidad.

En suma, si se quiere tener una sociedad más inclusiva e igualitaria, los salarios más bajos deberían ser eximidos de las cargas sociales y los salarios medios y altos deberían estar alcanzados por el impuesto a las ganancias; pero eso sí, alcanzados por el impuesto a las ganancias con alícuotas mucho más razonables.

En todos los países avanzados, la mayoría de la gente está alcanzada por el impuesto a las ganancias (que allá le llaman, pertinentemente, impuesto a los ingresos) y la mayor parte de la recaudación impositiva viene de esta impuesto. En Dinamarca, donde la presión impositiva es la más alta del mundo (47% del PBI), dos tercios de la recaudación viene de ganancias; en Canadá, donde la presión impositiva es igual que en Argentina (32% del PBI), la mitad proviene de ganancias. En Chile, que todavía no es desarrollado pero ya forma parte del club (la OECD), prefieren tener baja la presión impositiva (21% del PBI), pero un tercio viene por ganancias. 

En Argentina apenas un quinto de la recaudación viene del impuesto a las ganancias y se despliega una tenaz resistencia para pagar menos de ganancias. Esto implica que tienen que seguir siendo los pobres con impuestos al trabajo y al consumo lo que sostengan al Estado; y con inflación si pagar menos ganancias implica aumentar el déficit fiscal.

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