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Los gatos se estaban peleando

Ernesto Calvo
Ph.D. en Ciencia Política, Northwestern University.

Profesor de Ciencia Política (Universidad de Maryland, Estados Unidos). Lic. Ciencia Política (UBA)

Julia Pomares
Directora Ejecutiva de CIPPEC

Doctora en Ciencia Política y Magíster en Política Comparada y en Métodos de Investigación (London School of Economics and Political Science). Lic. en Ciencia Política (UBA). 

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Jue, 29-10-2015
“Los peronistas son como los gatos. Mientras todos piensan que pelean, en realidad se están reproduciendo”. La máxima de Perón no se cumplió esta vez. Es cierto que la candidatura de Aníbal Fernández alienó a algunos votantes y que María Eugenia Vidal hizo una excelente campaña. Pero nada fue más costoso que las defecciones que siguieron a la derrota de Julián Domínguez y a la nominación de Martín Sabbatella.

Dice el viejo apotegma de Perón que los peronistas son como los gatos. Mientras todos piensan que pelean, en realidad se están reproduciendo. No esta vez. Aun cuando Daniel Scioli obtuvo cinco puntos más que Mauricio Macri en la provincia de Buenos Aires, el margen de victoria frente a Cambiemos fue considerablemente menor y María Eugenia Vidal ganó la provincia con un significativo corte de boleta a su favor. 

Hoy los números indican que la segunda vuelta era inevitable y Mauricio Macri tiene mucho que agradecerle al delasotismo. Pero de acuerdo con nuestras cuentas, el sciolismo hubiera estado en alrededor de 41 puntos y el massismo en alrededor de 18 si la contienda electoral de la provincia de Buenos Aires no se hubiera desmadrado. 

Es cierto que la candidatura de Aníbal Fernández alienó a algunos votantes. Es cierto también que María Eugenia Vidal hizo una excelente campaña. Pero los números indican que nada fue más costoso que las defecciones que siguieron a la derrota de Julián Domínguez y las defecciones municipales que acompañaron a la nominación de Martín Sabbatella. Esta vez los gatos estaban realmente peleando y las consecuencias fueron perder la provincia más grande del país. Basta recordar que Aníbal Fernández y Julián Domínguez concentraron un 40% del voto en las PASO contra tan solo 30% de Cambiemos. La pérdida de siete puntos entre las PASO y la general fue una herida auto-inflingida. Una herida que afectaba las mediciones de la campaña, como ya nos habían indicado colegas de las encuestadoras.

Un baño de humildad para “La Borra” y todas las encuestadoras

La noche de las elecciones nadie salía de su asombro en ambos equipos de campaña. No era para menos. No solo las encuestas que fueron liberadas (u operadas) al público daban a Daniel Scioli como ganador por 10 puntos: las propias encuestas internas de los partidos arrojaban números parecidos. La segunda vuelta era una posibilidad cierta, con Daniel Scioli proyectado al filo de los 40 y Mauricio Macri ligeramente por debajo de los 30, pero el margen de victoria era considerado amplio y las posibilidades de un triunfo en primera vuelta eran altas. 

El agregador de encuestas “La Borra” -que publica Andy Tow junto con María Page, Manuel Aristarán y los autores de esta nota- mostraba a Daniel Scioli clavado en 38 y proyectado en 40, mientras que Mauricio Macri había ido cayendo a 28 y era proyectado a alrededor de 30. 

Figura 1: Encuestas agregadas por “La Borra” de Andy Tow, Ernesto Calvo, Julia Pomares, María Page y Manuel Aristarán. Julio a octubre del 2015

Bastion digital Ernesto calvo

Al margen de las operaciones políticas típicas de las campañas electorales, todos los números convergían en valores similares. Las PASO nos dieron muchísima información y sabíamos que Mauricio Macri había tenido solo 24 puntos propios. El resto era prestado. Seis meses de mediciones, que comenzaron a principios de abril, le daban una estabilidad extraordinaria a los números. Y, asimismo, una cadena de elecciones locales confirmaba que las encuestas estaban obteniendo mediciones confiables. 

Los únicos resultados que realmente sorprendieron durante la campaña fueron los de las PASO en la provincia de Buenos Aires, donde Aníbal Fernández estaba proyectado a ganar por más de 10 puntos y terminó derrotando a Julián Domínguez por solo cuatro. Este debería haber sido el primer preaviso de que “no todo estaba bien en Kansas.” 

En el Congreso de ciencia política de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), realizado en Mendoza la semana siguiente a las PASO, Marcelo Escolar aventuró que la interna municipal del peronismo era responsable por la diferencia y que Aníbal Fernández le restaba dos puntos de medición a Daniel Scioli. Uno de los autores de esta nota le retrucó que podía también ser simplemente por efectos de información al tener una boleta tan larga y compleja. Pero la hipótesis del faccionalismo peronista era correcta. Solo la interna de la provincia de Buenos Aires puede explicar los dos puntos de diferencia hacia abajo que no fueron bien medidos por las encuestas.

Si bien la interna del peronismo le sirvió en bandeja la provincia a María Eugenia Vidal y le costó dos puntos a Daniel Scioli, eso no explica los cuatro puntos adicionales que se llevó Mauricio Macri, por encima de lo anticipado por las encuestas. Como muestra la tabla de transferencias de votos (Figura 2), ese plus de Mauricio Macri se debe casi totalmente a transferencias desde el delasotismo y Progresistas, mientras que un par de puntos vinieron de nuevos votantes. Es interesante que estos votos excedentes compensaron con creces las pérdidas dentro de la propia coalición. 

Al igual que observamos en anteriores elecciones con PASO, retener a los votantes de los perdedores de una PASO dentro de la coalición no fue tarea fácil. Eso ocurrió dentro de Cambiemos (aproximadamente 4 de cada 10 votantes no votaron al candidato del PRO), aun cuando el conjunto de movimientos electorales ocultara estas defecciones. Y los votantes de Carrió parecen haber sido menos fieles que los de Ernesto Sanz, pese a la religiosidad de su líder. Pero, en ambos casos, las fugas no fueron hacia otros candidatos (ni candidata, ya que tampoco migraron hacia Progresistas como primera opción), sino que fueron hacia el voto en blanco o la abstención. Más clara fue la fuga de los votantes en el perdedor de la primaria de UNA: votaron a Sergio Massa aproximadamente el 40% de los delasotistas. ¿A dónde fue el resto? Casi íntegramente a Mauricio Macri. Solo el 3% de los votantes del peronista cordobés fueron al peronista bonaerense Daniel Scioli. Es que la matriz de transferencias constata lo que el resultado electoral agregado indica: Daniel Scioli no pudo cautivar el 25 de octubre votantes distintos a los que ya habían votado por él en las PASO. Logró sí captar algunos votantes que no habían ido a votar en las PASO. Mauricio Macri, por el contrario, pescó de todos lados (¡inclusive de Nicolás del Caño!).       

No tan baño de humildad, más bien una ducha cortita

A diferencia de las encuestas de la elección en Canadá hace un par de semanas o de las encuestas del Reino Unido de este año, las mediciones de esta elección no estuvieron tan fuera de rango. Tres puntos de un lado implica estar solo medio punto por afuera del intervalo de confianza; 4 puntos más para Macri que lo estimado está un punto y medio por arriba del intervalo de confianza. 

Sin embargo, la creencia en que una masa de datos tan consistente pudiera estar errada fue tan alta, y la anticipación de los sacudones internos tan difícil de medir, que el resultado sorprendió a todos. No importa que ahora escuchemos voces diciendo que “siempre lo supieron” o que “era de esperar.” 

Es cierto que Aníbal Fernández era un mal candidato y que Martín Sabbatella causaba mucho rechazo entre amplios sectores del justicialismo. Es cierto que María Eugenia Vidal era una buena candidata. Pero pocas dudas caben de que perder la provincia tiene costos enormes para el peronismo a futuro. A partir de diciembre, más de dos tercios de los argentinos estarán viviendo en provincias que no son administradas por el peronismo. Estos números inéditos hablan también de la diferencia sustantiva en recursos que tendrá el justicialismo para mantener sus redes de militancia y mantener a su aparato político. Quizás la interna del peronismo confió demasiado en las encuestas, tanto como lo hicimos nosotros. Quizás no midieron las consecuencias de la pelea de gatos. Esta vez las consecuencias no auguran crecimiento sino crisis partidaria, independientemente de si Scioli gana o pierde la Presidencia.

Figura 2. Matriz de transferencia de votos de la PASO a la elección general presidencial

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a donde fueron los votos 2015

Infografía: Nicolás Abramovich

Nota técnica. ¿Qué son las transferencias de votos y cómo se calculan?

El analisis de transferencias utiliza modelos de inferencia ecológica para estimar el destino de los votos de las PASO (origen) en la elección general (llegada). La inferencia ecológica estima transferencias de votos individuales a partir de los datos agregados al nivel de máxima desagregación disponible (cada mesa de votación). Para analizar los resultados, utilizamos los datos por mesa del escrutinio provisorio (96.000 mesas) y corrimos el modelo de inferencia ecológica de King, Rosen y Taner 

(el libro está disponible en: http://gking.harvard.edu/files/gking/files/ecinf04.pdf?m=1360039040). La tabla muestra la transferencia desde el origen (PASO) al destino (generales). Los datos y el código para correr en R están disponibles aquí: https://t.co/nxuPmn5pAR

 

 

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