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Lecciones de House of Cards

María Celeste Gigli Box
Politóloga. Especialista en open government.

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Mié, 22-01-2014
Este 14 de febrero podrá seguramente ser motivo de ansia para muchos románticos, aunque muchos por aquí lo esperamos para que Netflix nos de una temporada más de House of Cards. No hay duda de que la remake americana nos hizo recuperar las pasiones que un buen thriller político puede dar con soltura. HOC puede dar tres lecciones muy realistas y útiles para quienes no trabajan cerca de la administración del poder.

En estas líneas no haremos un análisis de la serie narrativo, o cinematográfico, y menos aún comercial. La tomaremos con una refinada excusa para hablar de política. Para mostrar a la política en ese único momento en que vale la pena: cuando es acción, cuando deja las ideas diletantes y se vuelve pura práctica. Es de esta labor cotidiana, la de la administración del poder, en la que HOC puede dar tres lecciones muy realistas, y por tanto útiles para quienes no trabajan cerca de ella. Pero antes de esto, señalemos sumariamente dos ventajas de la serie.

Dos ventajas

HOC desobedece con total naturalidad al estereotipo absurdo que supone a los sectores de derechas/republicanos como los que monopolizan la práctica del poder, una suerte de halcones de la política cotidiana que, por su afinidad con la idea de orden (un ‘orden’ entendido de manera muy ingenua) los lleva a ejercer un rol de tal dureza que lo que los politólogos llaman “la política de poder” es la única conducta esperada. Esto sucedería mientras los sectores progresistas/demócratas piensan y actúan como una idealistas bien intencionados (o palomas, para seguir con la analogía anterior), que administran el poder en asambleas más parecidas a grupos de apoyo al mejor estilo Alcohólicos Anónimos. La verdad es que es un soberbio error: los republicanos no son tan ineptos como para manejarse sólo como predadores inflexibles. Diría que son señores y señoras muy inteligentes y formada/os que conocen las ventajas de la negociación y su combinación con la presión. Saben que la política porta unas reglas y pueden tomar decisiones acertadas para concretar a través de ella lo que sus valores demandan. En el campo demócrata la situación no es muy diferente: los progresistas no son meros hippies orgánicos. Ese es su cliché. Podrán ser vegetarianos y tener algún hábito naturista, pero a la hora de manejar el poder saben que tienen que comer carne. Muchas veces cruda. Y otras veces, encima, con la mano. 

HOC nos muestra un diputado demócrata que despliega las artes de la administración del poder, sin reglas que no le pertenecen. Es decir, sin huellas de idealismo bonachón: Francis Underwood, un perfecto liberal sureño, seguramente está legítimamente preocupado por las desigualdades y los demás problemas que desvelan a progresistas. Algo que no queda opacado a la hora de hundir las manos en la basura, como tampoco entra en la más mínima interdicción cuando decide quitarle la vida por un dolor sin sentido al perro de los vecinos (esto también puede ser visto como una medida humanitaria que, desde ya, puede tener un republicano duro. En ese caso, la decisión puede fundamentarse en la misma razón que la de Underwood).

El hecho reside en que hay momentos de la práctica política en que demócratas y republicanos tienen que ser más similares de lo que nos gustaría aceptar, dado que están sosteniendo las reglas de un juego bastante más añoso que ellos, con reglas precisas pero movibles: la construcción o mantenimiento del poder. Son las reglas de este juego, uniformes para ambos equipos, que llevan a Doug Stamper (el secretario / operador de Francis Underwood) a enunciar ante el grupo de Alcohólicos Anónimos para decirle al patético Peter Russo de qué va ese juego: “A causa de mi trabajo, a veces tengo que meterle miedo a los demás. Sé que no está bien, pero tengo que ser despiadado, porque fracasar no es una opción”.

Es posible que a esta altura surja una duda recurrente. Las palabras ‘política’ y ‘poder’ suelen ser utilizadas con poca precisión y muchas veces incluso intercambiadas como sinónimos. Eso conlleva confusiones. Por eso, no está demás remarcar que en las líneas anteriores nos referimos al poder, no a la política. Por eso, hablamos de un juego uniforme, con reglas perennes pero que permiten gran creatividad. Por otro lado, las consideraciones como ‘izquierda’, ‘derecha’, ‘democracia’, ‘consenso’, ‘república’, ‘comunismo’ o ‘ley’ son nociones que no importan a ese juego. Esas categorías son propias de la política (y de la teoría de ella), pero en el juego del poder ellas hacen una diferencia subsumida, mucho más suave de lo que se supondría. Frank Underwood nos lleva por la ruda senda de obtener / mantener / acrecentar el poder. 

Además de desestimar los estereotipos, HOC nos muestra el juego del poder en plena acción. En él, importa más la forma que el contenido. Importan más las artes que la materia. Y si ese juego es planteado como una búsqueda del tesoro, pues la estrategia hasta el botín es infinitamente más importante que el color de la camiseta de los buscadores. En ese juego general, Frank juega varios roles a su interior. Primero, como cartógrafo (es preciso plantear un escenario y conocer varios caminos), luego se transforma en un estratega que debe sopesar los caminos y escoger uno, asumiendo el costo de equivocarse de cabo a rabo. Para hacer que las partes confluyan, Francis deberá cambiar el juego al de una partida de ajedrez, porque echar mano a la táctica implica que él no haga todos los movimientos: podrá mover su peón blanco, pero tendrá que existir otro jugador que haga lo propio con una pieza negra. Es por todo esto que se presenta como un simple plomero que hace fluir los desechos cloacales.

Bajo este esquema, se muestran dos características esenciales del juego: 1) en el primer episodio, Frank señala que el flamante Presidente no le gusta, pero una persona que obtiene setenta millones de votos es, según nuestro esquema, la que ordena el equipo. La que comanda el juego y tiene todo para prevalecer temporariamente en él. 2) En el mismo episodio, Underwood revela una de las estrategias clásicas del juego, hablando en palabras de Donald Trump: “el poder es muy parecido a los bienes raíces. Lo fundamental es la ubicación, la ubicación, la ubicación. Cuanto más cerca estés de la fuente, más alto el valor de tu propiedad. En unos siglos, cuando la gente mire estas imágenes, a quién verán sonriendo justo al filo del cuadro?” [Frank saluda a cámara]. Parece que en el juego del poder las coordenadas de tiempo y espacio son determinantes.

Las lecciones

Ahora sí, pasemos a las tres lecciones que HOC regala para legos en política. Para desarrollarlas, plantearé tres cuestiones: una primera que es típica de la administración del poder (donde la política aparece como telón de fondo a veces, o como parte del ambiente en otras). Una segunda, donde se juega gran parte de la dinámica del poder y de la política por igual. Y una tercera, que hace a la política como espacio sujeto a los vaivenes del poder (cuando éstos se producen tanto por la acción humana como por factores exógenos a ella: catástrofes, crisis externas al espacio en el que nos encontremos, sea un municipio o un país, etc.).

Primera lección, una cuestión muy relacionada con la administración del poder: la lejanía del adversario político en lo cotidiano. En muchas situaciones de la política (esto vale sólo para los cargos ejecutivos, porque los legisladores conviven con otros signos políticos en la labor cotidiana) el partido opositor no es quien ‘está enfrente’ en la puja de poder. La dinámica parece hacer zoom sobre los propios, y son los problemas al interior de una fuerza política los que dan dolores de cabeza. Gran parte de la política se juega en casa. Y cuando se llega al que está afuera, precedieron grandes negociaciones y se limaron toneladas de asperezas en las propias filas. Refrendo narrativo de esto es el hecho de que en la primera temporada de HOC, la palabra ‘republicano’ se menciona sólo dos veces (en el acuerdo que propone Frank al líder de la mayoría David Rasmussen en la cafetería (11’ 07’’ del episodio 4), y cuando preparan la sesión donde se votará la perforación de pozos hídricos).

Tomemos un ejemplo muy evidente para anclar la idea (aunque existen situaciones diferentes donde esto acontece): Tanto cuando una fuerza política o alianza está a cargo de un poder ejecutivo como cuando se está disputando un espacio de poder por fuera de los organismos de gobierno, como la conducción de un colegio profesional, o un centro de estudiantes universitarios: el adversario natural resulta casi una idea abstracta. El trabajo se retrotrae a las propias filas y comienza a jugarse toda una enorme economía de trabas personales e internas ante una decisión/estado de cosas que se quiere alcanzar colectivamente. Pero atención, por ‘cuestiones personales’ no me refiero sólo a lidiar con el ego de los propios, sino que existen pujas de poder concretas y legítimas resultado de la historia del trabajo político de cada integrante de la fuerza política, y otras veces, de promesas realizadas por quienes trabajan en las carreras políticas de otros integrantes más antiguos o con más poder (Frank sufre una contingencia similar cuando es desplazado de la Secretaría de Estado). Este comercio de roles y funciones será concretado en la institución aspirada, pero lo limita la disponibilidad de cargos previamente determinada, bien porque la determina un estatuto, bien por la asignación de cargos a cada fuerza política, o bien porque se cruzó otra lucha de poder que altera el esquema de asignación que se tenía previamente.

Segunda lección, un aspecto importantísimo de la política tanto como del poder. Me refiero a la enorme economía de los favores en sus diferentes formatos: 1) dar algo para poseer a alguien; 2) dar para obtener; 3) dar para mantener la reciprocidad de las relaciones; 4) dar para cambiar una relación poco fructuosa en una que beneficie a ambas partes; 5) pedir en nombre de un vicario (recuerden cuando Frank le pide a Gillian Cole empleada de Claire y egresada de Standford que recomiende al mediocre hijo de Linda Vazquez. Lo enuncia como un favor, solo ‘for Claire and for me’); 6) dar sin tener un objeto definido como contraprestación porque se sabe que la otra parte quedará en deuda (es el caso que teme Frank con la oferta que le hace Remy a Claire en el episodio). Desde ya que este no es un invento de la política. Para nada. Los lectores con interés en el tema pueden leer el Ensayo del Don de Marcel Mauss y los estudios que lo siguieron para conocer las tres obligaciones del acto social: o simplemente, la acción de dar, recibir y devolver. Tres momentos ineludibles del lazo social.

Volvamos a los favores en HOC y en la política. Los favores son, entonces, una de las maneras de mantener/cambiar el rumbo de las cosas hacia el lado en que se quiere que fluyan. En la serie, la importancia de los favores no solamente está representada a la hora de realizarlos: mientras preparan la votación de la perforación de pozos en el episodio 9, Francis los cita como una herramienta de trabajo para conseguir apoyos: en lo que hace a repartir favores: “Hablen con Doug. Si los favores no funcionan, hablen conmigo”. Frank relega al ‘cajero’ la capacidad de otorgar ‘plata’, pero también le pone un límite a su gente: cuando este ‘dinero’ no sirve, hay que tomar medidas más comprometidas y las tiene que conocer el propio Underwood… nada más adecuado.

La esencia de esto es una línea que abre la serie: Toma y daca. Bienvenidos a Washington.

La tercera lección es la más conocida de la política. Existe un principio asumido que afirma que en política, todo es cíclico. No existe el escenario definitivo. Esto se muestra con mucho realismo en HOC. Underwood sufre el arrebato de la Secretaría de Estado pero termina Vicepresidente de Estados Unidos de Norteamérica. La clave de esto es saberlo, y saber desapegarse del éxito y el fracaso. El político de raza, que ha sobrevivido a escenarios completamente diferentes, sabe que la clave está en saber esperar y fluir de uno a otro. En saber capitalizar la derrota para usarla en la victoria y viceversa. Y de ambos escenarios, es preciso estar muy despierto en la derrota, porque allí se verá a quiénes se debe favorecer en la futura victoria y quiénes pueden estar en la lista de suplentes o eliminados del equipo. Además, como dirían las desideratas más antiguas, es allí donde se fortalece el carácter, y otros escenarios cada vez asustan menos.

Dicho todo lo anterior, parece que sólo resta esperar a febrero. Allí veremos el decurso de un Francis Underwood vicepresidente, una Claire haciendo un tratamiento para ser madre y una Zoe asustada por lo que pudo haber precipitado a Russo…todo indica que la serie se tornará aún más poderosa.

Fuente imagen: tvrecaps.eu.com

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