Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

La vida cotidiana de la democracia

Gustavo Maurino
Abogado

Abogado. Especialista en Derecho de Daños de la Universidad de Belgrano, Buenos Aires. Master de la Universidad de Palermo, Buenos Aires. Profesor de Grado y Postgrado en UBA, UP, UNLa y UTDT. Consejero Honrario A.C.I.J.

-A A +A
Jue, 22-10-2015
El valor de una democracia no se define solo por lo que sucede el sagrado día del voto, sino –y fundamentalmente- por la gestión de nuestros asuntos comunes durante los 364 días restantes del año. La democracia tiene una vida cotidiana y nada la define mejor que la manera en que gestionamos esa formidable herramienta de política pública moderna: el Presupuesto, el plan anual de auto-gobierno de la comunidad política. 

En “El Contrato Social”, J.J.Rousseau desliza un mordaz comentario sobre el pueblo inglés: “El pueblo inglés se cree libre. Pero se equivocan, porque sólo lo son durante las elecciones de los miembros del parlamento. Desde que éstas terminan vuelven a ser esclavos”.

Las elecciones (limpias) son condición necesaria, pero no suficiente para una democracia decente, y recientemente la legitimidad electoral del país se ha puesto en discusión, como sabemos. 

Pero siguiendo el estímulo de Rousseau quiero referirme a otro aspecto de la vida política. 

El valor de una democracia no se define solo por lo que sucede el sagrado día del voto, sino –y fundamentalmente- por la gestión de nuestros asuntos comunes durante los 364 días restantes del año.

La democracia tiene una vida cotidiana, de todos los días, y nada la define mejor que la manera en que gestionamos esa formidable herramienta de política pública moderna: el Presupuesto, el plan anual de auto-gobierno de la comunidad política. 

El ciclo presupuestario (elaboración, aprobación, ejecución y evaluación de los ingresos y gastos del patrimonio público) se recorre año, tras año, tras año.

Es tal su importancia que la Constitución organizó la gestión presupuestaria de forma compartida y con dependencia mutua entre Gobierno y Congreso. El Ejecutivo elabora el plan anual, el Congreso lo evalúa y sanciona mediante una ley. El Gobierno ejecuta el presupuesto aprobado por el Congreso, pero debe rendir cuentas ante él, y compete al Legislativo la decisión de aprobar o no sus cuentas. 

Fuera del día de elecciones, nada define la identidad cotidiana de la democracia de un país como la gestión de su presupuesto.

En unos días, el Ejecutivo y el Congreso comenzarán un nuevo ciclo presupuestario. 

Vale la pena analizar qué tan democrático es nuestro presupuesto: ¿Qué tan transparente y participativa es la elaboración y ejecución? ¿En qué medida el gobierno se sujeta a la ley sancionada por el Congreso? ¿Cómo funciona el sistema de rendición de cuentas presupuestario? 

Veamos:

Rendición de cuentas: Las cuentas de inversión se aprueban con demoras extremas, sin mínimo debate, a las apuradas. El caso extremo ocurrió cuando en un sólo día en 2007 se aprobaron 6 cuentas de inversión de años anteriores; pero en este 2015 también el Congreso sacó de su letargo y aprobó súbitamente 5 cuentas de inversión

Y algo parecido ocurre con muchas auditorías realizadas por la Auditoría General de la Nación, que esperan por años un lugar en la agenda parlamentaria. Mucho para mejorar.

Sujeción a la Ley: En el año 2006, el Congreso le concedió al Jefe de Gabinete poderes (conocidos como “superpoderes”) para reasignar discrecionalmente las partidas de gastos establecidas. La ley de presupuesto está en emergencia constante, desintegrándose a sí misma en su función reguladora de la gestión pública, desatando al Gobierno de toda sujeción legal en materia presupuestaria. Reprobados. 

Participación: También aquí tenemos mucho para mejorar. En la fase de diseño realizada por el PEN no existe ninguna posibilidad de participación ciudadana, ni consulta pública. El Congreso Nacional tampoco ha construido una práctica significativa de participación en la fase de discusión-aprobación. Todo lo que tenemos, en cada ciclo, es una audiencia pública con la presencia del Ministro de Economía y una sesión en cada Cámara. Ciertamente son actos importantes. Pero la democracia presupuestaria debería incluir oportunidades de participación ciudadana efectiva, discusiones parlamentarias suficientes con la sociedad civil, con expertos en los diversos campos de la gestión pública, con los grupos sociales, sindicatos, asociaciones empresariales. Las comisiones sustantivas del Congreso están completamente al margen del debate presupuestario. Los ministros y secretarios no concurren al Congreso a debatir el presupuesto de sus áreas. Solo la AGN ha implementado una reconocida experiencia en este campo a través de su “planificación anual participativa”, mediante la que recibe aportes de la sociedad civil al definir su plan anual de auditorías. 

Transparencia: La falta de confiabilidad de las estadísticas oficiales y las crónicas subestimaciones de ingresos derivados de la mala estimación de la inflación afectan la veracidad de elemental información presupuestaria. Es una práctica que resulta imperioso modificar. 

En el umbral de la transparencia presupuestaria está el acceso a la información. Aquí no todo está perdido. Es cierto que Argentina suele encontrarse entre los países menos transparentes del G20 en materia presupuestaria -conforme el prestigioso Índice de Presupuesto Abierto, que realiza I.B.P.

Tenemos un amplio campo para mejorar la disponibilidad, desagregación (por ejemplo, sigue siendo casi imposible identificar si el presupuesto para salud mental cumple la exigencia legal del 10%, o seguir el destino de tributos con afectación específica) y accesibilidad de la información presupuestaria (prácticas como las del “presupuesto ciudadano”, entre otras, que no serían difíciles de implementar).

Si pasamos de los procesos a los resultados, de la democracia a la justicia, la cuestión presupuestaria no es mejor. La realización de los Derechos Fundamentales no es una prioridad presupuestaria. La exigencia de destinar el “máximo de los recursos disponibles” a la realización de los derechos, contenida en las Convenciones de Derechos Humanos no tiene eco alguno en las dinámicas presupuestarias.

Por una auspiciosa coincidencia del calendario en estas semanas la Argentina concurrirá a las urnas y definirá en el Congreso su próximo presupuesto. Cegados con el día de elecciones, relegamos el presupuesto al último cajón de prioridades. Nuestra libertad política, creemos, se juega en el voto. Pero Rousseau nos advierte contra esa errada percepción. Se juega cada día.

El hiperpresidencialismo, la arbitrariedad, opacidad y el clientelismo presupuestarios son probablemente más expandidos y profundos que en otros aspectos de la vida institucional argentina. La democracia presupuestaria todavía aguarda ser descubierta.

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo