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La UCR y las coaliciones electorales

María del Pilar Lemos Arias
Estudiante de Ciencia Política (UBA)

Miembro del Grupo de Investigación en Ciencia Política (GICP) "Coaliciones políticas en América Latina: Análisis en Perspectiva Multinivel".

María Balázs
Estudiante de Ciencia Política (UBA)

Miembro del Grupo de Investigación en Ciencia Política (GICP) "Coaliciones políticas en América Latina: Análisis en Perspectiva Multinivel".

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Lun, 21-09-2015
En su afán por sobrevivir como partido político relevante, la UCR ha puesto a disposición de la causa nuevas formas de actuación y nuevos aliados políticos, transformándose en un “partido atrapa-todo”, que busca la obtención de votos a través de una menor ideologización. Sin embargo, el resultado de las PASO desnudó su debilidad. 

En las pasadas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), presenciamos un nuevo escenario en lo que concierne a la Unión Cívica Radical. Su precandidato a Presidente, Ernesto Sanz, obtuvo tan sólo el 3.4% de los votos, porcentaje que lo dejó fuera de la carrera por la presidencia, y que reflejó la debilidad de la UCR para posicionar a un candidato competitivo propio. Sin embargo, este suceso puede ser explicado a partir de la revisión y el análisis del desempeño electoral de la UCR en las últimas elecciones nacionales y provinciales.

La caída del gobierno de coalición de la Alianza en el 2001, produjo un profundo debilitamiento político y partidario dentro del radicalismo. El partido perdió gran parte de su base de apoyo y de la legitimidad que había logrado construir desde hacía más de un siglo. La UCR tuvo grandes dificultades para superar la imagen que la crisis le había asignado. Por este motivo, tuvo que abandonar parte de sus raíces de apoyo para poder ampliar su horizonte a nuevos electorados. Así fue como cedieron parte de su contenido ideológico en pos de continuar siendo un actor político relevante. Para ello utilizaron diversas estrategias, pero entre ellas, la más utilizada fue la de formar coaliciones electorales para elecciones de distintos niveles, ya sea municipal, provincial o nacional. 

Para las elecciones presidenciales del 2003, la UCR decidió presentarse en solitario y con candidato propio. Pareciera ser una estrategia razonable teniendo en cuenta el recuerdo latente – también manifiesto – del fracaso de la Alianza. Sin embargo, esta estrategia no le fue beneficiosa, ya que el partido obtuvo sólo el 2.34% de los votos, y en ningún distrito electoral obtuvo el primer lugar el candidato a presidente de la Unión Cívica Radical. 

La estrategia a nivel provincial fue diferente. En diecisiete provincias se presentó formando coaliciones diferentes en cada distrito electoral, pero sólo cinco resultaron ganadoras (Catamarca, Chaco, Mendoza, Río Negro y Tierra del Fuego). Lo que  podría explicar el triunfo de la UCR en estas cinco provincias es la no concurrencia entre las elecciones del nivel nacional y el provincial. Esto permite entender al partido como una organización que puede tener distinto desempeño de acuerdo al nivel de competencia política: puede ser débil a nivel nacional, pero no necesariamente también a nivel provincial. Asimismo, esto le permite a las filiales provinciales de la UCR cierta libertad y diferenciación con el nivel nacional, pudiendo evitar correr la misma suerte que sufrió el partido a nivel nacional. 

Para las elecciones nacionales del 2007, la estrategia seguida por el radicalismo fue diferente. La continuada debilidad del partido, acrecentada por el mínimo porcentaje de votos que había logrado Leopoldo Moreau en las elecciones del 2003, definió la necesidad de renovar sus estrategias electorales. Así fue como surgió la Concertación por una Nación Avanzada (UNA), llevando como candidato presidencial a Roberto Lavagna, quien provenía del Partido Justicialista. Al intentar captar una pequeña facción del peronismo no kirchnerista, logró aumentar un 14.57% del total de votos respecto del  resultado de las elecciones del 2003. De esta manera, el radicalismo se posicionó en el tercer puesto de los resultados electorales con un 16.91% del total de los votos. En el nivel subnacional, solo triunfó en dos ocasiones, Eduardo Brizuela del Moral obtuvo la reelección en Catamarca, y en Río Negro, la coalición Concertación para el Desarrollo, con Miguel Saiz a la cabeza, triunfó con el 47,29% de los votos, mientras que el Frente para la Victoria obtuvo el 40,83%. Sin embargo, el radicalismo no sólo no pudo mantener la gobernación de las otras tres provincias, en donde había ganado en 2003, sino que tampoco superó el 25% de los votos para el cargo de gobernador en más de la mitad de las provincias. Incluso, en siete de ellas no llegó a superar siquiera el 5%. Este resultado puede entenderse, también, al observar el buen desempeño del Frente para la Victoria/Partido Justicialista a nivel nacional, lo que pudo haber provocado un “efecto arrastre” en el nivel subnacional.

En el 2011, el radicalismo continuó con la estrategia de años anteriores, y así fue como formó la alianza Unión para el Desarrollo Social (UDESO), presentando a Ricardo Alfonsín como candidato a presidente. En esta ocasión, la estrategia tampoco fue productiva. El porcentaje de votos descendió en un 5,77% en comparación al año 2007, obteniendo nuevamente el tercer lugar con un 11,14%. Esto podría explicarse a partir de la creciente fortaleza del peronismo, en general, y del Frente para la Victoria, en particular, tanto a nivel nacional como provincial. Los partidos de base peronista obtuvieron diecisiete gobernaciones en juego; y dentro de estas, trece fueron ganados por el Frente para la Victoria. 

Para la UCR la formación de coaliciones en el nivel provincial tampoco obtuvo resultados positivos. De dieciocho armados institucionales que llevó a cabo el radicalismo junto a otros partidos, sólo uno de éstos logró triunfar. Este fue el caso del Frente Progresista, Cívico y Social en Santa Fe. El radicalismo no pudo mantener las gobernaciones de Catamarca ni de Río Negro, que había obtenido en 2003 y 2007, y nuevamente, en más de la mitad de los distritos electorales en juego, la UCR y sus aliados no lograron superar el 25% de los votos.

Analizando los números y porcentajes que obtuvo en cada provincia, en cada elección, vemos que ésta no ha sido una salida exitosa a su debilidad política. Si observamos los porcentajes obtenidos por el radicalismo de forma aislada, podemos decir que, en general, han sido bajos. A la hora de analizarlos en forma comparada, indagando sobre el porcentaje alcanzado por otros partidos, vemos que su desempeño es aún peor, debido a que ha obtenido porcentajes muy bajos en relación a los otros partidos. Asimismo, su desempeño ha ido desmejorando elección tras elección. En 2003, la UCR consiguió cinco gobernaciones, pero luego decreció en dos en 2007, y tan sólo en una en 2011; y en ninguno de esos años logró tener una buena elección a nivel nacional, alcanzando como máximo el tercer puesto en 2007 y 2011. 

Por último, en las elecciones nacionales PASO del 2015, la Unión Cívica Radical junto a los partidos Demócrata Progresista, Conservador Popular, la Coalición Cívica, Afirmación para una Republica Igualitaria, y el PRO, conformaron la alianza “Cambiemos”. La coalición obtuvo el segundo puesto con un 30.1% del total de los votos. Sin embargo, dentro de ese total, el candidato más votado fue Mauricio Macri del PRO, quien obtuvo el 24.3%, mientras que Ernesto Sanz, candidato de la UCR, alcanzó tan sólo el 3.4% de los votos del total.

Vemos que, en su afán por sobrevivir como partido político relevante, haciéndole frente a la vulnerabilidad iniciada con la caída de la Alianza, y postergada elección tras elección, ha puesto a disposición de la causa nuevas formas de actuación y nuevos aliados políticos. Al hablar de coaliciones, hay quienes creen que la unión debe darse entre aquellos partidos con intereses similares y que tengan una pequeña distancia ideológica entre sí. Sin embargo, al remitirnos a los casos particulares de formación de coaliciones, podemos ver cómo hay quienes se unen sin ser partidos tradicionalmente afines. La voluntad de obtener cargos hace posible que dos o más partidos disminuyan su distancia ideológica para poder lograr su objetivo. Las coaliciones, hoy en día, expresan menos clivajes sociales que elecciones de líneas divisorias definidas por los dirigentes en función de sondeos y encuestas de opinión. Por consiguiente, parece tener más peso el beneficio mediático inmediato que el beneficio institucional en el mediano y largo plazo. Es por esto que creemos que podría entenderse este viraje de la UCR como una transformación hacia un “partido atrapa-todo”, teniendo como objetivo la obtención de votos, a través de una menor ideologización, de mayor apertura del partido a la influencia de los grupos de interés, de una pérdida de peso político de los afiliados, y de relaciones más débiles entre el partido y su electorado. 

Todos estos motivos explicarían el escaso porcentaje de las recientes elecciones. Sin embargo, a pesar de los insuficientes resultados que expusimos anteriormente, el suceso más determinante consiste en que las PASO dejaron al descubierto la continua debilidad de la UCR, al suprimir de la competencia electoral al candidato radical, Ernesto Sanz, quien, no sólo no ha podido disputarle el poder al peronismo, sino que no ha podido superar en votos a los otros candidatos de su alianza para poder participar en las elecciones generales del 25 de octubre. 

Elecciones presidenciales de la Unión Cívica Radical (2003-2015)

 
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