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La identidad que no podemos cambiar

Leandro Ucciferri
Abogado y Investigador en Asociación por los Derechos Civiles

Es abogado por la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Morón (UM) graduado en el año 2015. Es parte del equipo docente de la cátedra de Derecho Informático de la Licenciatura en Sistemas de Información de las Organizaciones en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Apasionado por la tecnología e Internet, escribe profesionalmente al respecto desde el año 2012 y aboga por la defensa de la privacidad en la era digital.

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Mar, 16-05-2017
Miramos nuestro smartphone a primera hora de la mañana para revisar el clima y nuestra lista de tareas para el día. Durante el desayuno, leemos las noticias y nos enteramos de lo que está sucediendo en el resto del mundo. En nuestro viaje al trabajo o a la universidad, nos desplazamos a través de nuestras cuentas en redes sociales para saber en qué andan nuestros amigos, familiares y conocidos. Podemos descargar una nueva aplicación, o escuchar una nueva canción.

Podemos hacer todo esto, de forma rápida y sencilla, simplemente pulsamos nuestro dedo en el lector de huellas digitales del smartphone para desbloquearlo, comprar una aplicación o revisar el home banking. Sin darnos cuenta, nuestra identidad biométrica se ha fusionado con nuestro dispositivo electrónico más personal.

La introducción de la biometría en tecnologías de consumo ha cobrado un salto exponencial en los últimos años, lo que ha tenido como resultado la normalización de la misma en un gran porcentaje de la población que utiliza estos dispositivos cotidianamente.

La biometría es el proceso por el cual se busca reconocer, autenticar, e identificar a una persona, en base a sus características biológicas (el ADN y la sangre), morfológicas (la forma de la mano, la huella palmar, las huellas dactilares, los patrones de las venas, el rostro, el iris, la voz, y las orejas) o de comportamiento (la manera y postura al caminar, la firma, y hasta el tipeo en el teclado). Es decir, características que están irrevocablemente relacionadas con la identidad de una persona.

El mercado de la tecnología de biometría se ha convertido en uno de los más lucrativos del mundo, no solamente por su aplicación en dispositivos móviles (smartphones con lectores de iris, rostro y huellas dactilares), sino cada vez más en servicios web (principalmente reconocimiento facial y de voz). A pesar de ser presentada en ocasiones como una tecnología infalible, la biometría no está exenta de ser vulnerable.

El informe “La identidad que no podemos cambiar” busca explorar estos aspectos y plantear algunas de las preguntas que debemos hacernos para poder comprender mejor el rol que tiene esta tecnología en la sociedad, y fundamentalmente cómo la misma puede terminar por convertirse en una herramienta capaz de afectar derechos humanos.

El título del informe es originado por dos aspectos elementales que hacen a problemas intrínsecos de la biometría. Por un lado, nuestra información biométrica es mayormente pública, salvo el ADN, las características biológicas y fisiológicas del ser humano carecen de secretismo alguno. Por otro lado, un dato biométrico es prácticamente imposible de ser reemplazado. ¿Cómo generamos nuevas huellas dactilares para nuestros dedos? ¿Un nuevo rostro? ¿Una nueva voz? ¿Un nuevo iris?

Expertos de diversas disciplinas han realizado estudios que abordan las vulnerabilidades de ciertas tecnologías de identificación biométrica, desde la extracción de huellas dactilares a partir de fotografías y objetos que tocamos en nuestro paso a diario, con la consecuente falsificación de esas huellas dactilares; hasta los problemas de precisión de los sistemas de reconocimiento facial, los cuales pueden llevar a prácticas discriminatorias por motivos étnicos y raciales.

Esto pone de manifiesto la irrefutable categorización de los datos biométricos como una especie de dato sensible dentro del género de los datos personales, ya que las precisiones y garantías sobre el tratamiento de este tipo de datos deberán ser consideradas cuidadosamente. El reconocimiento de los datos biométricos como dato sensible es un debate que aún se encuentra pendiente. En tal sentido cabe preguntarnos ¿Cuáles son los nuevos desafíos que plantea la identificación de personas a partir de estos datos para evitar caer en prácticas discriminatorias? ¿Cuáles son las garantías planteadas por el Estado para evitar que estos sistemas se vuelvan herramientas de segregación o sean utilizados exclusivamente contra determinados grupos sociales?

Los datos biométricos no son utilizados solamente por privados con fines de lucro, sino que actualmente, los Estados son uno de los principales actores que cuentan con bases de datos biométricos de sus ciudadanos. Ahora bien, ¿cuáles son las salvaguardas que se toman para evitar la manipulación y adulteración de esos datos almacenados? ¿Qué tipo de garantías se deben establecer para asegurar la integridad de los datos obtenidos?

Uno de los objetivos de nuestra investigación es traer a la luz una de las temáticas menos debatidas en nuestra sociedad, pero que presenta grandes inquietudes para el ejercicio y desarrollo de las libertades individuales de las personas. El Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad (SIBIOS), introducido en el año 2011, basado en una lógica de seguridad y prevención del delito.

Retomamos de esta manera el trabajo iniciado por la ADC en años anteriores, profundizando y actualizando la información, explorando qué datos son recolectados por SIBIOS, cómo es su proceso de recolección, qué organismos y provincias forman parte del Sistema, cuál es la tecnología utilizada tanto por el Ministerio de Seguridad como por el Ministerio del Interior, y algunos de los usos del Sistema en la práctica.

El informe muestra que, a pesar de la poca información pública que hay al respecto, SIBIOS se ha encontrado en constante expansión, implementándose prácticamente en la totalidad de las provincias del país, y recientemente con expectativas de ampliarse a organismos dependientes del Poder Ejecutivo y Judicial en todas las jurisdicciones del país.

El uso de sistemas de identificación biométrica, y particularmente SIBIOS en Argentina, se encuentran revestidos de un manto de opacidad característica de las instituciones tradicionales del ámbito de inteligencia y militar, lo cual se encuentra arraigado en el nacimiento de las políticas de identificación de los ciudadanos. La falta de transparencia en cómo el Estado utiliza estos sistemas, cómo se resguarda la información y los datos biométricos almacenados en las bases de datos, cuáles son los estudios en los que se sustentan las decisiones de adopción de tecnología, cuáles fueron los parámetros de consideración para la adquisición de las soluciones tecnológicas, son preguntas que tienen respuesta pendiente.

Todas las respuestas a estos interrogantes deberán tener en consideración los elementos previstos en la Constitución y los principales tratados internacionales de derechos humanos. Cualquier interferencia por parte del Estado debe estar basada en fuertes fundamentaciones, sustentadas en datos duros y diagnósticos serios e independientes, a fin de cumplir con las condiciones de necesidad y proporcionalidad requeridas para la legitimidad de toda medida que pretenda limitar derechos fundamentales.

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