Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

La grieta española: el 1-O en tiempo de descuento

Martín Gonzalez Araujo
Economista / Periodista

-A A +A
Mié, 20-09-2017
El referéndum independentista en Cataluña plantea uno de los más complejos desafíos para la democracia de España desde la Transición. ¿Nace un nuevo Estado? Aquí, las claves.

Cataluña independiente, ¿hay que reimprimir el atlas?

Es la idea que está dando vuelta hoy en Barcelona y alrededores. Para el 1º de octubre, el gobierno catalán pretende hacer un referéndum vinculante, por fuera de la Constitución y sin el acuerdo con el resto de España.

¿Sería ilegal este plebiscito entonces?

La base del referéndum está armado sobre una ley local, aprobada a las apuradas y con algunas tretas administrativas para no discutirse con la oposición. Todas las leyes catalanas basadas en la consulta soberanista, la desconexión con España y la transitoriedad de la legislación fueron vetadas por el Tribunal Constitucional español. Más allá de eso, la Generalitat desconoce la orden judicial y sigue con su proceso.

¿Catalanes versus españoles, frente a frente?

Al menos, la parte política sí. Por el lado de la sociedad, empieza a existir una suerte de grieta entre familiares, amigos y conocidos; en muchos casos, para evitar rispideces, es un tema tabú. Desde 2012, es la clave de la agenda política catalana, acorde con las intenciones independentistas. Para indecisos, indiferentes y pro españoles, existe una saturación de noticias y disputas al respecto. Políticamente es un choque de trenes: los miembros del Govern catalán siguen fieles a su plan independentista más allá de las trabas y las desprolijidades administrativas, logísticas y hasta ideológicas.

¿Qué hace el gobierno de Rajoy?

Mariano Rajoy siempre le dio la espalda a este conflicto en su etapa emergente, allá por 2012, amparándose que la Constitución impide cualquier tipo de consulta secesionista, como propone el gobierno de Carles Puigdemont. Detrás de este costado legalista también trabaja el Tribunal Constitucional, que frena todo avance catalán. Más allá de eso, Rajoy apeló a que Puigdemont y sus aliados nunca se animarían con el referéndum y mantuvo su táctica silenciosa, a la espera del desgaste. Mientras tanto, la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría salió de la primera escena política y se reúne constantemente con distintos actores de poder en Cataluña, en particular los empresarios, en su mayoría contrarios a la independencia.

¿Tiene más herramientas para frenar esto?

El botón rojo de este proceso está en la Constitución española: el artículo 155. Este punto es el típico artículo de excepción que se dicta sin pensar que algún día se usará. Consiste en intervenir directamente en la autonomía, como ocurre en Argentina cuando el gobierno central pasa a administrar una provincia hasta que se reestablezca el orden. El Partido Popular está dispuesto a usarlo, mientras que el socialismo lo negaba inicialmente aunque con el tiempo se desdice a medida que se agrava la situación. Se verá el día 1 ó 2 si se estrena el uso de este artículo.

¿Y el diálogo?

Ambas partes apelan al diálogo y se quejan de la falta de él. Ambas partes se niegan a ceder posiciones: los políticos catalanes quieren consulta e independencia, y el gobierno central apela a que el referéndum no se haga como primer paso para negociar.

Siendo ilegal la consulta, ¿cómo se sostiene económicamente?

Dado que la calificación crediticia de Cataluña es de bono basura y la de España es grado de inversión, la comunidad se financia a través de un fondo nacional para las autonomías y regiones. Por esta razón, frente a los avances, el gobierno nacional apela a controlar y auditar los gastos hasta el menor grado, así como evitar girar dinero que se usen para otros fines que los planteados en el presupuesto.

Siendo ilegal, ¿cómo se promueve en el público?

Primero, el gobierno catalán apeló a tener funcionarios convencidos del proceso independentistas hasta las últimas consecuencias.  Segundo, fruto de lo anterior, terminó haciendo purgas en altos cargos y aún en mandos medios administrativos como la policía autonómica (los Mossos d’Esquadra) y hasta en el servicio de emergencia telefónico. Aun con esas convicciones, apelan a que los alcaldes de los distintos pueblos y ciudades habiliten las escuelas para que se pueda votar, pero corren riesgo de ser procesados penalmente. De esta manera, el Govern promovió a la ciudadanía a que insten en las calles a sus intendentes a que cedan lugares públicos para votar: ¿recuerdan la palabra “escrache”?. Como último escalón, las autoridades de mesa pueden tener cargos por participar en algo ilegal, por lo tanto serán presidentes electorales aquellos muy convencidos del proceso de separación. Por último, es todo un enigma cómo se compraron las urnas, cómo imprimir las boletas, bajo qué censo se puede armar el padrón y qué autoridad electoral supervisará el escrutinio.

¿Pero no habían intentado una consulta parecida hace años?

El 9 de noviembre de 2014 (9N) se hizo un proceso participativo como una alternativa a lo que se plantea actualmente. A la larga, fue una manifestación soberanista con urnas y una votación parcial donde participó el 37% del padrón y el independentismo obtuvo el 80%. Posterior a ello, se abrieron procesos judiciales contra el ex gobernador Artur Mas y demás funciones, que dio lugar a cuestiones victimistas.

¿Son independentistas los catalanes?

Existen cuatro grupos: los soberanistas, con orgullo catalán desde hace décadas; los que son más catalanes que españoles pero algunos pragmáticos frente a la independencia según las circunstancias; los igualmente españoles y catalanes; y los netamente españoles. Los primeras dos partes independentistas no superan la mitad de la sociedad, pero son más orgullosas y explícitas en las manifestaciones. Las partes más españolas son una mayoría simple, pero es más pragmática y menos ruidosa en su accionar. Con respecto a la distribución geográfica, en Barcelona se suele optar por quedarse en España, mientras que en las provincias de Gerona, Lérida y Tarragona flamean las banderas esteladas, simbólicas de la separación.

¿Si no son independentistas, por qué su gobierno lo es?

Posterior al 9N, en 2015 hubo elecciones autonómicas y se apostó al formato de plebiscito: se buscaba considerar los votos de partidos independentistas como un “sí”. Los rivales catalanes como el conservador Convergencia de Catalunya y el izquierdista Esquerra Republicana se unieron en las urnas con el lema único Junts pel Sí (Juntos por el Sí). Aparte de esa agrupación, está el partido antisistema CUP (Candidatura de Unidad Popular), que apela a romper con España y con Europa. Entre todos los grupos soberanistas sumaron el 47%, pero por ley electoral y repartos de diputados por provincia obtuvieron el 53% de los escaños. Con esa mayoría de sillas pero no de votos, aun asi alentaron a ese proceso. De ese gobierno, surgió el presidente Carles Puigdemont, antiguo alcalde de Gerona, que surgió a último momento tras el rechazo a la investidura de Artur Mas.

¿Y qué opina la oposición política catalana?

La oposición está muy dispersa, acorde con el panorama nacional. El Partido Popular de Rajoy y el centroderecha Ciudadanos son netamente pro España y niegan cualquier diálogo que incluya consultas, independencias y atribuciones extras para Cataluña. Los socialistas, hoy en fase de rearmado, no saben definir su papel: tienen buen caudal de votos catalanes, ideológicamente pueden simpatizar con el derecho a decidir pero sin independencia, y se enredan en definiciones confusas en que España es una “nación de naciones”. El partido de Pablo Iglesias, el entre izquierdista y populista Podemos, se maneja pragmáticamente de acuerdo a su potencial electorado: habla de derecho a decidir, quedando bien con su público ya que saben que legalmente la consulta no es viable. Entre los cuatro partidos no logran una opinión conjunta: las trabas a nivel nacional se extienden cuando están en Cataluña.

¿Son tan distintos los catalanes que el resto de los españoles?

Va más allá del simplismo argentino de unificar a los españoles como “gallegos”. Cada región de España es diferente tanto geográfica como socialmente. El carácter de cada región lleva más que generaciones en formarse, quizás siglos. Por el lado de los catalanes, se diferencian del resto por ser más urbanos, vanguardistas y mundanos. Además disponen de un idioma propio, el catalán utilizado en toda la región y en zonas de Valencia y de Mallorca.

Acaso no es la primera vez que se habla de una parte de España que se quiere independizar, como ocurría con el País Vasco.

El soberanismo vasco y catalán nacen como una resistencia al franquismo, con su nacionalismo castellano y su lema “España, una, grande y libre”. Muerto el dictador, el independentismo vasco apeló a la violencia a través de ETA, hasta que en 2011 la banda decidió la finalización de su accionar. Más allá que existían partidos conservadores e independentistas en el País Vasco, todo debate se veía empañado por los atentados de ETA. Por el lado catalán, apelaron a una diferenciación cultural entre España y la región, con algunos costados más cercanos a Francia y con algunos rechazos de identidad española, como por ejemplo la suspensión de las corridas de toros en el territorio.

Yendo hacia atrás, los catalanes y el resto de España no se tienen mucha simpatía, ¿no?.

A nivel del ideario popular, existe esa brecha sobre lugares comunes bien catalanes y españoles, que puede resumirse en el clásico Real Madrid versus Barcelona. Más allá de esas diferencias, en el plebiscito de aprobación de la Constitución de 1978, en Cataluña se aceptó por amplia mayoría una Carta Magna que impedía el derecho de autodeterminación que hoy pide la comunidad autónoma. Igualmente, durante casi 30 años, tanto el Partido Socialista (Felipe González) como el Partido Popular (José María Aznar) gobernaron con participación del conservador Convergencia de Catalunya, que obtenía beneficios al negociar gobernabilidad central a cambio de recursos para la zona. Estos presidentes, como también Rodríguez Zapatero, cedieron a presiones de los catalanistas hoy soberanistas.

Si podían negociar, ¿cuándo se rompió todo?

Hacia 2005, sólo el 15% pedía la independencia de Cataluña. Gran parte de la distancia entre ambas partes se dio en 2010 cuando el Tribunal Constitucional rechazó parte del Estatuto de Cataluña, ante un recurso pedido por Mariano Rajoy. Zapatero había dado muchas competencias a las comunidades como la educación y la sanidad, así como su apoyo total al Estatut que se redactase, que consideraba a la autonomía como “una nación”. Rechazado judicialmente, existía un caldo de cultivo que se agravó en 2012 en plena crisis económica, cuando el presidente catalán Artur Mas pidió negociar recursos con el gobierno central y Rajoy negó todo tipo de aporte, obligando a la comunidad a hacer recortes presupuestarios. A su vez, brotaron en esos años denuncias de corrupción contra los principales políticos de Convergencia, en particular para la familia de Jordi Pujol, caudillo catalán desde la época de la Transición democrática.

¿O sea que es algo netamente político?

Hay mucho de política en esto. El partido de los Pujol se desintegra y se reinventa como independentista. Otras agrupaciones de izquierda como Esquerra Republicana, independentistas y antes poco significativas, se quedaron con buena parte del electorado socialista, que pagó el costo político de la crisis por la gestión de Zapatero. Amenazado a perder su hegemonía, Convergencia recurrió a todo juego dialéctico de confrontación y victimismo, primero con Artur Mas y posteriormente con Carles Puigdemont.

Si hay grieta, hay relato, ¿no?. Por ejemplo, “España nos roba”.

El relato catalán busca equipararse al italiano “Milán ahorra, Roma reparte y Nápoles gasta” en una versión entre Barcelona, Madrid y Sevilla. Este concepto está alejado ya que la distancia entre las tres ciudades españolas es mucho menor. Es sabido que Cataluña es industrial y principal destino turístico, por lo tanto suele ser aportante al estado de bienestar español. Pero hay que dejar en claro que el mal manejo catalán reciente llevó a que el Fondo de Liquidez Autonómico tenga a esta región como principal deudor. Detrás de los relatos posibles, también existen relecturas históricas sobre el origen de Cataluña en el año 1100 antes de formar parte del Reino de Aragón y ya también variantes menos creíbles como que Cristóbal Colón era catalán y no genovés.

¿Se sabe cómo será Cataluña como país?

Los políticos se manejan con mucha ambigüedad sobre cómo separarse de España. Mientras tanto, se está con la visión romántica que estará mejor sin España ya que es parte del problema.

¿Cataluña tiene apoyo de Europa y de la comunidad internacional?

El Eurogrupo rechaza de plano cualquier creación de nuevas naciones. El solo aval de Europa a Cataluña daría pie a que broten los nacionalismos regionales que hoy existen en Italia, Francia y Bélgica, por citar algunos. El ingreso de Cataluña precisa la aceptación unánime de sus miembros y España seguramente diría que no. A nivel internacional, el Govern catalán montó un ministerio exterior y el presidente Carles Puigdemont realizó giras al exterior, que no contó con ningún tipo de apoyo internacional.

¿Y los catalanes serán europeos?

Sí, porque mantendrán la doble ciudadanía española y catalana al mismo tiempo. Cuando se trata de ver cómo implementar la separación, el gobierno catalán es ambiguo en su explicación pero también apela a que sus ciudadanos tengan los beneficios de ser españoles.

¿Cómo se mezcla esto con los atentados de Barcelona y Cambrills?

Los atentados yihadistas en plena rambla y en la costa son hechos independientes con respecto al soberanismo. Más allá de las muestras de solidaridad del Rey y del gobierno central, el clima secesionista no se frenó ni siquiera en el acto de duelo y a los pocos días Carles Puigdemont daba señales que el proceso de consulta no se iba a frenar. Y así fue.

La pregunta que se hacen todos: ¿Barcelona, en qué liga jugará?

Es cierto que toda discusión cotidiana sobre Cataluña redunda en esta pregunta. Inicialmente, como parte de la ambigüedad de la doble nacionalidad, apelaban a seguir en la Liga española. Después apuntaban a participar en la liga francesa: si existe un equipo extranjero como el Mónaco, ¿por qué no el Barcelona? Y se sumó otra pregunta: ¿qué liga no quisiera tener a un equipo como el Barca?

¿Qué pasará el 1º de octubre?

Más allá de las detenciones y allanamientos que haga el gobierno central, habrá una suerte de manifestación altamente masiva para expresar la voluntad de independencia. Quienes rechazan una Cataluña libre es muy probable que no asistan a esa consulta. De esa elección, su valor retórico dependerá del porcentaje de concurrencia. El gobierno central buscará controlar la situación, coaccionará en caso que deba hacerlo y la duda estará si aplica el artículo 155. Con cada traba que se imponga desde Madrid, el gobierno catalán apelará a un discurso victimista. Aun así, con todas las hipótesis que puedan surgir, es impredecible saber qué podrá ocurrir ese día.

¿Qué pasará el 2 de octubre?

Si es difícil predecir el día 1, el día después será más complicado. El mercado da por descontado que no existirá una república catalana como cita Puigdemont. A partir de ahí, intervenida o no Cataluña, el choque de trenes deberá ceder, la fiebre deberá bajar. Lo más probable que se llamen a elecciones autonómicas para los siguientes meses, donde Esquerra Republicana quiera quedarse con el lugar de su hoy socio y antiguo rival, Convergencia de Cataluña. El presidente Rajoy apelará a que el tiempo, su constante aliado, termine equilibrando la situación. Tarde o temprano, llevará tiempo recomponer las relaciones entre Cataluña y el resto de España. La situación existente en estos días es una de las más complicadas para esta democracia de 40 años.

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo