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La economía de Prat-Gay

Marcelo Capello
Presidente de IERAL de Fundación Mediterránea

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Mar, 27-12-2016
Alfonso Prat-Gay era el más keynesiano del equipo económico y principal sostenedor del gradualismo, complementado por una muy buena sintonía con los mercados internacionales de deuda. ¿Existirá ahora una política más apurada en bajar el déficit fiscal? Seguramente habrá anuncios e intentos, pero difícilmente existirán grandes cambios en la estrategia en un año con elecciones.

La salida de Prat Gay del gabinete no deja de sorprender, porque había resultado exitoso en varias de las tareas que se le encomendó, como la salida del cepo cambiario (compartido con el BCRA), la salida del default, el reingreso a los mercados internacionales de crédito y el proceso de sinceramiento fiscal o blanqueo de la economía, actualmente en progreso. 

También se le endilgan algunos supuestos errores, como el manejo del primer proyecto oficial de reforma de Ganancias a fines de este año, que logró unificar momentáneamente a una porción importante de la oposición y finalmente debió ser modificado en acuerdo con los gobernadores. Además se le atribuye ir demasiado lento con la reducción del déficit fiscal, que inclusive aumentó en el primer año del nuevo gobierno, y en principio el año entrante mostraría una muy leve baja. 

Al ministro saliente le tocó bailar con la más fea, el primer año de la gestión, en que decisiones necesarias para volver al equilibrio en ciertas variables claves de la economía, como la suba del tipo de cambio oficial o la reducción de subsidios económicos (aumento de tarifas), indefectiblemente afectarían el poder adquisitivo de la población de ingresos fijos, y por esa vía el consumo y la producción. En gran medida esa etapa está concluida, de modo que el sucesor encontrará un camino más allanado en tal sentido. Debió soportar, además, un contexto externo poco favorable, en que el PIB de los principales socios comerciales creció menos del 1% en 2016.

Tres factores incidieron negativamente sobre la actividad en 2016, y lo hicieron básicamente todo el año: Caída del salario real, reducción de la obra pública y de las exportaciones a Brasil. El factor positivo más importante lo generó el campo, pero éste comenzó a traccionar más fuertemente recién al final del primer semestre, y en el segundo. El resto de los factores positivos (recuperación de la obra pública, efectos del blanqueo impositivo sobre la construcción) comenzaron a actuar recién hacia el final del año. Pero dichos factores positivos resultarán favorables en gran parte de 2017, y Brasil podría tener un efecto más neutro el año entrante. Sólo se debe advertir que la recuperación de salarios no comenzará hasta marzo y especialmente en el segundo trimestre de 2017, por lo que el consumo masivo recién desde entonces comenzará a mostrar una suba más visible, que se consolidará en la segunda mitad del año, acompañado con un importante plan de obras públicas, los efectos del blanqueo sobre la actividad y otro buen año para el campo.

Marcelo Capello

Prat Gay era el más keynesiano del equipo económico y principal sostenedor del gradualismo fiscal en la actual coyuntura, complementado por una muy buena sintonía con los mercados internacionales de deuda, que permiten financiar la transición hacia una supuesta situación futura de menor déficit y por ende menor necesidad de tomar deuda pública (años 2018 o 2019).

¿Quiénes se fortalecen con el cambio en Hacienda? Básicamente los integrantes de la Jefatura de Gabinete que asesoran en materia económica al Presidente. Una economía manejada con  mayor practicidad, aunque también con más chances de seguir con la “prueba y error”.

A Prat Gay también se le achaca haber pretendido actuar con mayor autonomía dentro del Gabinete, y resultar personalista en algunas circunstancias. ¿Existirá ahora un equipo económico más compacto? Quizá ayude la personalidad de los nuevos ministros, pero resultará difícil lograr una mejor coordinación en las carteras relacionadas al tema económico, por cuanto se divide en dos al Ministerio de Hacienda y Finanzas, a priori sumando más, y no menos, atomización en la toma de decisiones.

¿Existirá ahora una política menos keynesiana y más apurada en bajar el déficit fiscal? Seguramente habrá anuncios e intentos, pero difícilmente existirán grandes cambios en la estrategia, en un año con elecciones y por ende gran necesidad de reactivar la economía (elecciones decisivas además para definir el curso de la economía).

Más allá que al actual gobierno se lo corra por izquierda o derecha, restricciones institucionales, políticas y sociales le impiden ir mucho más rápido que lo que hasta ahora ha sido. Lo que se requiere es convencer a los mercados y a la población que una vez reactivada la economía, lo cual ocurriría en 2017, seguirá un sendero de menor déficit fiscal y por ende menor necesidad de endeudamiento, que vuelva convergente y no divergente la marcha de las principales variables económicas. Y mientras tanto, seguir mejorando la competitividad estructural de la economía, proceso que al no ser acompañado por una fuerte devaluación de la moneda tomará más tiempo, y requerirá actuar sobre los problemas de fondo: bajar la presión impositiva y los costos del capital, reducir los costos laborales no salariales y los costos de transporte, mejorar la disponibilidad y calidad de la infraestructura, entre otros aspectos fundamentales para la economía del país.

Marcelo Capello

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