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La década imaginada

Agustín Campero
Vocero UCR. Economista. Socio River 2-12--021-7

Secretario de Ciencia y Tecnología de la UTN Buenos Aires.

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Sáb, 25-05-2013
¿Cómo habría sido la década de 2003-2013 bajo un gobierno radical? Un relato -otro relato- hipotético de un militante radical. 

La cosa pudo haber sido así:

En la interna abierta del 15 de diciembre del 2002 la fórmula Rodolfo Terragno – Jaime Linares superó por un cómodo margen a Leopoldo Moreau – Mario Losada. Ambas fórmulas reconocieron rápidamente el resultado y garantizaron para la tapa de los diarios la foto de rigor, tan esperada por el cacheteado y raquítico partido: los cuatro abrazados, sonrientes, extrañamente sin el escudo rojiblanco atrás, sin la foto de ninguno de los finados de los ciento diez años de historia, sin las letras para que todo el mundo valore el capital de la uceerre. En cambio sí con un horizonte lleno de colores, con un sol que sonríe en un amanecer detrás de un manto verde parecido a un campo, y las palabras “hay futuro”. El trámite había sido tenso, histérico, nadie quería retroceder: ambos grupos tenían argumentos para impugnar al otro, para dificultar la rapidez del resultado, había urnas que todavía no habían llegado a destino y si venían llenas de votos de un solo color, si eran cien urnas las que venían con votos de un solo color, la elección podía cambiar de manos. Bien podrían ser las urnas que venían de algún lugar de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Corrientes, Misiones. La presión de la dirigencia que apoyaba a ambas fórmulas fue tan efectiva, era tan claro el resultado en los lugares más importantes, tan grande la diferencia en intención de votos para una elección general que finalmente todos aceptaron que lo mejor era reconocer rápido el resultado, que importaba mostrar un partido unido, y que desde el primer segundo los ganadores debían imponer el estilo de comunicación según las necesidades de la campaña. El verano estaba por comenzar y había que recorrer el país. Aún así, a los viejos viejos, y los jóvenes viejos, tan acostumbrados a la “que se rom-pa, y no se do-ble” les costó aceptar la ausencia del trapo rojiblanco, del escudo de pluma y martillo, y de los cuadros colgados de los mejores hombres y mujeres de la historia de la democracia moderna de nuestro país. Todos esperaron su opinión y Raúl Alfonsín la concedió: había que apoyar a Rodolfo. Terragno se impuso: la campaña comenzaba en ese primer segundo de él como candidato consagrado, y el diario del lunes debía tener la esperanza en tapa.

Pero la tapa no apareció. No apareció ni en el chiste de Paz&Rudy de Página/12. A pesar de los números inflados, era evidente que en la interna había votado poca, poquísima gente. A nadie le importaba la decisión del radicalismo de con qué apellido encarar su próximo fracaso. Con un pragmatismo envidiable, asumiendo y no negando la realidad, Terragno y su equipo decidieron algunos puntos que debían ejecutar antes de fin de año para ganarle al verano y salir a recorrer las playas y las sierras y los recitales gratis, y los calores de los sindicatos y las ONGs y las organizaciones barriales tan movilizadas y los auditorios de las universidades premium del mundo. Con mano de hierro, Terragno impuso su lógica implacable: para ganar tenía que sacarse de encima la mochila de plomo y nadie tenía que tener dudas respecto al papel que él mismo, la gente que lo acompañaba, quienes querían gobernar el país, habían tenido durante el gobierno de De La Rúa. Eso no tenía que ser explicado: ya se sabía que Terragno y varios que lo apoyaban en su candidatura había renunciado al gobierno de la Alianza (antes y después de que De La Rúa le entregara el gobierno a Domingo Cavallo), ya se sabía que Terragno había ganado la elección del 2001 en la Ciudad aún con la estructura del gobierno en contra (que había mandado votar a los candidatos de Cavallo) y con la campaña anti voto encabezada por Tinelli. Pero hacía falta más. Terragno exigió que la UCR expulse a De La Rúa, que suspenda la afiliación de todos los imputados por los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre más allá de su presunción de inocencia, que se invite abierta y públicamente a incorporar a la campaña a quienes se habían alejado por las decisiones del gobierno (la primera: Elisa Carrió), que la gráfica de la campaña se llene de gente nueva y mantenga alejada a las caras habituales, y que se conforme un proto gabinete que marque hombre a hombre a todos los ministros de Duhalde y se encargue de explicar en todos lados cómo iban a hacer para que en cuatro años la Argentina tenga los mejores indicadores sociales y de desarrollo de los últimos veinte años.

Como todo lo que sucedía en ese período, los acontecimientos se precipitaron. De La Rúa no esperó que lo echaran: renunció a su afiliación con una carta escueta. Varios de su gabinete lo acompañaron, y alguno de ellos no tardó en trabajar una candidatura en las filas de Ricardo López Murphy, el ex radical candidato a Presidente. Terragno organizó una conferencia de prensa urgente al aire libre en los bosques de Palermo, para comentar la noticia y presentar a su gabinete de campaña. Sorprendió con nuevos nombres: economía estaría encabezada por Tomás Bulat, economista joven y heterodoxo de reconocida militancia en la UCR que además de haber anticipado un año antes la debacle, era a la vez respetado por el establishment y muy entrador con las distintas audiencias con las cuales le tocaba trabajar. Crearía un Ministerio de cadenas productivas a cargo de otro joven economista, Adrián Ramos, que tendría como objetivo crear empleo genuino y configurar la mejora en la competitividad de las distintas cadenas productivas del país. Dijo, también, que la cruzada anti corrupción estaría encabezada por Leandro Despouy, recién asumido en aquel entonces como Presidente de la Auditoría General de la Nación. En relaciones exteriores pondría a otra lúcida nueva radical: Margarita Stolbizer. Lanzó ahí mismo su plan para el progreso y la igualdad: instrumentos de creación de viviendas, cloacas y agua potable. Rutas productivas, autopistas y un Plan de la Industria Ferroviaria. Plan de radicación de empresas TICs y de nuevas tecnologías. Tomó como propio el proyecto de Ingreso Ciudadano Universal para la Niñez de la CTA y dijo que su primer medida de gobierno sería imponerlo. Afirmó también que el promedio de edad de su gabinete no superaría los cincuenta años, y que la mitad de los ministerios estaría encabezado por mujeres.

Por supuesto, nadie asistió a esa conferencia por esos anuncios sino para ver sangre: su equipo de prensa había trabajado uno por uno a los periodistas prometiéndole que tendrían copia de la carta, en puño y letra, de la renuncia de De La Rúa, y que haría comentarios respecto a otros de sus funcionarios: los nombraría, los acusaría, anunciaría represalias. Que cada uno tendría “la exclusiva”. La carta sí existió y fue entregada, los otros comentarios fueron inocuos, pero se pudo instalar en los medios de comunicación que Terragno iba a todo o nada con la idea de renovación, con la ruptura con los vicios, con la profesionalidad política y técnica, y que estaría rodeado de imagen de esperanza y futuro. El 23 de diciembre llegó a anunciar que abría la fórmula presidencial para una alianza con otros sectores, y el 30 le regaló al país la foto suya levantando la mano de dos mujeres: anunció que su candidata a vicepresidente sería Graciela Ocaña, que era lo mismo que decir que su gobierno sería compartido con el ARI de Elisa Carrió. Esa foto sí apareció en la tapa de los diarios: los tres estaban radiantes, parecían optimistas, y la puesta en escena del anuncio mostraba que la cosa iba en serio y nada estaba fuera del cálculo. Otra vez verde. Otra vez flores. Otra vez aire libre. Otra vez caras jóvenes, música electrónica, comodidad para la prensa. Y en el mismo momento del anuncio se activaban páginas web on line con información de campaña, imágenes y escritos relacionados. Argentina demandaba futuro, y futuro era lo que Terragno tenía para dar.

Durante el verano arrasó. El trío recorrió por separado el país: estaban, a la vez, en Mar del Plata, Jesús María y Entre Ríos. Mientras tanto los economistas (Bulat, Ramos, Dujovne –quien casi todos descontaban que estaría en Hacienda o en el Central–, Fanelli, Cetrángolo) engordaban en desayunos empresarios, empanadas en el campo, mates en talleres y conferencias en el exterior. Se atiborraban en café, agua y coca cola light en los sillones contiguos de los estudios de los distintos programas políticos y económicos. Los recorrieron todos. Si un día había una denuncia, al siguiente una propuesta “para el progreso y la igualdad”. Ni un solo desempleado, prometió. Ingreso universal por ley, prometió. Endeudamiento únicamente para hacer crecer la industria y la infraestructura, prometió. Trenes con frecuencia de 5 minutos en hora pico, prometió. Ampliación de subtes, prometió. Cruzada anti corrupción, prometió.

Las ideas, la campaña novedosa, la demostración de voluntad de poder, el brillo de los jóvenes que lo acompañaban, y desentendimiento de Duhalde respecto a Terragno como amenaza (que sólo tenía entre ceja y ceja a un candidato patilludo) le permitió a radical frenar la sangría de intendentes y dirigentes que fluían hacia el duhaldismo, el lopezmurhpismo y hasta el menemismo, y hubo algo así como una competencia por aparecer en las fotos y las pantallas de los medios. Eso, en el viejo partido de Alem, significa que los tiburones olieron sangre.

Por su parte, el Presidente Duhalde tenía otros problemas. Si bien la economía ya mostraba signos de recuperación (precio récord de la soja, cosecha récord, sustitución de importaciones, capacidad tecnológica ociosa que se podía aprovechar, abundantes dólares) sus distintos aspirantes a sucederlo no daban pie con bola frente a la vocación dolarizante del ex presidente Menem. Duhalde tejió y se decidió por la fórmula Kirchner-Scioli. Caminaron el país a la vieja usanza: gastaron las pantallas de Crónica con largos discursos en directo desde localidades remotas, hicieron desfilar al gabinete, la nueva estrella del firmamento peronista, Lavagna, asistía a todos los eventos de campaña que podía.

Pero no pudieron. Hubo un debate. Uno sólo de los tres pactados. Fue suficiente. Menem estaba tan dispuesto a incinerar a todo lo que sea duhaldismo que acordó con Terragno polarizar con él para marginar al gobernador santacruceño. Terragno acordó la polarización pero se nutrió de denuncias, de imágenes, de números para disparar con todo frente a Menem. Para Kirchner fue un desastre: quedó pintado. La vio pasar. López Murphy y Rodriguez Saa ni existieron. Tan malo fue el resultado para el duhaldismo que decidieron que era mejor no participar más en debates televisivos y acosar por todos los medios posibles al menemismo. Terragno cayó parado, era el mejor de los escenarios: él había destruido a Carlos Menem en un debate, las luces lo seguían a él y no a Kirchner. Nada alcanzó para el gobierno. La decisiva clase media de la Ciudad, del conurbano, de Mendoza, Rosario y Córdoba empezó a volcarse para Terragno. El viernes 25 de abril ya se sabía el nombre del segundo: Rodolfo Terragno. Faltaba saber la diferencia que Menem sacaría a su favor para ver si sería necesaria una segunda vuelta o no. Clarín y La nación pusieron, ese viernes, la información en tapa, y fue mortal. A Menem le faltaron 3 puntos. La noche del 27, cuando todos esperaban que Terragno no fuerce una segunda vuelta, el candidato de la coalición UCR-ARI-Partido Socialista volvió a mostrar su voluntad y dijo: de cada voto depende el futuro del país. Vamos a ganar la segunda vuelta.

Una semana después, y mediante una carta que se rumoreó que había sido redactada por el ex vice ministro del interior de De La Rúa, Lautaro García Batallán, Carlos Menem desistió de continuar con la campaña. Los números le daban pésimo.

Pocos festejaron. Se acababa el menemismo pero no había mucho crédito para algo que saliera del viejo partido radical. Duhalde facilitó todo: dispuso que su gabinete trabajara en conjunto con quienes el nuevo presidente dispusiera. Se apuraron los arreglos para la asunción, y el 25 de mayo de 2003, hace diez años, los grandes líderes políticos del continente asistieron a la asunción del cuadragésimo octavo Presidente de la República Argentina. De Ricardo Lagos Escobar a Hugo Rafael Chávez Frías. De Álvaro Uribe Vélez a Jorge Luis Batlle Ibáñez. De Luiz Inácio Lula da Silva a Gonzalo Sánchez de Lozada. De Vicente Fox Quesada a Lucio Gutiérrez. No faltó la corona española. El Secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de la Secretaría de Estado del Gobierno de Estados Unidos fue recibido con tibios chiflidos mientras salía del evento principal en el Salón Dorado de la Casa de Gobierno. En un recordado acto en la Facultad de Derecho, Fidel Castro dijo que Latinoamérica entera debía estarle agradecida a la Argentina por haber mandado a las máximas profundidades subterráneas al neoliberalismo mundial, pero que había que estar atentos a que no vuelvan “los lamebotas de los yanquis”.

El Estado argentino se ahorró la velada de gala en el Colón y los eventos diplomáticos fueron reducidos al mínimo y se destacaron por su miseria. Todo eso pasó desapercibido. Lo que sí se notó fue el subrayado acercamiento del Presidente con los representantes de las distintas iglesias.

Rodolfo Terragno se mostró frío y equidistante tanto de Estados Unidos como de quienes expresaban deseos nacionalistas y nostálgicos de la guerra fría o quienes sostenían que Latinoamérica vivía una nueva hora liberadora, lo que años después se llamó “socialismo del siglo XXI”. Sabía que podría necesitar el financiamiento de ambos, y que a ambos podría colocarle productos argentinos. Desde ese momento, arreciaron las críticas. Unos querían un alineamiento rápido y pragmático con Estados Unidos: la Argentina podía sacar provecho de la disponibilidad de dólares, financiamiento barato, inversiones rápidas, si apoyaba sin condiciones las iniciativas anti terroristas de Bush. Otros pretendían un repudio claro, contundente, sin medias tintas al proyecto de ALCA, a las invasiones a Irak y Afganistán, y al acoso norteamericano sobre las democracias latinoamericanas, evidenciado con el intento de golpe de Estado en Venezuela. Ya, desde entonces, al presidente radical se lo empezó a acusar de tibio, de ser otro De La Rúa, de “pitiyanqui”. Lo cierto es que, tal y como quedó en evidencia durante sus 8 años de gobierno, contribuyó a desalentar el ALCA y no comprometió sus ambiciones de sofisticación del sistema republicano mediante la imitación de tendencias populistas que se consolidó en esos años.

Terragno había prometido incrementar y desplegar con toda potencia un sistema de protección social de tipo universal con complementos focalizados. Esta apuesta era a la vez necesaria (ya había quedado demostrado con Duhalde) como también audaz, porque incluía despojar la administración de esos “planes” a las organizaciones piqueteras/barriales/de base para que sean plenamente administradas desde el Estado. Terragno ya había anunciado que pretendía fortalecer el poder y la legitimidad del Estado, y en voz baja también había dicho que no iba a aceptar que sus políticas estén condicionadas por la presión de grupos de interés de cualquier tipo. Como demostró la historia, esto refería también a las organizaciones que se habían fortalecido reclamando, y administrando, fondos del Estado.

Ni bien asumió Terragno, las organizaciones de base de todos los signos (peronistas, castristas, maoístas, trotskistas) acompañaron las protestas y los paros convocados por la CGT y las demás centrales. Pero a medida que la economía continuó intensificando su recuperación iniciada con Lavagna, que Terragno demostraba conducir al país hacia un sendero de crecimiento de largo aliento y equilibrado en cuanto a los distintos grupos, y que los distintos planes sociales y de infraestructura comenzaron a mostrar resultados, las protestas fueron perdiendo potencia y las calles fervor político.

A pesar de las presiones y la historia de fracasos de este tipo de iniciativas, el gobierno UCR-ARI-PS se propuso, y consiguió, impulsar un “Pacto social y federal contra la pobreza” que garantizó ingresos a las familias e infraestructura de viviendas, cloacas, agua potable y promoción de empleo genuino. Se amplió, y promovió por ley, un sistema de ingreso universal atado tanto al ingreso familiar, a la composición familiar, a la escolarización de los menores de cada familia, y que contemplaba un mecanismo de actualización. En la segunda mitad de su primer período desarrolló también lo que se conoció como “Plan crianza”, un sistema de cuidado y educación infantil destinado a garantizar el mejor desarrollo de los niños de 0 a 4 años mediante jardines maternales y salas de juego, para el estímulo, la contención y educación de esos chicos, que además aseguró el alimento durante los dos primeros años de vida, la atención primaria de la salud de la madre y el bebé, así como la educación desde el nacimiento. En ocho años, la cobertura de cloacas pasó de un 50 a un 90%, y de agua potable de un 75% a un 95%.

La contracara del acuerdo con las provincias fue un nuevo pacto federal, la federalización de la mitad de los ingresos por retenciones, y la concertación de la ubicación de las grandes obras de infraestructura.

Se impulsó también un ambicioso plan denominado “Otra escuela”, que en ocho años construyó o refaccionó a nuevo más de tres mil edificios de escuelas medias (a razón de uno por día) con equipamiento nuevo, que incluyó un sistema de asignación docente que se resumió con el lema “los mejores docentes donde más se necesitan”. Se transformaron los institutos de formación docente, y se acordó –provincia por provincia– un nuevo sistema de evaluación del desempeño docente (que dependía de las instituciones) y de regularización de los sistemas de licencias y designaciones. Ola de paros, ola de repudios a los paros, en dos años el sistema cambió. El Ministerio de Educación pasó de tener un rol mínimo en los niveles iniciales, primarios y medios a ser el coordinador, supervisor y asesor de todos los sistemas de provincias. Además, se promovió un acuerdo de creación de nuevas universidades, con parámetros de fundación de acuerdo a necesidades regionales y altos estándares de formación.

También se desarrolló un sistema centralizado de creación y seguimiento de hospitales y centros de salud, tanto en edificaciones como equipamiento y remedios.

La combinación de récords de producción agropecuaria, precios internacionales, sustitución de importaciones, competitividad tanto precio (por el tipo de cambio) como no precio (por las capacidades innovadoras) facilitaron tanto los superávits primario como comercial, lo que combinado con las distintas soluciones que se continuaron desarrollando para las crisis de contratos (deudores y acreedores) y el refinanciamiento de la deuda multiplicaron los efectos de crecimiento del PBI como de confianza en la Argentina. El Estado podía, a la vez, financiar y obtener financiamiento barato. A sus primeras iniciativas de protección social el gobierno le agregó un vigoroso plan que denominó “infraestructura de desarrollo” que se sostuvo con tres pilares: energética, de comunicación (por un lado rutas, autopistas, calles, caminos rurales, ferrocarriles, por otro lado telecomunicaciones, fibra óptica) y viviendas (mediante el “Plan casa joven” se facilitó el acceso a la primer vivienda de clases medias y se reorganizó el esquema de viviendas sociales). Esto se complementó, y engrosó, el polémico “Plan 50 ciudades” que decididamente, y a dedo, benefició con toda esta infraestructura a 50 ciudades convenientes para el esquema político del gobierno, perjudicando a otras tantas que pretendían acceder a ese estatus.

Al gobierno no le costó llegar al 2007, a pesar de los propios esfuerzos para entorpecer su desarrollo político. Esta vez los problemas no fueron entre las fuerzas (UCR, ARI, PS) sino atravesadas entre coaliciones de similares características de las tres agrupaciones. Nadie discutió la candidatura de Terragno, pero el cargo de vicepresidente fue muy disputado. El ARI impulsó a una radical con quien tenía afinidades (Stoblizer), el partido socialista a un radical que le simpatizaba (Olivera) –ambos con un esquema de encabezamiento de listas de diputados, senadores y gobernadores- y los radicales tenían, al menos, cinco candidatos que incluían a los otros dos. Terragno se reservó para sí el derecho de elegir a su acompañante, que para sus adentros también sería su sucesor: apostó por los equilibrios dentro de la coalición y por la promoción de un cambio de partido en la conducción del país, cuatro años más tarde. La figura elegida era el socialista Hermes Binner, exitoso intendente de la próspera Ciudad de Rosario. Por su parte el peronismo, debilitado, desorientado, dividido, tuvo nuevamente tres candidatos: los gobernadores y caudillos se alinearon otra vez con Adolfo Rodriguez Saa. Los ex menemistas ortodoxos apostaron por el recientemente electo intendente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, un manoblanda con el gobierno nacional que en realidad apostaba a sucederlo. Y el viejo grupo Calafate conducido por el gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner promovió la fórmula José Alperovich-Carlos “Chacho” Alvarez. Terragno no necesitó ir a segunda vuelta.

Pero los problemas no tardaron en aparecer. El “viento de cola” que facilitó el “crecimiento a tasas chinas” (dos ideas acuñadas en la época para menospreciar los méritos del gobierno) desapareció con la “gran recesión” iniciada en Estados Unidos y rápidamente contagiada a casi todos los países de Europa: alto precio de los insumos, de las materias primas, crisis crediticia, hipotecaria y de confianza. Estancamiento, recesión, desempleo, achicamiento de las economías. Inicialmente, las expectativas sobre América Latina se derrumbaron, y fue en ese momento que Terragno cometió su primer gran error: quiso aumentar las retenciones a la soja. El sector más dinámico, productivo y financiador de la economía argentina se sintió amenazado, y respondió. Los productores salieron a las rutas en todo el país. Se conformó una “mesa de enlace” entre las entidades rurales para unificar la posición frente al gobierno. El gobierno ni retrocedió y ni se endureció: convocó al diálogo, dispuso una mesa de trabajo e incluyó a expertos de distintas fuerzas políticas para avanzar en un nuevo esquema de gravámenes y estímulos a los productos agropecuarios. Finalmente, el nivel de retenciones a la soja se mantuvo igual, pero se avanzó en nuevos esquemas con otros granos, y en nuevas pautas de producción de carnes, especialmente vacuna.

La fortaleza de China, India y Brasil, y los incentivos crediticios para sostener el consumo interno contribuyeron a que la economía argentina mantenga niveles de crecimiento aceptables. La proto crisis duró un año, pero la crisis de sucesión no tardó en aparecer.

El Presidente debió encarar otro desafío cuando no le renovó al grupo Clarín la licencia para el control del Canal 13 de televisión (que finalmente, y luego de una larga disputa, fue compartida con otros conglomerados mediáticos editoriales) ni se autorizó la fusión de Cablevisión y Multicanal, las dos empresas de televisión por cable más importantes del país. Esa inesperada decisión abrió un nuevo frente con un viejo aliado que celebraba las iniciativas neo desarrollistas de Terragno. Lo que finalmente promovió el Presidente fue la inclusión en ambas empresas de nuevos socios tanto nacionales como internacionales, condicionando su ingreso al negocio a una altísima inversión en nuevas tecnologías e infraestructura en comunicaciones, que formó parte del paquete de medidas que permitieron que la Argentina termine la primer década del siglo XXI como el país latinoamericano con mayor y más veloz conectividad, acceso a Internet y utilización de telefonía celular de última generación.  

Al primer rumor de intento de modificación de la Constitución Nacional para facilitar una re elección, Rodolfo Terragno lo acalló de manera contundente en la primera de sus dos conferencias de prensa semanales, la que le correspondía a los periodistas extranjeros. Prometió, juró, se comprometió, dio su palabra que no intentaría modificar la Constitución o forzar una interpretación en su favor respecto de la re re, y que él mismo era un convencido que a esa Constitución no había que cambiarle ni media palabra y que tenía que ser “intocable por 100 años”. Tales afirmaciones despejaron dudas y trajeron certidumbre, pero también desataron una feroz pelea por la sucesión. Falta de timming para el anuncio. ¿Quién sería? Binner tenía la fortaleza de su propia imagen y de las gestiones socialistas, pero sólo lo aceptaban los propios y los radicales verticalistas. A su fisonomía tranquila le correspondió un apetito feroz. El ARI aspiraba a imponer a Elisa Carrió, quien ya venía tejiendo alianza con grupos de mujeres radicales (legisladoras, gobernadoras, intendentes) muy movilizadas y populares por las conquistas que habían conseguido. Los radicales se dividían entre los verticalistas (terragnistas, intendentes del Gran Buenos Aires y gobernadores del norte), los que preferían a Lilita, los históricos (que pretendían imponer la candidatura del gobernador de Mendoza Julio Cobos) y los renovadores. Esta crisis política devino en lo que, despectivamente, adentro de los vacíos comités, se conoció como “la rebelión de los nuevos”.

Cuando asumió el 10 de diciembre de 2007, el joven Presidente del Concejo Deliberante de Santa Fe José Corral (@josecorralSF) nunca imaginó que cuatro años más tarde prestaría el máximo juramento al que aspiran todos los políticos argentinos. Corral no necesitó desarrollar un esquema de escalones (de concejal a intendente, de intendente a gobernador, de gobernador a senador o a presidente, etcétera) para liderar el país: percibió la mesa lista y se sirvió. Hay que decir también que Terragno no demostró mucha voluntad como para imponer a su elegido. Dejó que los conflictos se desaten, y prefirió mantener la calidad del marco institucional. Mientras el gobierno de Terragno se desenvolvía en extremo aburrido y sin sobresaltos, los viejos dirigentes de la generación del 83 imaginaron el escenario ideal (la popularidad del gobierno) para dar sus últimas batallas. Las batallas del reconocimiento, del “perdón y muchas gracias, venga siéntese por favor y díganos cómo se hacen las cosas; a sus órdenes, señor genio”. En cuanto los jóvenes cuadros con un par de años de gestión en el lomo se dieron cuenta que en eso también Terragno estaría pasivo, dispusieron un mapa arriba de la mesa y definieron aspiraciones de territorios, cargos, posibles nombres e imaginaron el país de los próximos 20 años. Con esto último marcaron la diferencia. Unos hablaban del pasado. Otros chicaneaban con el presente. Ellos imaginaron y contagiaron un futuro. Y quien mejor interpretó el momento, las posibilidades, y las aspiraciones, fue el joven radical de Santa Fe. Los “nuevos” casi partieron todos los bloques en los que participaban (de concejales, de legisladores provinciales, en la nación) pero nunca lo hicieron y ganaron cartel. Se convirtieron en voceros de las cosas buenas, y en la conciencia buena y sabia que surgía del reconocimiento de problemas. Fueron ellos quienes se corrieron de la primer línea de fuego de los nuevos derechos (matrimonio entre personas del mismo sexo, aborto, despenalización del consumo de marihuana) papel que les dejaron a los militantes más enfervorizados de esos campos de interés, lo que les permitió instalarse como la voz, y los rostros, más racionales, sabios y tranquilos de aquel gobierno. Fueron ellos, también, quienes se mostraban como los más dialoguistas y conciliadores con las otras fuerzas políticas, las de su propia coalición y las de la oposición. Aparecían en los actos de protesta para abrazar a los líderes de esas manifestaciones. Trabajaron cuidadosamente el tono y las palabras utilizadas en todo cuanto participaban: no se les podía escuchar ni leer (porque les gustaba escribir, y escribían bien) las palabras “lucha”, “conflicto”, “intereses”, “cumpas”, “enemigos”, “traidores”, “cipayos”, “cómplices”, “tilingos”, etcétera. 

Corral tampoco necesitó segunda vuelta. Acompañado por Stolbizer, se impuso frente a los dos candidatos peronistas (Rodriguez Saa-Massa y Macri-Raimundi). El presidente Terragno abandonó el poder sin estridencias, con un lento fade out. Cuando le preguntaron de sus mayores logros, dijo: “partimos de una situación difícil. Lo primero fue reconfigurar los poderes democráticos del Estado. A la vez quisimos sentar las bases para el desarrollo de los próximos 20 años. Garantizamos competitividad y situación de casi pleno empleo. Siempre tratamos que nadie se sienta perjudicado ni por el Estado ni por la política, que ambos pasen casi desapercibidos en la vida doméstica de los argentinos.”

Comenzaba así un nuevo período, con una gran novedad: era el primer mandato de la nueva democracia que contaba con una mayoría no peronista en el Senado de la Nación.

El primer día del nuevo año los argentinos amanecieron con una pequeña y enigmática noticia, más propia de otra époa: el gobernador de Santa Cruz Kirchner, había sufrido un accidente doméstico con un arma. Algunas conjeturas apuntaron a su esposa, la ex Senadora Fernández. Unos adujeron razones domésticas, otros problemas con propiedades y capitales de distintos orígenes. Un periodista local llegó a decir que en dicha provincia algunos políticos padecían de un mal psicológico denominado “síndrome de las bóvedas abstractas”, algo así como delirios paranoicos relacionados con el destino incierto de inversiones poco claras.

El primer problema que debió enfrentar Corral fue el de la relación con el dólar, marcar el sendero por el que transitaría su política económica. De manera polémica decidió continuar con el esquema de tipo de cambio de equilibrio relativamente alto, eligiendo de ese modo una situación de pleno empleo y mejora competitiva, y creación de empleo en los sectores más dinámicos.

A comienzos de marzo falleció el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien había tenido una relación ambivalente con Argentina, y no se encontraba ni entre sus aliados ni entre sus enemigos. Se sabía que Chávez había alentado con financiamiento el funcionamiento de organizaciones de base que respondían al peronismo y que organizaban protestas contra los gobiernos de la década, aunque él personalmente se cuidaba de descalificar las gestiones. Los distintos partidos de izquierda y el peronismo se plegaron a los homenajes, lamentando que nuestro país no se haya plegado al “socialismo del Siglo XXI”. Del obelisco se colgó una gran bandera: “Patria querida, dame un comandante como Hugo Rafael Chávez Frías. Volveremos”. Nuevamente se criticó la posición tibia del país en el marco de la política internacional. Pero Corral otra vez tuvo suerte: en la lluviosa tarde del 13 de marzo de 2013, en la televisión de todo el mundo, un viejo cardenal francés, en un dificultoso latín, dijo la siguiente frase:

Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam: Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio qui sibi nomen imposuit Franciscum

Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, con muy buena y fluida relación con el gobierno, había sido designado como el CCLXVI Papa de la Iglesia de Roma. El gobierno no disimuló su alegría y convocó a todos los gobiernos provinciales y locales a organizar la celebración. Se profundizaban los tiempos de serenidad, conciliación, etcétera.

Con motivo de la celebración del 103 aniversario de la revolución de Mayo, que también –y disimuladamente– significaban el 10 aniversario del nuevo período político pos crisis, el Presidente Corral recibió del Papa una nota de salutación enigmática:

Su presidencia:  Mi Sencillo Compatriota. Dice la carta de Los Romanos, capítulo 11, versículo 13, para nuestra Argentina plateada. Desde hace siglos lo dice para nosotros, para todos, para siempre:

"Son muy profundas las posibilidades y el genio y el conocimiento que tiene Dios. ¡Son tan insondables sus juicios e inescrutables sus caminos! ¡Son miles los caminos posibles! No existe el azar sino el libre albedrío. ¿Cuál es el preciso momento en el cual se determina un sendero? Porque la verdad: ¿Quién puede decir que conoce la mente del Señor? ¿Su incontrastable voluntad? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿Quién le otorgó algo a El Primero para que se le tenga que recompensar?  Nadie. Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria, para siempre. Que así sea."

Muchas gracias Ángeles Salvador (@canquerrosa)

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