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La crisis del sector externo

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Lun, 07-09-2015
Si bien es cierto que el panorama externo ya no es el de hace unos años, la evolución de las cantidades exportadas muestra que la debilidad de la balanza comercial argentina responde más a factores de la política interna que a las condiciones del mercado global. El sector transable atraviesa una crisis de competitividad que excede a la evolución de los precios internacionales.

Los últimos trece años que se abrieron luego de la salida de la convertibilidad han tenido dos configuraciones macroeconómicas diferentes, que se han visto reflejadas en distintos desempeños del frente externo. La primera corresponde al período 2002-2008, caracterizada por el comienzo de una tendencia alcista en los precios de los productos que Argentina exporta, un tipo de cambio real alto, un gran aumento de la cantidades exportadas e importadas, que directa e indirectamente ayudaron a mantener un crecimiento en el empleo, salario, y actividad general; y un superávit fiscal que daba independencia a las finanzas públicas ya sea tanto de la necesidad de endeudarse como de recurrir a la caja del Banco Central. Una configuración macroeconómica diferente comenzó a establecerse desde 2009 en adelante, caracterizada por una persistente emisión de circulante para financiar el déficit del Tesoro nacional, inflación alta y en el último tramo incluso una caída en los precios internacionales junto con un debilitamiento de la demanda externa. Si bien los distintos fenómenos mencionado comenzaron a aparecer en distintos momentos, a grandes rasgos se puede trazar una línea divisoria como la que se propone. En la primera etapa los pilares del modelo económico surgidos luego de la crisis de 2001 (superávit gemelos y TCR alto) se mantuvieron vigentes y comenzaron a desaparecer con la pérdida del superávit fiscal en 2009 (si bien el problema inflacionario ya acumulaba al menos 2 años).

Entre otros factores, estos han traído nuevamente al centro de la atención el problema de la restricción externa. Es que una vez más el crecimiento de la economía argentina se ve interrumpido por la escasez de dólares. Con sus propias características, el escenario actual de estancamiento en el comercio exterior responde a una fase de ciclo bajista, en parte a razón de cambios  en el escenario internacional y en parte, por la política económica interna.

En el siguiente gráfico se muestra el Intercambio Comercial de Argentina en los primeros seis meses de cada año,  desde el 2001 hasta hoy. Se observan claramente dos fenómenos: la disminución del saldo comercial casi ininterrumpidamente desde el año 2009, y la pérdida de dinamismo del comercio de nuestro país con el resto del mundo desde el 2011 (con la excepción de los años de crisis y recuperación de la crisis subprime) que se traduce en franco achicamiento desde 2013.

Haciendo hincapié en el saldo comercial, obsérvese que el deterioro ha tomado tal magnitud que para el primer semestre del corriente año el resultado es positivo en sólo 1.232 millones de dólares, un 35% menos que el saldo comercial del primer semestre de 2001. Más aún, según la Base Usuario del INDEC, el saldo acumulado sería en realidad negativo en más de 700 millones de dólares.

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A la hora de explicar este mal desempeño, lo primero en lo que se piensa es en las condiciones externas dadas por los precios internacionales de los bienes exportados y la demanda de los socios comerciales. Y si bien es cierto que el panorama externo ya no es el de hace unos años, al observar la evolución de las cantidades exportadas se encuentra que la debilidad de la balanza comercial argentina responda más a factores de la política interna que a las condiciones del mercado global. En el siguiente gráfico se observa la evolución de las cantidades comerciadas (exportadas e importadas) así como también de los términos de intercambio. Con base 100 en el año 2004 para todas las series, se identifica primeramente la disparidad en el dinamismo de las cantidades exportadas e importadas. Mientras que las primeras han tenido un crecimiento de tan solo el 28,5% entre 2004 y 2011, las cantidades importadas se han más que duplicado, con un crecimiento acumulado en el mismo período del 145%. Desde el año 2011 hasta hoy, ambas cantidades se retraen: 15% para las exportadas y 18% para las importadas. 

Por su parte, el índice de los Términos de Intercambio también cae, debido a los menores precios internacionales, pero no es de por sí suficiente para explicar la retracción de las cantidades exportadas ya que aún en menores niveles respecto al pico máximo de 2012, los términos de intercambio muestran un nivel similar al que tuvo el país entre los años 2007 y 2010. Sin embargo el índice de cantidades exportadas se ubica en valores que se registraron en plena crisis internacional (2009) o diez años atrás, en el 2005.

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Estos fenómenos son los que están indicando que el sector transable atraviesa una crisis de competitividad que excede a la evolución de los precios internacionales. Un cúmulo de desequilibrios y elementos de la política económica interna pesan sobre el sector: fundamentalmente el atraso cambiario como consecuencia de años de alta inflación acompañados por una tasa de devaluación siempre menor, que en los últimos meses se ha visto incrementado como consecuencia de la revalorización del dólar por parte de todas las monedas del mundo. A la evolución del tipo de cambio real se suman otros factores de relevancia como el aumento persistente de la presión tributaria durante toda la década, la implementación de múltiples trabas y requisitos para la exportación, las deficiencias de infraestructura, entre otras, que aumentan los costos de las actividades transables y restan rentabilidad y competitividad.

Si bien, como se ha enunciado, la competitividad no depende únicamente de la política cambiaria, cuando se alcanzan niveles de atraso como los actuales es muy difícil pensar en recuperar competitividad sin una importante corrección del tipo de cambio. En el gráfico se representa la evolución del Tipo de cambio real multilateral y se observa que se ha alcanzado un nivel similar al de diciembre 2001 (de hecho, hoy se está apenas un 2% por encima de aquel valor). Es decir que el sector transable debe enfrentarse al mundo con un nivel de atraso cambiario igual al de finales de la convertibilidad, con una presión tributaria considerablemente mayor, con una inflación superior al 25% y una infraestructura deteriorada.

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Es indispensable concebir la corrección cambiaria necesaria dentro de un plan económico consistente y abarcativo de otros frentes como el fiscal y el monetario. Si sólo se realizan correcciones en la cotización del dólar, se repetirá el escenario de enero de 2014 donde la devaluación de casi el 25 % efectuada en dos días perdió todo efecto real al cabo de 8 meses y, para septiembre, el TCRM se encontraba en el mismo nivel previo como consecuencia de una aceleración inflacionaria.

En el mediano y largo plazo además de la cuestión cambiaria es necesario plantear una agenda que incluya al resto de los elementos que hacen a la competitividad del sector transable de cualquier país para evitar, de este modo, las seculares crisis del sector externo.

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