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La barbariedad argentina

Javier Cubillas
Diplomatura en Asuntos Públicos (Universidad Austral)

Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

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Mié, 29-03-2017
Este 2017 puede ser recordado como un año especialmente intenso en cuanto a muestras de conflictividad social. El clásico dilema de civilización y barbarie que bien forma parte de nuestro acervo cultural debería, definitivamente, ser puesto en consideración y debate para dar lugar a una conjetura y síntesis -200 años después de nuestra independencia- que nos aglutine. Propongo pensar que vivimos inmersos en: la barbariedad.

Es decir, la oposición civilización – barbarie de impulso iluminista ha sido una cosmovisión definitivamente abandonada por nuestra sociedad y no forma parte de nuestro horizonte orientador. No es una máxima que quisiéramos consagrar ni un sentido superador a concretar. Mas bien, hemos demostrado por doquier que vivimos inmersos en una hibridez -y oxímoron- en donde lo pretendidamente civilizado y bárbaro se entremezclan y asimilan en un sentido común ampliamente aceptado. Somos una muestra constante de variadas sinrazones y contradicciones.

Así, este 2017 plagado de conflictos y reclamos nos permite enunciar una serie de hechos relevantes: A los manteros e indocumentados y su complejidad social para insertarse en la formalidad, a los gremios y a su crisis de expresión y afiliación, a los maestros y a su perdida de identidad y de estatus, al movimiento de mujeres que tolera a grupos radicales que enarbolan contradictorios mensajes de violencia simbólica, al rock y su cultura del aguante que transformada en misas masivas pone en riesgo a sus fans y al arte, y finalmente, a grupos políticos que alientan una cultura económica de la opacidad y la inflación para dominar a empresarios y trabajadores en pos de alcanzar un crecimiento económico.

En todos estos hechos, más allá de los justificados motivos de los reclamos sectoriales, el común denominador es la variedad de hechos sociales en donde las instituciones y movimientos pugnan poniendo en jaque a lógicas formales pero dando lugar a nuevos fenómenos sociopolíticos que no necesariamente responden al ideario del régimen constitucional vigente. Los resultados posibles que emergen, propias de estas lógicas conflictivas, se nos presentan como nuevos hechos con carácter híbrido que aspiran a dar soluciones a costa de derechos y garantías o bien, como soluciones de corto plazo que no están a la altura de los futuros escenarios laborales, culturales y económicos que se nos avecinan.

Además, descriptivamente y como si fuera poco, en todos los casos previamente enunciados se movilizaron grupos con epicentros de 300.000 personas, o más, en donde la seguridad fue aportada y ejecutada por organizaciones sociales, barras o gremialistas, según la ocasión, porque la policía federal o provincial puede ser peor. Por ende, el epílogo de los eventos demostró el retiro del Estado del cumplimiento de una función básica, sumada a la escueta frase que se propagó en la opinión pública y resume el desarrollo de cada evento masivo: estuvo flojo de organización. Paradójico todo.

Cada uno de estos hechos son muestras cabales de que los componentes colaborativos, legales e institucionales no han logrado afianzarse para superar el estado de atraso, el conformismo, la irresponsabilidad, la queja y el incumplimiento de la ley. Más bien, hemos asimilado una barbarie acostumbrándonos a que incluso, podemos tener partidos, décadas o movimientos políticos exitosos, electoralmente hablando, sin que ello nos despierte contradicción alguna si emergen responsabilidades por hechos de corrupción o tragedias sociales. Es más, pensamos que nos debemos a nosotros, ser parte de un país desarrollado sin evaluar críticamente nuestras preferencias y reflexionar sobre las responsabilidades no asumidas.

La barbariedad entonces puede denominar a nuestra compleja identidad – ese no sé qué- que nos muestra contradictorios y nos interpela en cada conflicto social cuando vemos que los resultados imaginados y reclamados por los sectores sociales y grupos políticos son visiones e instituciones formales e informales hibridas, oxímorones, respecto al régimen liberal, republicano y democrático que estructura el Estado de Derecho. La barbariedad argentina hace honor a la complejidad social en la que estamos inmersos.

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