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La acción del Estado es indispensable para luchar contra la epidemia de la obesidad infantil

Lorena Allemandi
Directora del área de Políticas de Alimentación Saludable, FIC Argentina

Es licenciada en terapia ocupacional, graduada en la Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Se capacitó en investigación y en políticas públicas en el programa de Maestría en Salud Pública de la Universidad de Buenos Aires.

Es miembro de la red ALASS (Acción Latinoamericana Sal o Salud) y de la Coalición América Latina Saludable. También participa en proyectos de investigación y actividades de incidencia política en control de tabaco y es autora de publicaciones relacionadas.

Desde el 2011 se desempeña como Directora del Área de Políticas de Alimentación Saludable de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC Argentina). Entre otras actividades, coordina y desarrolla proyectos de investigación relacionados con la promoción de políticas efectivas para reducir el consumo de sal y grasas trans, la promoción de hábitos saludables y la prevención de la obesidad infantil.

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Jue, 18-05-2017
La obesidad infanto-juvenil está en aumento en Argentina y es hoy por hoy un problema grave para la salud pública de nuestro país. Tres de cada diez chicos de entre 13 a 15 años tienen exceso de peso, en base a las últimas encuestas disponibles. 

Se trata de una enfermedad que no sólo afecta la calidad de vida, el desarrollo y el crecimiento de los chicos, tanto en su aspecto físico, emocional y social, sino que también amenaza su desarrollo futuro como miembros activos de la sociedad ya que puede generar discapacidades y limitaciones en su desempeño laboral y personal. Además, la mayoría de los chicos afectados por el exceso de peso viven en la pobreza, lo cual también implica una gran barrera para la igualdad. Según un estudio que hicimos en FIC Argentina junto a UNICEF, el sobrepeso es 31% más frecuente entre los chicos de nivel socioeconómico más bajo. 

¿Por qué ocurre esto? Sin duda que nuestros hábitos, lo que comemos y elegimos para comer tienen un rol fundamental. En Argentina consumimos el triple de la cantidad de azúcar recomendada por día y casi el doble de sal. Pero estas elecciones no tienen que ver únicamente con decisiones individuales sino que están condicionadas, entre otras cosas, por lo que nuestro entorno nos facilita y pone a disposición. Los más chicos transitan  entornos como la escuela, por ejemplo, donde predomina el fácil acceso a alimentos altos en grasas, azúcar y sal. Esto, sin lugar a dudas, condiciona sus hábitos de consumo. Lo mismo sucede con el bombardeo de publicidad de alimentos que los chicos reciben tanto en los kioscos, como en la televisión y en las redes sociales. En FIC Argentina hicimos una investigación que demostró que 9 de cada 10 alimentos publicados en los cortes comerciales de los programas infantiles de televisión son productos con baja calidad nutricional y alto valor calórico. Muchas de estas publicidades, además, usan personajes animados o deportistas famosos para atraer la atención de los chicos. Y lo logran. El marketing afecta las elecciones de los chicos y los pedidos de compra que le hacen a sus padres y cuidadores.

¿Cómo podemos proteger a los chicos de este entorno? Para prevenir la obesidad infanto-juvenil la acción del gobierno es central ya que las medidas individuales (por ejemplo, la elección de alimentos saludables que pueden hacer los padres o cuidadores) son necesarias pero no suficientes. Es el Estado el que tiene que garantizar el derecho a la salud, a la alimentación adecuada y a que la población reciba información clara y verdadera sobre los alimentos. Esto se logra con el diseño e implementación de políticas públicas que promuevan entornos cada vez más saludables, con mayor acceso y mayor disponibilidad de alimentos sanos y naturales, con más oportunidades y espacios apropiados para hacer actividad física y, en paralelo, donde se restrinja la publicidad de alimentos no saludables.

En conclusión,  la obesidad y el sobrepeso de toda la población y de los más chicos en particular sigue aumentando a niveles preocupantes en Argentina. A pesar de que hay una necesidad inmediata de acciones efectivas que aborden este problema, aún no existe una ley que contemple todas las medidas necesarias para mejorar las condiciones de vida de los más chicos. Para garantizar la protección de estos derechos es indispensable que haya voluntad y decisión política para avanzar en la promoción de políticas efectivas y libres de conflicto de interés. Este punto es central: los intereses de las grandes corporaciones de alimentos deben quedar de lado al momento de decidir líneas de acción en la lucha contra la obesidad infantil ya que en estas empresas prima el interés económico por sobre el interés de la salud pública. A su vez, se deben transparentar los procesos políticos y la sociedad civil debe empoderarse y apoderarse de su derecho a vivir en un ambiente más sano y saludable.

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