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Francia, sujeta a la incertidumbre

Andrés González Grobas
Lic. Ciencia Política (UBA)

Miembro de Elecciones Argentinas. Investigador en el Instituto de Investigaciones Gino Germani y la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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Mar, 11-04-2017
Aunque once candidatos buscan llegar al Palacio del Eliseo, todo indica que el duelo final será protagonizado por Marine Le Pen y Emmanuel Macron, ejemplos del nuevo multipartidismo imperante. Abril de 2002. El mandatario Jacques Chirac persigue la reelección, en tanto su primer ministro socialista Lionel Jospin intenta sucederlo. Ante ellos, el fundador del Frente Nacional (FN), Jean-Marie Le Pen, quien relativiza el Holocausto y descalifica a todos los inmigrantes.

La primera vuelta significa un terremoto de consecuencias inimaginables. Jospin logra pésimos resultados, lo cual da lugar a una nueva contienda, esta vez limitada a Chirac y Le Pen. Pese a numerosas reservas sobre el presidente, diversos partidos de izquierda llaman a apoyarlo. La convocatoria tiene efecto y el líder de la centroderecha triunfa con holgura.

Quince años después, el FN vuelve a situarse en un lugar expectante gracias a Marine Le Pen, cuyo caudal de votos rozaría el 25%, según señalan distintas encuestas. Salvo sorpresas de última hora, la candidata ingresará al ballotage junto a Emmanuel Macron, exministro de Economía y Finanzas que poco tiempo atrás creó En Marcha (EM).

Mientras Le Pen ofrece abandonar la Unión Europea, establecer una economía regulada y limitar al máximo la inmigración, Macron plantea permanecer en el bloque comunitario, fomentar el libre mercado y cumplimentar el Acuerdo de Schengen. Sin embargo, surge algo cuyas respectivas estructuras comparten: ambas implican un desafío a los partidos políticos vigentes desde la posguerra.

¿Cómo se arribó a este momento? Un factor clave radica en la crisis financiera originada durante 2008, con efectos hoy día. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos indica que no posee trabajo el 10% de la fuerza laboral, realidad agravada sólo considerando jóvenes. Asimismo, otros elementos explicativos son la amenaza terrorista de ISIS y una clase dirigente cubierta por presuntos hechos de corrupción.

Gracias a sus impuestos, parte de la ciudadanía cree ayudar a los bolsillos de funcionarios incapaces de brindarle un futuro promisorio, enojo que termina posibilitando el esplendor tanto de personalidades outsiders como agrupaciones anteriormente marginales.

Ahora bien, nadie está librado de obstáculos. Si el FN apenas cuenta con un puñado de legisladores y alcaldes, EM carece de toda representación política, por lo cual aquella fuerza que gane los comicios presidenciales conseguirá algo de respaldo legislativo entre junio —al ser popularmente votados 577 diputados— y septiembre —cuando grandes electores designen 174 senadores—.

Incluso ante condiciones opuestas a su supervivencia, Los Republicanos y el Partido Socialista juegan un importante rol, ya que en sus manos permanecen numerosísimos gobernantes regionales, alcaldes y parlamentarios. De triunfar, Macron podría entenderse con las formaciones clásicas, táctica presumiblemente compleja en el caso de Le Pen.

El tablero político salta por los aires. La multiplicidad de actores reemplaza al bipartidismo vigente hasta ahora, y el mundo aguarda con ansias la decisión popular. Llegado el momento, deberán unirse quienes impulsan la democracia y el respeto, al igual que sucedió poco tiempo atrás.

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