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Elecciones, mujeres, acción afirmativa y dos visiones sobre igualdad

Sergio Giuliano
Docente UdeSA

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Mar, 01-08-2017
El debate de género se coló en la campaña rumbo a las PASO; un fallo de la Cámara Nacional Electoral intentó acallar la polémica en torno a una lista conformada sólo por mujeres, pero algunos de los argumentos esgrimidos son discutibles.

Un reciente fallo de la Cámara Nacional Electoral afirmó que la lista de un partido político no puede estar conformada en su totalidad por mujeres. Según la mayoría, el art. 37 de la CN “garantiza iguales derechos a ambos sexos, sin ningún tipo de diferenciación”. Continúa el fallo explicando que el resguardo del derecho de las mujeres “no implica que no deba resguardarse idéntico derecho para los hombres”, y que no se puede “consagrar una igualdad generando una desigualdad”. La cuestión esencial es desenmascarar la lógica detrás de estos argumentos.

 

El art. 37 de la CN consagra “la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres” y afirma que dicha igualdad “se garantizará por acciones positivas en la regulación de los partidos políticos y en el régimen electoral”. Para entender qué son las acciones positivas o afirmativas hay que entender que existen dos principios, diferentes pero complementarios, que informan el derecho a la igualdad: el principio antidiscriminación y el principio antisubordinación.

 

El primero es el que nos prohíbe aceptar distinciones allí donde no debería haberlas. Los seres humanos somos todos iguales y por ende distinciones de raza, religión o sexo son miradas por nuestro derecho con gran sospecha. Ello significa que dichas distinciones difícilmente superarán el test de constitucionalidad.

 

Por su parte, el segundo principio nos prohíbe adoptar decisiones que promuevan un estado de cosas estructural que se autoperpetúa y garantiza que exista una real desigualdad entre las personas. Así surgen las llamadas acciones afirmativas. Ellas permiten realizar distinciones -que serían inconstitucionales bajo el principio antidiscriminación-, para que no existan grupos estructuralmente desaventajados o subordinados (entendiéndolos, por supuesto, de forma cualitativa y no cuantitativa, lo que permite abarcar a grupos como el de las mujeres o el de sectores económicamente desaventajados). Pero, ¿son antagónicos estos principios?

 

No. Ambos parten de enfoques distintos, pero pueden ser complementarios. El primero es individualista y formal (mira al individuo), mientras que el segundo es estructural y material (mira las estructuras sociales, los grupos, sus dinámicas en la realidad). Lo que puede considerarse en principio una injusticia a nivel individual es subsanada por una justicia estructural. Nuestra Constitución, a través de la reciente reforma de 1994, ha adoptado diversas disposiciones que receptan el principio antisubordinación y que demandan tomar acciones que desmantelen estructuras de subordinación social (como el ya citado art. 37). Ello, sin renunciar a la prohibición del principio antidiscriminación.

 

El derecho es el arte de los matices. Es posible que el caso de esta lista electoral nos ubique en el extremo del espectro y que prohibir este tipo de listas sea razonable (aunque la ley actual de ningún modo lo hace). Sea como fuere, no por ello dejan de ser repudiables algunos de los pasajes del fallo, como los aquí citados, que exigen acción afirmativa respecto de hombres. Más aún, estamos demasiado lejos de la real igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres como para temer que permitir listas conformadas en su totalidad por mujeres desencadenen la subordinación de los hombres. Es difícil, entonces, defender jurídicamente este tipo de fallos que, en el mejor de los casos, privilegian un enfoque individualista del derecho a la igualdad, o que, en el peor, pervierten el principio antisubordinación.

 

La fragilidad de las conquistas de género debe ponernos alerta sobre cualquier medida o argumento que pueda ponerlas en peligro y fomenten frases como “el feminismo es machismo invertido” (como sugiere subrepticiamente un fragmento de un fallo español citado por la Cámara en el consid. 5°). No. El machismo adopta distinciones prohibidas por el principio antidiscriminación; el feminismo promueve acciones exigidas por el principio antisubordinación. El primero está prohibido por nuestra Constitución, el segundo es exigido por ella.

 

 

 

*Imagen extraída de http://www.eluniversal.com.mx

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