Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

Elecciones en EEUU y Brexit: ¿mismos protagonistas?

Natan Skigin
Lic. Ciencia Política (UBA)

Miembro del grupo de investigación "Coaliciones políticas en América Latina" (UBA). Becario doctoral CONICET. Maestrando en Ciencia Política (UTDT).

Iván Ignacio Seira
Lic. Ciencia Política (UBA)

Miembro del grupo de investigación Coaliciones Políticas Multinivel (UBA). Auditor del Ministerio de Justicia y Seguridad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

-A A +A
Vie, 16-12-2016
Tanto las históricas elecciones de Estados Unidos como el Brexit mostraron algunos clivajes novedosos y otros, preexistentes, que están más fuertes que nunca: la división entre ganadores y perdedores de la globalización, un comportamiento fuertemente dispar entre los votantes urbanos y rurales y una gran distancia entre generaciones.

La última elección en los Estados Unidos, no sólo tuvo como resultado la elección del magnate republicano, Donald Trump, sino que también renovó bancas en ambas cámaras y algunas gobernaciones. Ahora bien, si observamos con detalle las elecciones norteamericanas a lo largo del tiempo, nos encontramos con algunos aspectos llamativos que se repiten en cada uno de estos comicios. En primera instancia, como se ha repetido hasta el hartazgo, el rol fundamental de algunos de los estados, cuyo voto no se mantiene, históricamente, uniforme a lo largo del tiempo, los llamados swing states. Pero, para esta elección, el número de circunscripciones electorales que presentaron resultados ajustados fue aún mayor que en elecciones anteriores: un clásico como Florida, recordándonos aquella elección del 2000, o el mismo Pensilvania, donde la misma Hilary Clinton llevó adelante su cierre de campaña. En ambos estados, con elecciones reñidas, el Partido Republicano se consagró con la victoria.

Otro de los factores determinantes en la elección fue el voto del electorado blue collar, o de cuello azul. Tal y como lo indica Ernesto Calvo, la zona mid-west de los Estados Unidos, históricamente industrial, cambió su voto de demócrata a republicano. ¿La razón? La mano de obra fue sustituida por avance tecnológico, y la industria dejó sin empleo una masa importante de asalariados. Así, el clivaje capital-trabajo fue determinante a la hora de definir los resultados en regiones que han sufrido una metamorfosis en su esquema de trabajo y producción. Pero, paradójicamente, los perdedores de la globalización votaron al partido que mejor representa a las élites económicas. A aquellos que, en un contexto cada vez más polarizado, adoptan posiciones más conservadoras, reclaman menos impuestos y menos gasto social. Un castigo al incumbent.

Sin embargo, el clivaje capital-trabajo no fue el único activo durante la elección estadounidense. Si observamos los resultados por estado, podemos dar cuenta que el triunfo republicano ocupa perfectamente el centro del país y una gran parte del este. Así, en las grandes ciudades, como Nueva York, Clinton obtuvo la victoria, mientras que Trump lo hizo en distritos menos poblados, con mayor población rural. De hecho, Trump no ganó en ningún distrito con más de un millón de habitantes. Por su parte, el electorado con mejor nivel educativo, votó en casi un 75% al candidato republicano, en tanto Hillary ganó el sufragio de las minorías en proporciones aún mayores. De hecho, esto explica su triunfo en el voto popular, mientras que su distribución geográfica justifica su derrota en el Colegio Electoral.

Otra de las brechas fue la  generacional: como lo vienen haciendo desde 2004 -y más notablemente a partir de la elección que consagró por primer vez a Barack Obama-, los jóvenes fueron uno de los soportes del Partido Demócrata. Según las encuestas, entre los menores de 30 años, Hillary ganó por 18 puntos, mientras que entre los menores de 45 lo hizo por nueve. Se trata, así, de una cuestión histórica que se va reafirmando. Ni siquiera en la revoltosa década del 60 existió semejante brecha generacional en las urnas. Ocurre que algunos issues, como la legalización de las drogas o los derechos de los gays, dividen fuertemente a los ciudadanía por la edad. De igual modo, el Obamacare para expandir los beneficios en salud suscitó una ardua oposición de los adultos que ya tenían cobertura y que no encontraban razones para ampliársela a los jóvenes que aún no la tenían.

Como sostiene el politólogo Greg Shufeldt, los demócratas tienen razones para ser optimistas debido a que son fuertes entre los grupos que están en crecimiento: minorías étnicas, jóvenes, votantes no religiosos y personas con título universitario. Por el mismo motivo, los republicanos deberían encender la señal de alarma: los sectores que hoy los apoyan se están achicando: varones, blancos, evangélicos, personas mayores y aquellos que no tienen título.

Sin embargo, reconoce el mismo profesor, lo contrario también podría argumentarse: los republicanos tienen cada vez mayor control de los estados. En efecto, controlan la gobernación y las legislaturas en 25 de ellos, mientras que los demócratas sólo tienen dominio absoluto en seis.

Así como las últimas elecciones registraron continuidades en términos políticos, también se constituyeron como sui genereis en lo que constituye a la democracia propia de los partidos políticos tradicionales norteamericanos. Que un outsider como Trump se haya consagrado en las internas partidarias de las cuales han surgido presidentes como Abraham Lincoln o Richard Nixon, fue un suceso sin precedentes, no sólo para la tradición republicana, sino también en la historia de los partidos políticos anglosajones. Que el multimillonario candidato se haya proclamado en las internas, con un discurso crítico para con las estructuras partidarias, da cuenta de la crisis por la que atraviesan las elites partidarias. 

Brexit, tradición histórica y procesos políticos

Por su parte, el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea trajo consigo consecuencias para la región. Así también hubo causas que explican la salida: el resultado que inclinó la balanza a favor del SI, fue el de la misma Inglaterra, donde un 53,4% votó a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Gales la acompañó en esa decisión, mientras que Escocia e Irlanda del Norte preferían quedarse. Con resultados muy ajustados en cada uno de los cuatro países -excepto en Escocia, donde el Remain triunfó con un abrumador 62%-, una diferencia de un 6.8% en el país más poblado de los cuatro marcó el resultado de la elección, aun cuando la moderna Londres optara por permanecer en la UE.

Ahora bien, acercando la lupa sobre las motivaciones del voto, es importante señalar que un 64% de los jóvenes entre 18 a 24 años, votaron en contra de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, por su parte, las proporciones del resto de los grupos etarios fue a favor de la permanencia. 

Otra brecha se abrió en materia educativa: los sectores menos instruidos, con peores empleos y, por tanto, con mayor riesgo de ser golpeados por la globalización, eligieron alejarse de sus socios europeos. Por el contrario, los datos muestran que, a mayor nivel educativo, decrece el voto por el Brexit y aumenta el del Remain.

El triunfo por el SÍ trajo, como era de esperar, consecuencias no sólo económicas, sino también sociales hacia el interior del Reino Unido. La consecuencia inmediata fue la caída de la libra y la bolsa de valores británica, sumado a una caída del PIB regional. Así también, deberán replantear las relaciones con sus socios estratégicos europeos en materia económica. 

Sumado al revés económico que sufrió la región, se espera un endurecimiento de la política migratoria del Reino Unido: endureciendo los controles migratorios, limitando el ingreso de inmigrantes a los países que componen el Reino y ajustando los requerimientos para las residencias.

Es importante señalar que la legitimidad del entonces primer ministro David Cameron no se veía afectada por la situación socioeconómica. Así también, la región ha presentado, históricamente, una serie de movimientos independentistas no sólo en Inglaterra, sino también en los países que componen Gran Bretaña y que han cuestionado su pertenencia dentro del Reino Unido, entre estos intentos, el referéndum de independencia votado por Escocia. 

¿Que hay en común?

En suma, tanto las históricas elecciones de Estados Unidos como el Brexit -cuyas consecuencias aún están indeterminadas- mostraron algunos clivajes novedosos y otros, preexistentes, que están más fuertes que nunca. Acaso el más destacado haya sido la división, en magnitudes nunca antes vistas, entre ganadores y perdedores de la globalización. Los primeros se volcaron hacia la candidata demócrata y prefirieron que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea; los segundos le achacaron la pérdida de empleos al liberalismo y prefirieron levantar muros -comerciales y anti-inmigrantes-, pidiendo a todas luces proteccionismo.

En parte relacionado con lo anterior, en ambos países también se advirtió un comportamiento fuertemente dispar entre los votantes urbanos y rurales. Aquellos que residen en las grandes metrópolis, catalogados a veces como progresistas, eligieron en EEUU a Hillary, apoyada por buena parte de las firmas más internacionalistas y Wall Street, y optaron en Reino Unido por seguir cosechando los frutos del libre intercambio de bienes con sus vecinos europeos.

En ambas elecciones se vio que, de momento, los adultos mayores fueron capaces de arrastrar a los jóvenes en la dirección que ellos querían: Trump y Brexit. Los menores de 30, en cambio, se volcaron masivamente hacia el Partido Demócrata y hacia la permanencia en la Unión Europea. No les alcanzó. La pregunta es cómo será un mundo en el que los que tomaron las decisiones ya no están y los que quedan están en profundo desacuerdo con el escenario que legaron.

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Mas en Bastion

BASTION en el mundo