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El voto de los argentinos en el extranjero, ¿un modelo para imitar?

Gonzalo Gabriel Carranza
Magister en Derecho Constitucional (CEPC-España)

Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid

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Jue, 02-11-2017
El sistema de boleta única utilizado en los consultados transparentó el proceso, simplificó el recuento de sufragios y alentó la participación; esta experiencia podría abonar el debate sobre la legislación electoral.

En los últimos días, numerosos medios del país se han hecho eco de la masiva participación de ciudadanos argentinos no residentes en los últimos comicios. Ha llamado la atención, sobre todo, el hecho que unas legislativas hayan atraído a tantos ciudadanos que no viven en Argentina a querer expresar su voto. No caben dudas que noticias de este tipo son una alegría para la democracia.

Las diversas noticias publicadas en los portales argentinos han dado cuenta, además, de resultados electorales que sorprendieron por su alta adhesión a los candidatos que seguían -en gran medida-, a la ideología política del Presidente de la Nación. Cuando estas noticias han sido volcadas en las redes sociales, no han faltado, acaso, ciertos comentarios hirientes a quienes vivimos en el extranjero. Lo que se ha dado en llamar “la grieta”, parece trasvasar, también, las fronteras.

He tenido el honor en varias ocasiones de ser autoridad de mesa, como Presidente, en diversos comicios celebrados a nivel federal en Argentina. Por circunstancias académicas y personales, al residir en España, he participado, el 22 de octubre, como autoridad de mesa en las elecciones legislativas que se llevaron a cabo organizadas por el Consulado General de Madrid, en España.

La contrastación de los dos métodos o procesos electorales que tuve que controlar y dirigir, tanto en Argentina, como en el Extranjero, me han llamado la atención y me tomo el atrevimiento, en estas líneas, de hacer un uso no habitual en mí de expresarme en primera persona, para dar cuenta absoluta de la fidelidad de estas líneas y para que cualquier comentario sea reprochable, directamente, a quien signa.

En primer lugar, he recibido –a lo largo de aquella jornada-, numerosas preguntas de ciudadanos residentes en Argentina sobre cómo se votaba en el extranjero. Tengo que decir, al respecto, que muchas de ellas eran las mismas dudas que yo tenía hasta antes de recibir la capacitación que se me brindó para llevar adelante los comicios, en el Consulado General.

Una de las preguntas recurrentes era si había, en el Colegio electoral, 24 mesas que correspondan a los 24 distritos electorales en los que se votaban. Esto era obvio, habida cuenta que los habitantes que residen en el extranjero pueden provenir, claramente, de cualquiera de las 23 Provincias o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para responder a esta pregunta, debo decir que no fue así. Existieron, en nuestro caso, una decena de mesas habilitadas para las votaciones, en las que los ciudadanos ordenados alfabéticamente (como en cualquier Colegio en Argentina), debían acreditar su identidad y votar.

En segundo lugar, otra recurrente pregunta fue si existían tantas boletas en el cuarto oscuro como listas existentes para candidatos de cada circunscripción electoral. Debo contestar, nuevamente, que no. El sólo hecho de imaginar que existiesen boletas por cada candidato de cada uno de los 24 distritos electorales, me lleva a pensar en un gran salón repleto de escritorios con cientos de pequeñas hojas que podrían –claramente-, marear a cualquier ciudadano, prefiriendo, en muchos casos, votar en blanco, o anular su voto.

En el caso de las boletas, cada Presidente de Mesa tenía en su haber una boleta única por cada distrito electoral, perfectamente ordenadas por el Consulado en una carpeta con 24 folios. De esta manera, al presentarse un elector de determinado distrito electoral, se consultaba en el padrón con cuál distrito votaba (ya que todos votan según su último domicilio en Argentina) y, seguidamente, se le entregaba la papeleta en la que se disponían, uno a uno, todos los candidatos a Diputados y Senadores (en las ocho Provincias en las que se votaban). Así, podían marcar con una cruz hecha con bolígrafo a quién elegían. Todo ello se desarrollaba en una pequeña cabina que resguardaba el secreto de voto.

Digno es decir, además, que el sistema, al no ser el corriente para los electores argentinos, se explicaba cada vez que un ciudadano accedía a votar. De esta manera, se evitaba cualquier irregularidad y, con tan sólo unos segundos de explicación, bastaba para que ningún elector tuviese dudas, ante la sencillez del mecanismo.

Al haber abierto los padrones electorales para que pudiesen votar todas las personas que residen en la circunscripción consular, y no depender el voto a quienes hubiesen hecho la inscripción consular, el número de ciudadanos que pudieron expresar su voto se elevó casi en una decena de veces su número regular, según comentaron algunos. Aún ello, al ser el voto en el extranjero un derecho y no una obligación, la participación fue elevada en comparación a otras convocatorias, pero no al nivel de unas elecciones generales en el territorio de la República.

El escrutinio fue rápido y sencillo. El sistema de boleta única (que ya se usa, por ejemplo, en el sistema electoral cordobés), hizo que las tareas de Presidente, Suplente y Fiscales fuese dinámica y se desenvolviese sin problemas.

Debo decir, por último, que la asistencia de la Cónsul General y de los Cónsules Adjuntos resultó clave a la hora de recibir respuestas a dudas que surgen de la aproximación a un proceso electoral que, si bien tiene el mismo fin que el que se desarrolla en el territorio nacional, no discurre por los mismos canales.

De la experiencia adquirida en las diferentes ocasiones con los dos sistemas, debo decir que la de Presidente de mesa en el extranjero me ha sabido a un proceso ordenado, respetuoso, ágil y vivaz.

Al tomar cuenta de lo sucedido en provincias en las que aún hoy se vota con ley de lemas, por ejemplo, considero que el sistema de voto con boleta única favorece al elector, que tiene toda la información frente a sí. Por su parte, lo mismo ocurre con las autoridades de mesa, quienes pueden desarrollar sus funciones de manera amena y realizar el escrutinio con rapidez.

Ojalá, en el futuro, sirvan las noticias que han dado cuenta del voto de los argentinos residentes en el extranjero, para que muchos más acudan a los comicios y, también, para que las virtudes del proceso que se lleva a cabo fuera del país, sirvan para llamar la atención y cambiar las vetustas figuras que aún se desenvuelven en el escenario de la ley electoral nacional.

 

 

 

 

* Imagen extraída de http://www.telam.com.ar

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