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El Gobierno enfrenta ahora el desafío de darle contenido al proyecto ¨M¨

Facundo Blanco
Politólogo UBA

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Jue, 02-11-2017
Con el triunfo electoral y el relanzamiento de la gestión se verá el auténtico Macri y la verdadera agenda de Cambiemos; de la evaluación que haga el electorado dependerán sus chances en 2019.

Te puede gustar o no. Podés aceptarlo o seguir discutiéndolo. Lo que no es concebible es seguir subestimándolo. El macrismo se ha vuelto un proyecto hegemónico. Escribí previo a las PASO que Cambiemos estaba frágil (https://factorblanco.com/2017/08/08/ellosasiloquisieron/), y posteriormente sostuve que esa fragilidad había sido en parte neutralizada por los resultados de las primarias (https://factorblanco.com/2017/08/25/una-eleccion-necesaria/). Hoy podemos asegurar que solamente depende del gobierno que Mauricio Macri gestione por dos o cuatro años más. Atención. No quiere decir esto que automáticamente Macri será reelecto en el 2019, sino, que ahora se verá el auténtico Mauricio Macri y el verdadero contenido de Cambiemos. Se acabarán las excusas y empezarán a ser evaluados por su electorado, tan esperanzado como volátil.

Cambiemos tuvo un correcto desempeño a nivel nacional superando el 40% de los votos. Esto no solo le permite aumentar su caudal de legisladores, sino que los acuerdos para lograr leyes sean más sencillos y económicos. Además, desde el gobierno, saben que muchos gobernadores quedaron heridos y deben mejorar sus gestiones para no terminar acabados en las próximas elecciones ejecutivas. Este punto ayuda al gobierno, de la misma manera que perjudica a la unificación de la oposición. Los gobernadores necesitan recursos para solventar gastos, pero también para desarrollar obras y repuntar la imagen de sus gobiernos. Es por eso, que en Casa Rosada los esperan ansiosos para negociar.  

Los resultados también muestran que mientras la polarización dure, es decir mientras el cristinismo siga vivo, no habrá lugar para tibios. Massa, Urtubey y Lousteau pueden dar cuenta de ello. Tampoco habrá lugar para el resurgimiento de un neokirchnerismo evolucionado, y Randazzo con su magro 5% lo sabe, ¿para qué votar la imitación si tenés el original? En definitiva, el espacio político en los próximos dos años tenderá a ser como los dos que han pasado, Macri de un lado y CFK del otro, pero con el condimento que ahora veremos al macrismo en acción. Desde Cambiemos saben que el discurso de la “pesada herencia” tiene fecha de vencimiento, exactamente el 10 de diciembre cuando se renueven las cámaras del Congreso. Ante esta situación llego el momento de darle contenido al proyecto y al modelo “M”, es por eso que el presidente no espero ni 24 horas para hablar de las reformas que vienen. Ya daremos los debates acerca del contenido de ellas y si realmente son reformas de fondo o de apariencia, lo cierto es que el panorama actual es nuevo y nos invita a pensar y reflexionar sobre el futuro. Para esto necesitamos respondernos al menos tres preguntas acerca del fenómeno Cambiemos: ¿Qué es? ¿Por qué gano? y ¿Cuál será el futuro?

¿Qué es Cambiemos?

Cambiemos es el espacio político que logró concentrar el voto no peronista. Luego de distintos intentos y de varias coaliciones fallidas, la oposición logró unirse mayoritariamente desde un espacio de centro derecha. Se construyó claramente en contraposición al kirchnerismo, a sus maneras y a sus formas. Pero Cambiemos es algo innovador, y eso quedó plasmado en las últimas elecciones. En contenido ideológico puede, o no, ser similar a los 90, pero reducirlo a eso es subestimarlo. La forma de hacer política ha cambiado, hay nuevas herramientas, mejores métodos y diferentes maneras de llegar al público. Cambiemos lo entiende bien. Por eso construyó en 2015 su discurso en torno al “cambio”. Simplemente cambiar era lo necesario. No había una situación de crisis económica apremiante, ni tampoco una inestabilidad política compleja. Solo existía una gran demanda por un cambio de personas, de formas y algo del contenido luego de doce años de gestión kirchnerista. Ahora, el segundo paso será darle contenido propio al proyecto y por eso la palabra “reforma” será la clave de las próximas semanas.

Cambiemos está compuesto por tres partidos, en donde el PRO le aporta lo nuevo, lo moderno y la cúpula dirigencial. El partido formado por Mauricio Macri aseguró de controlar toda la línea directa de sucesión presidencial y los ministerios claves del poder ejecutivo, lo que da cuenta que el poder es manejado netamente por el PRO y no quiere problemas ni desestabilizaciones. La UCR le dio territorialidad y presencia en todo el país. Le aporta algunos dirigentes de peso, gobernadores para lograr un contrapeso con los colegas peronistas, pero por sobre todo nutrió a Cambiemos de legisladores en el Congreso, donde el PRO contaba con pocos integrantes. La Coalición Cívica, y Carrió puntualmente, le da cierta idea de republicanismo, diversidad e inclusión dentro de la coalición, y afianza al electorado más antikirchnerista.

Una vez en el poder, el desafío era trascender esa idea de que venían a gobernar para los sectores altos. Si uno hace análisis fino, entre las primeras medidas de Macri hubo guiños a aquellos sectores que lo acompañaron desde el primer momento como las mineras, el campo y las grandes empresas. A pesar de eso, hoy no podemos decir que Cambiemos solo recibe votos de los sectores más pudientes. El porcentaje de votos a nivel nacional en esta última elección legislativa, y el desempeño electoral en determinados lugares correspondientes a sectores populares, marcan que el electorado de Cambiemos se ha vuelta multiclasista. Esto viene en relación directa con lo que sosteníamos anteriormente, Cambiemos maneja muy bien las nuevas herramientas de la comunicación. Hace un impecable uso del discurso segmentado según al sector social que quiera llegar, y de esta manera consolida un electorado heterogéneo. Estamos ante la presencia de una nueva coalición. Un nuevo jugador, un actor que recién ahora empezará a mostrar sus cartas y buscará instalarse para siempre.

¿Por qué gano Cambiemos?

Algunos se asombran por los resultados. A pesar de los esfuerzos del gobierno por demostrar una mejoría en lo económico, lo cierto es que de existir, la misma es lenta y turbia. La situación no ha cambiado mucho desde el 2015 y los problemas de fondo siguen siendo los mismos, tal vez sí se usan remedios diferentes, pero ni antes ni ahora la enfermedad está controlada. A pesar de esto Cambiemos logró ganar las elecciones y es por eso que entender por qué gano es clave en una sociedad que suele atar el voto a su realidad económica.

En primer lugar, debemos identificar que hasta hoy Cambiemos siguió construyendo en contraposición al kirchnerismo. Los continuos escándalos de corrupción, armados o no, hacen que la gente aún no de vuelta la página y se olvide de la gestión anterior. Además, la candidatura de Cristina fortalece aún más a ese elector que vota en contra del posible regreso kirchnerista. Esa forma de construir electorado mediante la polarización y la confrontación, nos permite entender y analizar expresiones tan escuchadas por estos días. Es moneda corriente encontrar electores cambiemitas que expresan estos pensamientos: “Sé que la situación está peor, pero confió en que va arrancar”, “¿Qué querés?, si le dejaron un país prendido fuego” o “Las obras que me prometieron toda la vida, parece que arrancan”.

En segundo lugar, Cambiemos focaliza su atención en aquellas promesas incumplidas por gestiones anteriores. No es casualidad que las primeras obras públicas en arrancar sean aquellas prometidas por tantos, pero cumplidas por nadie, sobre todo en los lugares donde existen determinados sectores sociales que han sido descuidados y maltratados por el peronismo durante tantos años (sobre todo en la Provincia de Buenos Aires y en varios lugares del norte del país).

Hay otros dos factores de importancia para entender el triunfo. Por un lado, tener en cuenta que aún no han hecho cambios radicales, por lo tanto, no ha sumado grandes enemigos que vean sus intereses afectados. En contraposición si se han encargado de aquellos que los apoyaron desde un inicio, como las mineras, el campo, grandes empresas multinacionales, sectores importadores y grupos mediáticos que han recibido algunos guiños desde el gobierno. Por otro parte, las medidas de “ajuste” se hicieron al principio de gestión y no se sintieron tanto como se suponía que podía pasar. La clase media, acaso la más afectada con la suba de tarifas y el estancamiento de la economía, tenía cierto margen de tolerancia. Por un lado, sabían que las tarifas en algunos casos rosaban lo irrisorio, y además existía cierta posibilidad de hacerles frente reduciendo gastos en algunas cosas no tan elementales. Como consecuencia de esto, la baja del consumo fue notable y la caída de las ventas en supermercados y shoppings, en el sector automotriz, y en varias ramas de la industria, dieron cuenta de eso. Los sectores más bajos fueron contenidos a partir del otorgamiento de tarifas sociales en los servicios públicos (luz, agua, gas y transporte), y de continuar con la política social implementada por el kirchnerismo, manteniendo planes y asignaciones sociales. Tanto el direccionamiento de gastos y la capacidad de “aguante” de la clase media, como la contención a los sectores populares, permitieron que los “tarifazos” y las diferentes medidas de ajuste no afecten de gran manera en la mayor parte de la población, y si lo hacían, el discurso de la pesada herencia ayudaba a comprenderlos.  

¿Cuál será el futuro de Cambiemos?

A partir de ahora podremos ver cuál es el contenido de Cambiemos. La tendencia neoliberal de los equipos técnicos del gobierno permite realizar análisis apresurados, pero no por eso desacertados. Aún está fresco el recuerdo de las reformas neoliberales de los 90. El presidente dijo: “No hay que tener miedo a las reformas”, pero el problema es que la última época reformista termino con el estallido social, político y económico del 2001. Coincido con Macri en que es el momento adecuado para pensar en hacer algunos cambios de base, pero el mundo atraviesa un momento de incertidumbre y hacerlos mal tendría efectos totalmente negativos.

Ver como el macrismo nutre su proyecto de contenido mientras busca contener a sus electores, será interesante. Cambiemos empezará a ser juzgado por lo que hizo y no por lo que heredó, y aquí tener en cuenta la volatilidad de su electorado es clave. No es un electorado fiel, sino más bien dispuesto a cambiar en caso de que sea necesario. Las reformas que se plantean, que irán desde lo laboral pasando por lo fiscal y lo tributario, pueden ser un arma de doble filo, pero mostrarán las verdaderas intenciones e ideología de un gobierno que hasta ahora hizo menos de lo que se esperaba, inclusive en términos de ajuste.

Las reformas marcarán un rumbo y el gobierno lo sabe. Es lógico que con el capital político que adquirió producto del respaldo electoral que han conseguido, sea el momento indicado para hacerlo. La expectativa pasa por el cómo. Si escuchando recetas de Fondo Monetario Internacional (FMI), o teniendo en cuenta lo que el país realmente necesita. El gobierno tiene todo para quedar en la historia y gobernar por muchos años, pero eso puede esfumarse en poco tiempo si las consecuencias del cambio no son las esperadas. No habrá marketing o medios de comunicación que puedan tapar la realidad.

Con la oposición fragmentada, en donde el peronismo esta huérfano de liderazgo y reacio a Cristina, Cambiemos tiene una gran ventaja. Será tema de otro análisis, pero está claro que si no hay renovación y modernización, el PJ seguirá siendo oposición por varios años. De todas formas, no solo tendrán que renacer nuevos liderazgos, sino también llevar nuevamente credibilidad a sectores ofendidos y descreídos. En la medida que la gestión de Macri sea correcta, no contribuirá a que eso suceda más rápido, pero repetir errores del pasado pueden acelerar la unificación opositora. Por ahora, Cambiemos goza de buena salud y con crédito para plantear las “reformas” y el verdadero proyecto “M”.

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