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El bloque cruje

Eduardo Rivas
Magister en Estudios de la UE (Universidade da Coruña)

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Investigador corresponsal en Argentina del equipo de investigación «Intégrations dans les Amériques Latines» del Centre de Recherche et de Documentation sur l’Amérique latine (CREDAL) - Université de Paris III - Sorbonne Nouvelle

Florencia Deich
Lic. Ciencia Política (UBA)

Egresada de la Maestría en Integración Regional (UBA). Docente en la Universidad de Buenos Aires. Asesora del Parlasur.

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Jue, 04-08-2016
La pelea por la presidencia del Mercosur enfrenta al bloque una vez más a una profunda crisis institucional. Si bien nunca se caracterizó por la rigidez y rigurosidad en el cumplimiento de las normas que se autoimpone, la crisis en la que se encuentra inmerso es de una gravedad tal que puede herir de muerte al proceso de integración tal como lo conocemos hasta hoy. 

El Protocolo de Ouro Preto es complementario del Tratado de Asunción que estableció el MERCOSUR, y regula la base institucional del bloque regional. Según su artículo 5 “La Presidencia del Consejo del Mercado Común será ejercida por rotación de los Estados Partes, en orden alfabético, por un período de seis meses”, artículo que recoge la idea ya reglada por el artículo 12 del Tratado de Asunción.

Popularmente, es el Presidente del MERCOSUR quien asume de manera temporal la Presidencia del Consejo del Mercado Común, reconocido como “el órgano superior del Bloque. Este órgano lleva adelante la conducción política del proceso de integración y la toma de decisiones para asegurar el cumplimiento de los objetivos establecidos por el Tratado de Asunción y para alcanzar la constitución final del mercado común”.

Desde el 29 de noviembre de 1991, en que Argentina ocupó el sitial por primera vez e inauguró el proceso de rotación presidencial, hubo 46 recambios presidenciales, pero el pasado 29 de julio algo se rompió, o se terminó de romper.

En el seno del Consejo Paraguay expuso su oposición a que Venezuela asuma la Presidencia que, por el orden alfabético rotativo le corresponde, argumentando que el país caribeño no respeta los Derechos Humanos. En igual sentido se pronunció Brasil, aunque con una argumentación diferente. En este caso, las autoridades cariocas afirmaron que Venezuela debe primero culminar su proceso de adaptación al MERCOSUR, para luego, entonces sí, ser considerado como miembro pleno del bloque y poder asumir la presidencia rotativa. Argentina se sumó al reclamo de ambos socios y dejó trascender que el gobierno de Maduro no cumple con una serie de protocolos comerciales y por otra parte su país viola los derechos humanos y las garantías democráticas. Uruguay era, por su parte, el único que sostenía que no había motivos suficientes para impedir que Nicolás Maduro asumiera, como presidente venezolano, el  liderazgo del bloque.

Todas las posiciones tienen algo de certeza y algo de oportunismo, y todos los casos hay un hecho histórico que demuestra que la fundamentación última es en términos políticos y no jurídicos, puesto que Venezuela, en la figura de Maduro, ya ejerció la Presidencia del MERCOSUR entre el 12 de julio de 2013 y el 29 de julio de 2014, lo cual en sí mismo es una violación de los tratados constitutivos del Bloque dado que se ejerció la Presidencia por más de un año, pero un antecedente contundente que robustece la posición uruguaya.

Se enfrenta el MERCOSUR a un dilema de difícil solución. El pasado 29 de julio el Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo comunicó que ‘El Gobierno de la República Oriental del Uruguay informa que, habiendo vencido el período de seis meses consagrado en (…) el Tratado de Asunción y el Protocolo de Ouro Preto, ha finalizado su presidencia pro témpore del MERCOSUR’, por lo que esta institución quedó en una virtual acefalía.

Ante esta realidad, el 30 de julio la Cancillería de la República Bolivariana de Venezuela remitió una carta a sus homónimas regionales en la que afirmaba ‘Tenemos a bien informar que, a partir del día de hoy, la República Bolivariana de Venezuela asumirá con beneplácito el ejercicio de la Presidencia Pro Témpore del MERCOSUR, con fundamento en el artículo 12 del Tratado de Asunción y en correspondencia con el artículo 5 del Protocolo Ouro Preto", y recalca que estos artículos son los ‘únicos instrumentos normativos fundacionales que regulan la procedencia y continuidad de la Presidencia Pro Témpore’ del MERCOSUR.

Sin embargo lo que olvida decir la carta del gobierno venezolano es que las decisiones en el MERCOSUR se adoptan por unanimidad, y de esta forma debe realizarse el traspaso de la Presidencia, con la participación de todos los Estados miembros. Así lo recoge el artículo 37 del Protocolo de Ouro Preto que estipula que ‘las decisiones de los órganos del MERCOSUR serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados partes’.

Frente a esto, Paraguay expuso, a través de su Canciller, el rechazo a la nueva situación dado que ‘Para nosotros no existe la mentada automaticidad que señala Venezuela por el Protocolo de Ouro Preto’, y profundizó que ‘Esta actitud (de Venezuela) va en contra de la institucionalidad del MERCOSUR’.

Argentina remitió una carta al resto de los Estados parte apelando a la Decisión CMC 20/02 que permite que “Habiendo consenso sobre la urgencia de la adopción de una norma y no pudiendo esperarse a la celebración de la próxima reunión del órgano decisorio pertinente, después que los Estados Partes hayan realizado la comunicación prevista en el artículo 3 de la presente Decisión, podrán autorizar a sus respectivos representantes diplomáticos a rubricar en un único Estado Parte, los proyectos de normas consensuados por el órgano decisorio en cuestión”, a lo que recibió por toda respuesta la negativa venezolana argumentando que la Canciller Malcorra desconoce la normativa internacional que la propia Venezuela desconoce y viola.

Se encuentra el bloque en un estado de bloqueo inédito donde un Estado por acción actúa, Venezuela, uno por omisión acompaña, Uruguay, y tres por acción pretenden bloquear la acción del primero… y en el contexto que  todo, absolutamente todo, lo que se resuelve en el MERCOSUR debe ser por consenso.

Mientras tanto, el único Estado que saludó la asunción de Venezuela fue la República Plurinacional de Bolivia, que aún no es miembro pleno del bloque.

Como tantas otras veces, la política interna de los miembros del bloque se entromete en la política y la dinámica mercosureña, y es notorio y evidente que la República del Paraguay pretende actuar con la misma contundencia de la que fue víctima en 2012, cuando el MERCOSUR la excluyó tras la destitución de Fernando Lugo de la Presidencia de la República. Suspensión que facilitó el ingreso de Venezuela al bloque, frenada tras la negativa del Parlamento paraguayo para aprobarla y dejada a un lado tras la suspensión de los guaraníes del bloque. Algo empezaba a romperse en el Bloque regional.

Pero no sólo este es el problema que enfrenta el proceso de integración. En el ámbito parlamentario también los hay. La elección de Taiana como su Presidente no gozó de la transparencia que merecía tal proceso y el encubrimiento del detenido mercoparlamentario del Frente para la Victoria José López por parte de sus compañeros de bloque, procurando no asumir la ineludible responsabilidad de haber dado cobijo a un delincuente en sus listas no colaboran para que el MERCOSUR progrese y mejore.

No obstante es de destacar la relevancia que implica el Parlasur para los venezolanos opositores, quienes lograron se traten los pedidos de rechazo a las amenazas de juicios penales por parte de su gobierno ante las públicas declaraciones de sus parlamentarios regionales sobre la violación sistemática de los derechos humanos en su país. También en ese sentido, parlamentarios de la Unión Cívica Radical solicitaron formalmente a la Presidencia del Parlamento que el Consejo del Mercado Común informe acerca de la falta de incorporación por parte de Venezuela del acervo normativo necesario como miembro pleno.

Con problemas en su faz ejecutiva y, también, en su faz parlamentaria, una vez más el MERCOSUR se enfrenta a uno de sus peores momentos, y como siempre, no tiene una red institucional propia de solidez que le permita imponerse por sobre el interés particular de cada uno de los Estados miembros. De su construcción y consolidación depende que el MERCOSUR se constituya en algo más que un proyecto interesante para convertirse en una interesante realidad.

Si bien no son sólidos los argumentos de quienes se oponen a su asunción en la Presidencia del MERCOSUR, resulta paradójico que la República Bolivariana de Venezuela, abanderada del socialismo del Siglo XXI según proclamara el Comandante Hugo Chávez, apele a otra mano invisible para poder cumplir con su cometido.

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