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El baile de la silla

Florencia Deich
Lic. Ciencia Política (UBA)

Egresada de la Maestría en Integración Regional (UBA). Docente en la Universidad de Buenos Aires. Asesora del Parlasur.

Eduardo Rivas
Magister en Estudios de la UE (Universidade da Coruña)

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Investigador corresponsal en Argentina del equipo de investigación «Intégrations dans les Amériques Latines» del Centre de Recherche et de Documentation sur l’Amérique latine (CREDAL) - Université de Paris III - Sorbonne Nouvelle

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Jue, 15-09-2016
El Mercosur decidió otorgarle a Venezuela una ampliación del plazo para internalizar la normativa regional al orden jurídico interno hasta el 2 de diciembre. Esto puede convertirse en un bumeran para quienes aprobaron la nota de consenso, puesto que el índice de incorporación de normas de los países fundadores tampoco es muy elevado. Es un nuevo paso zigzagueante de coyuntura para sortear una situación para la que el bloque no estaba preparado.

Finalmente, y tras varias semanas a la deriva, el MERCOSUR decidió poner proa al puerto menos tormentoso que se avizoraba en el horizonte. Decidió no intervenir directamente en la política doméstica venezolana, pero sí en lo que Venezuela hace, en su política interna, respecto al MERCOSUR. El principio consagrado por la Organización de Estados Americano OEA allá por el año 2005 de la No Indiferencia estaría tomando forma en las gestiones sobre todo de las cancillerías de Brasil y la Argentina. 

Como anunciara el canciller brasileño José Serra en Twitter ‘finalmente solucionamos el impasse en el MERCOSUR (...) Los cuatro países fundadores -Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay- aprobaron una nota de consenso por la que Venezuela no asume la presidencia del bloque, que a partir de ahora será ejercida por una comisión coordinadora conformada por un representante de cada uno de los fundadores’, y se le otorga a Venezuela una ampliación del plazo para internalizar la normativa regional al orden jurídico interno hasta el 2 de diciembre venidero, que de no cumplirlo, provocaría la suspensión de este país del MERCOSUR.

El plazo otorgado es una salida diplomática para evitar sancionar hoy a Venezuela. Dado el tiempo transcurrido entre el ingreso del país caribeño al bloque y la excesiva falta de incorporación de normativa, que el Canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa situó en alrededor de 500 normas, es dudoso aseverar que aquel país llegará al 2 de diciembre con los mínimos requisitos cumplidos para evitar ser definitivamente suspendido del bloque. La condición dada es de muy difícil cumplimiento sobre todo teniendo en cuenta la situación interna de confrontación entre el Ejecutivo liderado por Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional.

Sin embargo no es Venezuela lo que está en juego, que como si fuera la crónica de una suspensión anunciada seguramente tendrá suspendida su membresía al MERCOSUR desde el 3 de diciembre, sino que al utilizar el argumento de la incorporación de normas se estaría dando por tierra el planteo de quienes querían aplicarle el Protocolo de Ushuaia. El haber discurrido por este último ámbito hubiera puesto en jaque a Brasil, puesto que tanto para la destituida ex Presidente Rousseff como para muchos actores políticos de la región el proceso de impeachment se trató de un golpe parlamentario encubierto. Si se aplicara el Protocolo de Ushuaia para el caso venezolano, ¿cómo justificar el no aplicarlo para el caso brasileño?

La incorporación de normas, sin embargo puede convertirse en un bumeran para quienes aprobaron la nota de consenso, puesto que según fuentes de la Cancillería venezolana, el índice de incorporación de normas de los países fundadores no es muy elevado, y el grado de incumplimiento de lo que ellos mismos acordaron y votaron en el ámbito regional muy alto, puesto que lo se consensúa luego no es aplicado en el ámbito nacional.

Esta situación, que se inició cuando Venezuela ocupó la silla de la Presidencia del bloque, y los restantes países, aunque con la excepción de Uruguay, decidieron dejar desocupadas las suyas, se parece más a aquel juego de las sillas que nos entretenía cuando éramos chicos que a la construcción seria y responsable de un proceso de integración que traiga bienestar y prosperidad a los países que lo integran y a sus habitantes. Este es un nuevo paso zigzagueante de coyuntura para sortear una situación para la que el bloque no estaba preparado, menos en este escenario de crisis económicas y cambios de gobierno en algunos de sus países. Ojalá sea el último eslabón de esta cadena de malas decisiones y que el MERCOSUR, nuevamente, ponga proa ‘a una mayor aproximación e integración entre los pueblos de la región [… lo que …] debe necesariamente significar paz, libertad y justicia social; se comprometieron a no ahorrar esfuerzos para que convivan en este continente sociedades que privilegien los principios de dignidad humana, cooperación, solidaridad, paz y bienestar’ tal como lo plasmaron los Presidentes Raúl Ricardo Alfonsín y José Sarney en la Declaración de Iguazú firmada hace ya 31 años.

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