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Ecuador: un triunfo de la polarización

Raul Aldaz
Candidato a PhD (King's College London)

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Jue, 23-03-2017
El 19 de febrero Ecuador tuvo elecciones generales. El binomio oficialista, compuesto por el anterior y el actual vicepresidente de Rafael Correa, pegó en el palo y casi gana la presidencia en una sola vuelta. Pero además de mostrar la vitalidad de Alianza País el conteo final pintó resultados inesperados y atípicos.

El 19 de febrero Ecuador tuvo elecciones generales. El binomio oficialista, compuesto por el anterior y el actual vicepresidente de Rafael Correa, pegó en el palo y casi gana la presidencia en una sola vuelta. No deja de sorprender la fuerza electoral de Alianza País (AP) - el partido de gobierno - tras más de diez años en el poder, malos augurios económicos y escándalos de corrupción. Pero además de mostrar la vitalidad de AP, el conteo final pintó resultados inesperados y atípicos en un entorno en que el fraude parece que quiso asomar su cabeza, pero no se quedó. El desenlace final será en abril. Hasta tanto, políticos, académicos y ciudadanos aún intentamos armar un rompecabezas: ¿qué país se esconde tras los números del 19 de febrero?

Correa traza líneas divisorias y polariza. Desde el día que Correa anunció su primera candidatura presidencial, dividió al mundo y al Ecuador entre buenos y malos, pueblo y ‘pelucones’ (‘chetos’, ‘pitucos’), los mismos de siempre y nosotros. A la última campaña electoral la dividió entre Correistas y anit-correistas. Sus vicepresidentes, con resbalones, adoptaron la agenda de AP, que es la agenda de Correa, y evitaron salir esos márgenes.

Del otro lado estuvo Guillermo Lasso, un antiguo banquero y perdedor frente a Correa en la elección presidencial del 2013, quien adoptó la bandera del anti-correismo. Hubo siete candidatos más, de entre ellos dos tuvieron alguna oportunidad de crecer electoralmente, quienes intentaron construir una narrativa diferente a la polarización propuesta por Correa. Tanto Cynthia Viteri (derecha) como Paco Moncayo (centro-izquierda) ensayaron un discurso de ‘cambio positivo’ o de ‘juntos por el cambio’, que intentó diluir la polarización generada en la Presidencia. El resultado final muestra que la narrativa correista dominó la primera vuelta.

En medio de esta aparente disputa de visiones, Marcelo Odebrecht aportó con lo suyo. La posibilidad de que altos funcionarios del gobierno hayan recibido sobornos para favorecer a la firma brasilera, parecía minar la popularidad del binomio oficial. A ello se sumó las acusaciones de un ex-ministro de Correa, prófugo, que desde Miami difundió videos en los que acusó al candidato oficial a la vicepresidencia, Jorge Glas, de manejar un entramado de corrupción en la comercialización de petróleo y en la readecuación de una refinería.

Horas antes de las elecciones, las encuestadoras sugerían un balotaje entre el candidato oficial, Lenin Moreno, y Lasso. Aunque este último parecía disputarse el segundo lugar frente a Viteri. No obstante, el recuento de votos fue muy diferente. Moreno obtuvo 39.36% del total de votos válidos y estuvo a menos de un punto porcentual de ganar la presidencia en una sola vuelta, le faltó algo más de 60.000 votos. Según las reglas ecuatorianas, se puede ganar en primera vuelta cuando el candidato ganador obtiene más del 40% de votos y más de 10 puntos porcentuales de diferencia sobre el segundo. ¿Por qué obtuvo Moreno más votos que los previstos? Si hubo un voto oculto, ¿por qué se mantuvo escondido? En el último párrafo hago una conjetura.

Tras el cierre de las urnas, hubo una secuencia de hechos que despertó dudas sobre la transparencia del conteo. Los detalles son varios, pero el desenlace fue que miles de quiteños y guayaquileños auto-convocados hicieron una vigilia por tres días, con sus noches, afuera de las instalaciones de la autoridad electoral, demandando transparencia. Este desenlace le dio un empujón a Lasso, quien ganó simpatías por aparecer como víctima de un supuesto fraude. 

Un resultado importante de las elecciones es que Ecuador mantiene fuertes clivajes regionales. Por décadas, el escenario político se fracturó entre partidos costeños y serranos. Salvo por las elecciones del 2013, en las que AP ganó holgadamente en todo el país, los clivajes han estado presentes. Con un giro, esta vez. La costa prefirió a un quiteño: Moreno; mientras que gran parte de la sierra escogió a un costeño: Lasso.

Con el resurgimiento de los clivajes, vienen más hechos llamativos. Por ejemplo, las provincias con mayor presencia indígena prefirieron a Lasso. Cabe anotar que la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) tiene un brazo político: Pachakutik (izquierda). Si bien este partido auspició otra candidatura (Moncayo), las provincias en las que es fuerte prefirieron al candidato de la derecha. El resultado llama la atención porque la Conaie tiene una gran capacidad organización y movilización, que al parecer, no logra expresarse en votos.

Aún es temprano para decir que hay un realineamiento del electorado indígena, pero es sintomático de un proceso más grande de debilitamiento de la izquierda ecuatoriana. Alianza País captó y/o deglutió a gran parte de la izquierda que se movilizó en los 1990s y 2000s. La izquierda por fuera de AP tiene enormes dificultades para conectarse con los electores. Esta es solo la superficie de lo que pudiera ser un problema mayor: la pérdida de brújula.

De otro lado, las dos ciudades más grandes se inclinaron ligeramente a favor de Moreno, pero con mucha variación dentro de ellas. En los distritos más pobres crece el apoyo al oficialismo, mientras que en las zonas de ingresos medios y altos ganaron las otras opciones; principalmente Cynthia Viteri en Guayaquil. La polarización que el poder propone e implementa también llega a la ciudad, que es el espacio donde la gente se mezcla e intercambia. 

Finalmente, si bien las elecciones pusieron en competencia a partidos políticos entre sí, dentro de AP se libran otras batallas. La facción más ideológica o ‘de izquierda’ ve en Moreno a su único medio para sobrevivir políticamente. La mayor parte de ellos quedaron fuera de las listas de candidatos y tienen poca capacidad de acercamiento con sectores por fuera de AP. Esta es una batalla por la supervivencia. La facción menos ideológica y leal a Correa obtuvo escaños en la legislatura, lo que además les brinda inmunidad parlamentaria, y si cabe algo de cinismo, de pronto no vería mal un triunfo de la oposición que viabilice un retorno de Correa en el 2021. Siempre será difícil saber qué es realmente lo que un político quiere.

Los números de la elecciones presidenciales muestran fracturas. Moreno mantuvo gran parte del voto duro de AP, que se construyó desde una narrativa de polarización; es más su voto oculto también es el resultado de un ambiente polarizado que inhibe expresiones francas y abiertas de preferencias políticas. Aparentemente, Lasso también se benefició de esta pedagogía del poder y captó el voto duro anti-correista, de entre otras propuestas intermedias. Esta división se aprecia no solo en la dimensión izquierda-derecha, también en el voto regional y dentro de la ciudades más pobladas. Sin embargo, aún está por verse si la polarización da para otro triunfo, ahora solo entre dos candidatos.

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