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Cuatro lecciones provinciales

Magister en Ciencias Sociales (Flacso México), becario doctoral del CONICET y doctorando en Ciencia Política (UNSAM). Autor del libro "Democracia y Elecciones. Apuntes para una reforma política" (El Ateneo).

Juan Andrés Miño
Politólogo

Magister en Ciencias Sociales (Flacso México), becario doctoral del CONICET y doctorando en Ciencia Política (UNSAM). Autor del libro "Democracia y Elecciones. Apuntes para una reforma política" (El Ateneo).

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Mar, 23-06-2015
Desde el regreso de la democracia, cuatro tendencias se han afianzado en las elecciones provinciales: hay baja competitividad – los ganadores superan al segundo por entre 16 y 20 puntos; los gobernadores ganan siempre, salvo que sean radicales o interinos; no hay casi alternancia partidaria; y ganar el control de las legislaturas provinciales es importante. La excepción a casi todas estas reglas es Santa Fe, cuyo gobernador se conoce hoy. 

El nivel de competitividad de las últimas elecciones en Santa Fe es un dato atípico, política y estadísticamente. De hecho, esta última elección detenta ser la más competitiva de los últimos 30 años en todo el país. Solo el 1% de las elecciones a gobernador en todas las provincias argentinas desde 1983 tuvieron márgenes de victoria menores a 0.2%; y solo en 7 elecciones el ganador venció al segundo partido por menos de 1 punto. 

Si se mantienen los resultados del escrutinio provisorio, la segunda novedad importante es que el Frente Progresista habrá logrado mantener la provincia sin el apoyo de un partido y candidato presidencial fuerte, incluso habiendo impulsado innovaciones en materia electoral que mejoran la transparencia y la gobernanza electoral, especialmente con la implementación de la Boleta Única.

Esta nueva regla promovió que la popularidad de Miguel Del Sel (Unión PRO) no se traslade a las listas legislativas, y contribuyó a la dispersión del poder. El Frente Progresista tendrá mayoría en Diputados y el Peronismo controlará el senado. 

Estos resultados no se replican en casi ningún otro distrito del país y, por el contrario, contrastan ampliamente con cuatro lecciones de la política subnacional desde la vuelta de la democracia. 

La primera de ellas sugiere que, al margen de Santa Fe y un reducido conjunto de casos, la competitividad electoral no está garantizada. Por el contrario, la regla general es que la diferencia entre el ganador y el segundo candidato oscile en promedio entre los 16 y 20 puntos. 

La baja competencia no solo es extendida a varias provincias sino que es también sistemática en muchas de ellas. Entre 1983 y 2014 aumentó la variación de los resultados entre las provincias, impulsado por la pérdida de competitividad en Tucumán, Jujuy y Misiones. Pero la situación más reñida con la equidad electoral se encuentra especialmente en San Luis, La Rioja, Santiago del Estero y Formosa, donde los partidos mayoritarios superan sistemáticamente por más de 30 puntos a sus competidores.

Estos datos son más contrastantes aun cuando se los compara con otros federalismos latinoamericanos como Brasil y México. 

En Brasil, si bien la competitividad varía entre los estados, no es claro que existan unidades subnacionales sistemáticamente poco competitivas, como sí sucede en Argentina.

En México hubo grandes avances particularmente en las décadas del 80’ y 90’. En este país, el aumento de la competitividad de las elecciones y la alternancia en el ejecutivo fueron de la mano de una sustantiva modificación de las reglas electorales –entre las que se destacan la ciudadanización de los institutos electorales, y la incorporación de reglas que mejoran la proporcionalidad en las legislaturas y el financiamiento público de los partidos-. A partir de estos cambios, el margen de victoria promedio se mantuvo en valores cercanos a los 10 puntos.

competitividad en elecciones provinciales

La segunda lección es que los gobernadores nunca pierden elecciones, a menos que sean interinos o radicales. El éxito de los intentos reeleccionistas es la regla en la competencia política provincial. Desde 1983, hubo 190 elecciones ejecutivas. En 67 ocasiones, los gobernadores se sometieron a la reelección y ganaron en 58. Todas las excepciones son de gobernadores radicales contra candidatos de presidentes peronistas (o sea, gobernadores de oposición) y gobernadores interinos, que llegaron al ejecutivo por renuncia, muerte o destitución del gobernador electo. Esto sugiere que la fuente principal del poder electoral de los gobernadores reside, a la vez, en el control político local y en el alineamiento nacional.

La tercera lección es que en varias provincias la alternancia es casi imposible. Los candidatos del gobierno juegan en una cancha inclinada en su favor. La ventaja oficialista es unbeneficio electoral sistemático del que gozan los partidos y candidatos oficialistas por el solo hecho de ocupar el gobierno, un sesgo sistemático en las condiciones de la competencia política que hace que el oficialismo, independientemente de su desempeño, tenga más probabilidades de ganar las elecciones que la oposición. Como muestran Page y Schiumerini (2012), en provincias como Formosa, San Luis, Santa Cruz, Santiago del Estero, Neuquén y La Rioja, la probabilidad de victoria del oficialismo es del 100%. 

Finalmente, la última lección es que las elecciones legislativas importan, y no deberían ser vistas como un premio consuelo para la oposición. De hecho, ni siquiera es un premio consuelo. El poder de los congresos reside en la capacidad de responder –o no- al pulso del ejecutivo, y de achicar o de ampliar la agenda política. Por eso es que a los impulsos personalistas en las provincias le siguieron inmediatamente nuevas reglas que afectan directamente a esta institución, que producen mayorías inexistentes en términos electorales, que agrandan artificialmente las bancas para los ganadores, y achican los espacios de representación para los opositores. El resultado ha determinado que en varios distritos se distorsione gravemente la relación entre los votos que reciben los partidos y las bancas asignadas. Esta situación es especialmente comprometida en Santa Cruz, Córdoba, Chubut, Salta y Río Negro. 

¿De qué depende que algunas provincias tengan elecciones competitivas y otras no? El resultado está influido por una multiplicidad de causas, en las que confluyen especialmente las características de las reglas electorales, la asimetría de recursos entre los candidatos, el desempeño del gobierno y las preferencias de los ciudadanos. No obstante, a muchas provincias le faltan muchos escalones para ser Santa Fe. 

 

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