Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

Cómo se sostiene la imagen positiva del gobierno

Ignacio Ramírez
Director de Ibarómetro

-A A +A
Vie, 23-12-2016
Durante el 2016 empeoraron de manera sostenida todas las percepciones económicas (sociotrópicas y egotrópicas, referidas al presente y al futuro) y sin embargo el apoyo al Gobierno Nacional no sufrió, hasta el momento, sangrías significativas. Si no es la economía, ni tampoco la gestión... ¿sobre qué bases se edifica la imagen positiva del Gobierno? 

Un dato y un enigma: el Gobierno Nacional termina su primer año suscitando un respaldo estabilizado de casi un 50% de la opinión pública. Ahora bien, dado el deterioro a lo largo del año de los indicadores socioeconómicos más “tangibles” - habitualmente vinculados predictivamente con las evaluaciones de gestión – el importante volumen de apoyo al Gobierno se convierte en un dato atípico, un rebelde serendipity que desafía nuestro sentido común teórico, nuestros inerciales hábitos explicativos. Cuando se rompe el vínculo conocido entre una causa y su efecto esperado cobra protagonismo el Sin Embargo. Ensayemos entonces un resumen del año: durante el 2016 empeoraron de manera sostenida todas las percepciones económicas (sociotrópicas y egotrópicas, referidas al presente y al futuro) y sin embargo el apoyo al Gobierno Nacional no sufrió, hasta el momento, sangrías significativas (ver Gráfico 1). 

Antes de desplegar un balbuceo explicativo, como reemplazo de la acorralada explicación basada en la economía, quisiera cuestionar dos “teorías de la imagen del Gobierno” muy extendidas. A la primera, la llamaré “la teoría de la transgresión al contrato electoral”. Desde esta perspectiva, de sesgo opositor, las visible dificultades de gestión que ha mostrado Cambiemos en su primer año y la agudización de la situación social serían una elocuente evidencia de una estafa al contrato electoral. Por lo tanto, tales resultados “objetivos” derrumbarían por si mismos los umbrales de acompañamiento al Gobierno. Sin embargo, el apoyo no cae de manera que esta teoría merece algunas correcciones conceptuales. 

En primer lugar, los contratos electorales ya no son – si es que alguna vez lo fueron – estrictamente programáticos. El contrato electoral se compone de motivaciones y expectativas que no necesariamente coinciden con los mensajes y contenidos que protagonizan los spots publicitarios (la gente no compra por la razón por la que el que vende cree que vende). Al medir la percepción sobre el desempeño del Gobierno de Macri en las tres rutas discusivas que estructuraron su campaña electoral (Pobreza Cero, Combate al narcotráfico y unidad de los argentinos) encontramos calificaciones mayoritariamente negativas, especialmente en los dos primeras, y sin embargo entre quienes votaron a Macri no existe una percepción de “estafa electoral”. Entonces: ¿cuál fue el combustible de las motivaciones del voto por Cambiemos? La motivación que dio contenido casi excluyente al contrato electoral fue el cambio, es decir, se trató un voto fundamentalmente destinado a cerrar la etapa política vigente hasta el año pasado. Paso en limpio: Cambiemos no ganó por un voto económico ni por un pacto estrictamente programático, con lo cual sus aciertos o desaciertos en materia gestión no impactan sobre la percepción del mayor o menor cumplimiento del pacto de origen. Al cerrar el ciclo kirchnerista,  Cambiemos cumplió su contrato electoral e, incluso, sus votantes aún conservan resabios de satisfacción de sus deseos (electorales) correspondidos. 

La segunda teoría, de sesgo oficialista, pone el acento sobre las expectativas. Se acepta que el Gobierno Nacional tuvo un desempeño “modesto” pero se le atribuye una destacada habilidad para revolucionar las expectativas de los ciudadanos. Sin embargo los datos no respaldan la “Teoría de las expectativas”: en el curso del año el optimismo económico sufrió una hemorragia de más de 20 puntos; el porcentaje de quienes consideran que la economía del país estará mejor en los próximos meses pasó del 60% (enero) al 40% en diciembre. La radiografía anímica (ver gráfico 2) ilustra con elocuencia la ausencia de una esperanza generalizada: los sentimientos que tiñen a la  opinión pública son, mayoritariamente, una mezcla de incertidumbre y temor. Aquí surge una paradoja: la fortaleza del Gobierno no pareciera radicar en su capacidad para movilizar grandes esperanzas. Por el contrario, su fortaleza consiste en sostener un capital político importante sin que sea necesaria la presencia de una una sólida ilusión por un futuro mejor. Las expectativas económicas transitan por una pronunciada pendiente descendente – a pesar de tratarse de una variable con una tendencia antropológica hacia el optimismo - y sin embargo la imagen positiva del Gobierno Nacional continúa “indiferente” a la marcha de la economía. Aquí se forma una intersección entre la teoría del contrato roto y la de las expectativas: ambas ponen excesivo énfasis sobre un factor donde no se encuentra ni el origen del Gobierno ni tampoco el centro de gravedad de sus adhesiones. Los serendipitys son así, nos mueven la estantería argumental. 

Asimismo, al examinar las evaluaciones de lo realizado hasta el momento por el Gobierno en distintas áreas de gestión se accede a una conclusión: la imagen del Gobierno es (mucho) más que la suma de las partes: seguridad, obras públicas y gestión de la economía suscitan minoritarias valoraciones positivas de alrededor del 35%, mientras que la evaluación global del gobierno roza el umbral del 50%. Expresado en el idioma del artículo: un amplia mayoría de argentinos califica críticamente el desempeño del Gobierno de Macri en las áreas más relevantes, sin embargo uno de cada dos argentinos sostiene una imagen  positiva del Gobierno de Cambiemos. 

Pero entonces, si no es la economía ni tampoco la gestión… qué es? A continuación consigno tres factores que, entiendo, deberían ser incorporados a la explicación del enigma: ¿sobre qué bases se edifica la imagen positiva del Gobierno? 

1-Polarización: El vigente contexto de polarizacón contribuye a intensificar y “congelar” las orientaciones ideológicas y opiniones políticas pre-existentes de los ciudadanos, inhibiendo las posibilidades de cambio en sus valoraciones. No es casual que la evaluación del Gobierno Nacional muestre niveles de aprobación y desaprobación casi idénticos a la foto electoral del balotaje, aquel fifty-fifty.  La polarización actúa acentuando el peso de las actitudes políticas sobre los otros factores que intervienen en la elaboración de opiniones, experiencia directa e información recibida por los medios. Bajo climas políticos polarizados se fortalece la disonancia cognitiva como mecanismo para saldar posibles tensiones valores políticos personales (“creo que Cambiemos la hará bien al país) e información percibida del entorno (“la economía no marcha bien”). Al respecto, el framing “pesada herencia” (apalancado por una muy eficaz “gestión del pasado” de la comunicación de Cambiemos) funciona como solución de la disonancia cognitiva que podrían experimentar los votantes oficialistas. Aquello de “los hechos hablan por sí mismo” entraña una pobre comprensión de la anatomía de la opinión pública, donde la única verdad es la percepción de la realidad.  

2-Clivaje asimétrico: Otro de los aciertos comunicacionales del oficialismo consistió en seguir dotando de protagonismo al kirchnerismo. Un clivaje estructurado en torno del kirchnerimo divide las aguas de manera asimétrica: 65% vs 35% a favor de Cambiemos. Por su parte, el kirchnerismo convalidó tal estrategia, por la cual la agenda política (especialmente en los primeros meses) no tuvo como protagonistas a las políticas públicas del Gobierno y a sus efectos, sino a la herencia, la naturaleza del kirchnerismo y sus desprendimientos. Se trata de lo que Mario Riorda denomina un “contradicción controlada”. Por el contrario, si el campo político se organizara a partir de la actuación del Gobierno Nacional, el escenario político resultaría más parejo y, sobre todo, más incómodo para el oficialismo. Por tales razones, el clivaje “oficialismo” vs “oposición” no termina de configurarse. 

3-Política de las intenciones: De manera muy articulada, la comunicación política del Gobierno Nacional estuvo orientada de tal forma que su legitimidad no descansa sobre el impacto de sus decisiones ni sobre a orientación de las políticas públicas que despliega. La legitimidad del Gobierno de Macri descansa sobre las intenciones que se le atribuyen. “Política de las intenciones”, lo llamó Pierre Ronsavallon. Un gobierno con entusiasmo, un presidente sincero, un equipo que dialoga y escucha, una Gobernadora con empatía constituyeron los ingredientes de la nueva narrativa gubernamental. Una de las principales ventajas de dicha estrategia comunicacional ha sido la de permitir que las distintas “evidencias negativas de la realidad” resbalaran sobre la imagen del Gobierno, sin dañarla severamente. 

En la medida en que la percepción de la economía no mejore y el Gobierrno no consolide marcas reconocidas de gestión se mantendrán los actuales niveles de apoyo? Todo indica que no, sin embargo ante tanto serendipity no conviene insistir con los pronósticos políticos.

Gráfico 1

Imagen del Gobierno Nacional (en %)

ibarómetro

Gráfico 2

Clima anímico, sentimientos hacia el futuro (en %)

ibarómetro

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo