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China

Isabel Peña
Artista visual

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Jue, 18-09-2014
Me gusta que escuchemos a nuestros ancianos, sobre todo a los que han sabido trabajarse a sí mismos porque son sabios y alegres. China Zorrilla tuvo una sabiduría diferente a la mayoría de los mortales.

Para escribir sobre China Zorrilla primero voy a un locutorio con buenos parlantes a repasar esta mala noticia que por su edad cae de maduro. Salgo a buscar esa rara sensación de pérdida mediada pero de primera fuente: sus amigos. Mas allá de la familia de origen que la cuidó al final, China produjo familia de colegas y amigos de una diversidad maravillosa.

Antes de leer sobre las obras en su descabellado curriculum de 92 años gozando casi ininterrumpidamente del arte, y recordando que su padre fue un importante escultor uruguayo, escuché a Susana hablando de ella.

Y me reservé para el final el plato de ravioles, yo hago ravioles, ella hace ravioles, digo, el plato fuerte de volver a verla por la banda que ensancha y distribuye al arte, el mecenas contemporáneo: Youtube. Quedó inmortalizada en Esperando la Carroza y sublimando malestares de vecinos, de hacer malabares con la guita en estos días en los que una vez más lo que ganamos un día vale la mitad a la mañana siguiente vapuleando nuestra autoestima. Su actuación ahí es como un pogo, su cuerpo cachetea a sus seres más cercanos, es masa fundida en nuestro inconsciente colectivo. Hay entrega, pan y vino y ravioles. La veo aportar su grano de pus a esa maravillosa capacidad que tiene el cine argentino de representar a los gritos lo más burdo de nuestra cultura. Desde el maltrato a los hijos hasta el odio a la suegra, enmascarados en un tremendo doble discurso sobre la bondad que nace de los pechos maternos, y en la descarada manipulación que actúa variando los tonos de su voz.

Esto es lo mejor, despedirla agradecida, riendo. Esperando que su alma tenga el mejor de los viajes, tranquila de llevar hacia el misterio todo lo que nos dio.

Nacida en tierras vecinas que albergan gente noble y humilde como su actual presidente el Pepe, (el Nelson Mandela latinoamericano), como la Oreiro a quien adoptamos, como Martín Sastre, que se ríe en sus videos de la pequeñez de su grisáceo Montevideo como si ahí estuviera el oráculo, como si pudiéramos revertir la tragicómica influencia de Hollywood.

Permítanme desparramar subjetividad sentida por los hermanos del otro lado del charco más ancho del mundo. Es fuerte que ya no esté con nosotros esta anciana de la tribu mediática.

Ella supo vivir y relacionarse en tiempos de ocio, así como hacer notables trabajos

en colaboración. Con su vozarrón y su sentido del humor protagonizó obras, o se robó el recuerdo central en mi memoria, acompañada de otros grandes de nuestra actuación. Exhalaba calidez, digámoslo, era atrapante verla en cualquier circunstancia.

Va a ser duro no poder escuchar sus ideas, sus opiniones en los tiempos que nos toque seguir viviendo. ¡Se aguantó con altura estar acá desde 1922! Un amigo sostiene que hay un tipo de intelectuales que son los que reflexionan en base a las experiencias de la vida, un enfoque espirituoso más budista que académico, si se quiere. China era una de esas. Podía jugar al backgammonn o instalarse a hablar con el florista de su barrio, mirando a la gente pasar. Hablaba de la vida y de su trabajo sin excesiva autoimportancia, jamás se la ha escrachado en situación dramática ni solemne. Hasta el final, ya estando en cama, (que fea palabra, postrada) dicen que cortaba las conversaciones telefónicas con humor: bueno, te dejo porque tengo que ir a ensayar.

Carlos Perciavalle contó que un día en un partido de canasta en lo de China, los sorprendió el timbre y  ella volvió a la mesa contando plata. "¿Se acuerdan de aquel taxista al que le presté 37 mil dólares? Me los vino a devolver. Me dijo que no vino antes porque tardó todos estos años en juntarlos. Por uno solo que te devuelva lo que le has prestado vale la pena la cantidad de personas que no me han devuelto". Apuesto a que nos enteramos de esta anécdota espectacular solo porque era una persona que cultivaba la amistad.

No la vamos a endiosar porque haya muerto hoy. No hace falta decir mucho sobre la fuerza de su carácter, que naturalmente enriqueció la calidad de sus actuaciones. Me gusta que escuchemos a nuestros ancianos, sobre todo a los que han sabido trabajarse a sí mismos porque son sabios y alegres. Esta artista tuvo una sabiduría diferente a la mayoría de los mortales, que aprenden a dar a los tumbos las oleadas de amor dolor y felicidad que regalan los hijos. Ella desperdigó su amor de otra forma.

Susana Giménez le atribuye el éxito de la mujer del año, de cuya letra fue autora China. Dice que escribía y mandaba textos en papelitos, en servilletas, precursora de nuestra era de escritura fragmentada y efímera pero digital.

La china fue familia

La china me tejía cosas

Por favor, un cuento más

Le pedimos, como si fuera a volver a amagar a sacar otro cuento de la galera, como si siguiera despierta y enfocada en dar la mejor obra y vida posible, ensayando en algún lugar.

Fuente imagen: infobae.com

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