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Chile: Un gabinete para la reforma

Maximiliano Campos Ríos
Magister en Administración Pública (UdeSA)

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Profesor e investigador. 

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Mar, 26-05-2015
Entre cruces y acusaciones por corrupción, caída en las encuestas, baja de su imagen, y la falta de respuestas a los principales problemas que había prometido cambiar, Michelle Bachelet hizo un cambio sideral: modificó su gabinete, con cambios que además reconfiguraron el mapa de la coalición gobernante. Esto le permitirá avanzar sobre la reforma educativa y, posiblemente, la reforma de la Constitución.

Nunca en la historia chilena, desde 1990 año en que retornó a la democracia hasta hoy, un presidente había realizado un cambio tan radical en su gabinete. Por caso, es la primera vez que un presidente resuelve cambiar su ministro de Hacienda, un símbolo de estabilidad de los “fundamentals” de la economía. El principal problema de Bachelet es que por tratarse de un gobierno de coalición, los cambios deben respetar determinados acuerdos internos, para evitar que un quiebre en la coalición que sustenta al gobierno se traslade al Congreso y complique aún más a la presidente.

Más allá del cambio del ministro de Hacienda,  donde el socialista Alberto Arenas dejó su lugar a Rodrigo Valdés Pulido, del Partido por la Democracia (PPD), lo cambios reconfiguran el mapa de la coalición. El Partido Socialista, de la propia Bachelet, perdió dos ministerios importantes, al dejar Hacienda y Desarrollo Social. El Partido por la Democracia (PPD), logró ganar un nuevo ministerio al sumar Hacienda, quedando con mayor peso en el gabinete con seis ministerios. Lo más llamativo es el aumento de ministerios en partidos más radicalizados dentro de la coalición: el Partico Comunista consiguió tener dos Ministerios: el Servicio Nacional de la Mujer y el Ministerio de Desarrollo Social. El resto de los integrantes, mantuvieron su poder: la Democracia Cristina con seis, el Partido Radical y la Izquierda Cristiana con uno, y los independientes con cuatro.

Los gabinetes son la caja de resonancia más cercana a los presidentes. En los sistemas presidenciales, son un dispositivo que funciona a decisión del primer mandatario, llevan a cabo la administración diaria de las diferentes áreas, y la implementación general de las políticas públicas. Un cambio de esta magnitud permite pensar en un relanzamiento de la agenda de Bachelet, en función de lograr las transformaciones radicales que prometió en campaña, entre ellas: la educación.

Los cambios de Bachelet auguran un nuevo tiempo, con nuevos proyectos. Con movilizaciones y reclamos que se acumulan en materia de educación, luego del escándalo de corrupción de su hijo, y los problemas por el financiamiento de la última campaña, el gobierno comenzó a trabajar en refundar la gestión. El primer cambio importante que Bachelet logró en el primer año de gestión es el cambio definitivo del sistema binominal que cambió por un sistema proporcional, que incluye a las minorías, y que promueve que el 40% de las candidatas sean mujeres. Pero todos estos cambios positivos, quedaron tapados por los problemas del gobierno que sacudieron por primera vez en mucho tiempo la imagen de Bachelet.

El cambio en el sistema electoral, viene a terminar con más de 30 años de historia chilena, con un sistema planificado por la dictadura de Augusto Pinochet para retener cierto nivel de poder, y que obligó a los partidos a coaligarse, pero sobre todo, que moldeó un sistema de partidos multipartidario que organiza su oferta en dos grande coaliciones: una de centro izquierda: la Concertación, actualmente Nueva Mayoría, y la Alianza, de centro derecha, compuesta por Renovación Nacional y la UDI. Asimismo, Bachelet logró otro cambio trascendental: la promulgación de la reforma tributaria.

A pesar de todo esto, resta aún saber qué hará en materia de Educación, donde la última protesta dejó dos muertos, si continuará con el proyecto de modificación de la Constitución, y qué rol le asignará al Estado. Las muertes en Valparaíso obligan al gobierno a retomar la agenda de la Educación,  más allá  de las decisiones que ya implementó, como la creación de dos nuevas universidades estatales, y el intento de crear quince centros de educación técnica, también bajo la órbita estatal. A esto se suma la agenda de transparencia, que incluye medidas administrativas, y nuevas leyes para lograr dotar de mayor transparencia su gestión, apuntalando la excelencia y evitando los abusos.

De esta manera, la Presidente intenta cambiar la forma de administración del Estado, mejorando sus funciones, consiguiendo la adhesión de nuevos sectores, y abriendo la negociación para evitar mayores conflictos. En esta línea, Bachelet anunció cambios importantes en materia de contratación del gobierno central, y una baja en los costos que pagan los pensionados en materia de salud. La primera medida apunta a terminar con la informalidad del trabajo estatal.

Finalmente, la gran incógnita recae sobre la Constitución. Bachelet anunció apenas unos meses atrás, que en septiembre enviará un proyecto para comenzar el proceso de reforma de la Constitución, heredada del gobierno de Pinochet, por una más ciudadana y democrática. Una vieja deuda en materia política. Los cambios en el gobierno podrían ser un buen augurio de esto. El nuevo entorno político, y de mayor cercanía de la Presidente fue modificado por completo y podría ser un punto de apoyo importante para su gobierno. De tener éxito en las  medidas que inició en los últimos meses, y lograr la estabilidad política que no ha tenido en los primeros catorce meses de gestión, la reforma de la Constitución será solo una cuestión de tiempo y de capacidad del Ejecutivo de comandarla.

El Gabinete debe pensarse como el grupo más cercano, y que “blinda” en caso de crisis al presidente. Su designación unilateral por parte del presidente lo hace dependiente de este, pero también responsable de la gestión del primer mandatario. En este caso, y al tratarse de un gobierno de coalición, el gabinete cumple la función de “balanceo” interno de las fuerzas políticas. Un cambio radical en la composición del mismo plantea una apuesta política de máximo nivel, que con tres años por delante, y con una agenda ambiciosa, tiene aún la opción de lograr cumplir con sus principales promesas, y terminar con éxito su segundo mandato a cargo del ejecutivo chileno. 

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