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Caso Santiago Maldonado: su doxarquía y la barbariedad argentina

Javier Cubillas
Diplomatura en Asuntos Públicos (Universidad Austral)

Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

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Lun, 04-09-2017
No hay reclamo más liberal que ponga en jaque la credibilidad y sustancia de un Estado de Derecho que el de: ¿Dónde está Santiago Maldonado?.

Santiago Maldonado, bonaerense de 28 años, fue visto por última vez en Chubut, en el departamento de Cushamen, durante un operativo de la Gendarmería Nacional el día 1 de agosto, cerca del mediodía.

En dicho operativo un cuerpo de Gendarmería avanzó sobre un corte en la ruta 40 y con posterioridad ingresó a un predio en donde se encuentra la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia Cushamen, en la estancia Leleque de la Compañía de las Tierras del Sud S.A., negando haber detenido al joven.

Hasta el momento, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, sostuvo en varias ocasiones que no hay pruebas de que esta fuerza lo haya detenido. En el mismo sentido el juez federal de la causa y la fiscal han expresado no tener pruebas de que Maldonado haya sido detenido ni desaparecido a pesar del cambio de la caratula de la causa, actualmente, bajo investigación por “desaparición forzada de persona”.

Por ello, desde los organismos de derechos humanos y la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, entre otros, se ha denunciado que el caso se trata de una “desaparición forzada” realizando marchas para exigir al Estado su pronta aparición.

Otras voces locales puntualizaron que se debe dejar trabajar a la justicia antes de alentar tales consideraciones y que para la configuración de la desaparición forzada era necesario que alguna fuerza del Estado detenga o secuestre a una persona y que se impida el funcionamiento regular del Poder Judicial para esclarecer el hecho. Es decir, con un accionar ajustado a derecho – denuncia, investigación, defensa y juzgamiento- por parte de la justicia no hay desaparición forzada sino investigaciones para atribuir o deslindar responsabilidades aplicables conforme a los tipos penales del Código Penal de la Nación.

A nivel internacional, el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas, exigió al gobierno que adopte una exhaustiva estrategia de búsqueda y localización de Maldonado.

Producto de esta grave situación, hay que decirlo con todas las letras, emerge un nuevo epicentro de los reclamos y es ni más ni menos que el ecosistema de las redes sociales, con la pregunta ¿Dónde está Santiago Maldonado?, sumándose la expresión “Soy (nombre) y estoy en (lugar); lo que no sé es dónde está Santiago Maldonado” y los hashtags #SantiagoMaldonado o #Maldonado. Todas expresiones elocuentes de una demanda creciente de respuestas sobre lo ocurrido, desde cualquier parte del país.

Esta acciones comunicacionales son tributarias de los espacios públicos, de los movimientos sociales, de las nuevas tecnologías de la comunicación, de la licuación y fragmentación del corpus y saber científico de las tecnocracias y de las administraciones y militantes pro status quo o conservadoras. Ahora, la centralidad la tiene la sorpresa, lo imprevisto, por ende la ruptura y la crítica constante de quienes se cansaron de un modo de hacer política institucional y tradicional.

Los reclamos y las consignas tienen entonces como característica principal un corto tiempo de impulso pero una intensidad visible con la finalidad de poder instalar un mensaje en los medios tradicionales y masivos que provoque un cambio o mejora en el estado de situación social.

Cuando ello ocurre, los medios como la TV, la radio y los diarios, lo receptan y amplían la novedad dándole un carácter de ejemplaridad y formalidad al mensaje y/o reclamo. Estos medios, sus periodistas y redacciones se ven afectados y compelidos a actuar de acuerdo a la intensidad del reclamo. Así́, legitimado ahora por comunicadores sociales que bien teatralizan la indignación y la duda y son reconocidos como el cuarto poder, el reclamo irrumpe en los gabinetes y la agenda de gobierno comenzando a cambiar tendencias, prioridades y atención. Ese reclamo, que es una opinión disruptiva que afecta la marcha y dirección original de la administración y los medios masivos es lo que propusimos hace un tiempo denominar: doxarquía.

Doxarquía es entonces la estructuración de una opinión con la intensidad suficiente como para hegemonizar la opinión pública y la temática de los medios masivos de comunicación, afectando y cambiando la toma de decisiones de los dirigentes y funcionarios del Estado, principalmente. Es un modo de influir en la política tradicional que la deconstruye ampliándola, abriéndola, escrutándola, levantando el velo sobre su accionar anterior poniendo en jaque algún modo de ejercer el poder que ya no tiene legitimidad suficiente como para mantener el statu quo administrativo.

Entonces, la pregunta sobre ¿Dónde está Santiago Maldonado?, la expresión “Soy (nombre) y estoy en (lugar); lo que no sé es dónde está Santiago Maldonado” y los hashtags #SantiagoMaldonado y #Maldonado fueron cabales muestras de la intensidad que las redes pueden transmitir a la agenda de la política. La Doxarquía por Santiago Maldonado es un evento social y político que debe ser recordado y analizado por sus implicancias personales e institucionales. En este sentido, recomiendo la lectura del texto de Natalia Aruguete y Ernesto Calvo, Una voz imposible de callar: ¿Dónde está Santiago Maldonado? en el que analizan la potencia de la red en el caso #Maldonado.

Sumado a todo esto y por si fuera poco, no hay reclamo más liberal que ponga en jaque la credibilidad y sustancia de un Estado de Derecho que el de: ¿Dónde está Santiago Maldonado? Así, desde las posiciones que sólo alientan la categorización de averiguación de paradero a las que impulsan sólo la desaparición forzada de personas, hay un universo que demuestra la agonalidad incipiente en algunos sectores de nuestra sociedad, cuestión que debe tener resolución de modo pacífico, institucionalizado, dada la necesidad de verdad y justicia sin un sentido partidario, sectorial o faccioso.

En este sentido, flaco favor también se hace al entendimiento y análisis sobre la gravedad de la situación al sostenerse denominaciones o adjetivaciones sobre tareas o actividades con las que se lo asocia (artesano, militante, activista, zurdo, etc). Olvidan así el fondo de la cuestión: es una persona buscada dentro del territorio argentino que debe ser encontrada para clarificar el contexto, los hechos, los actores y su situación personal, protegiendo su integridad física y espiritual de ser necesario.

Finalmente, lo peor que puede ocurrir en este escenario no sólo es que Santiago no aparezca o nos encontremos con su deceso, sino que además transitemos por el posible encubrimiento de actores con responsabilidad social, la opacidad de la administración al no entregar toda la información pública que pueda disponer y una conducción política en el nivel ministerial que no actúe con idoneidad (adecuación a un fin constitucional), necesidad (intervención más benigna) y proporcionalidad (no restringir un derecho más allá del beneficio a realizar) para sostener una actuación política razonablemente pública y ejemplar.

Es necesario entonces insistir en que está fuera de toda discusión la necesidad de que la sociedad obtenga rápidas y razonables respuestas que clarifiquen la situación actual sobre el paradero de Maldonado. Pero también es importante dejar en claro que la doxarquía que busca alertar y cambiar una tendencia y/o atención de un gobierno no se empañe en acciones y discursos radicalizados que nos sumerjan en una barbariedad generalizada a toda la sociedad argentina.

Recordemos aquella observación que Alberdi le hace a Sarmiento respecto al concepto mismo de la barbarie cuando le recuerda que puede ser bárbaro aún quien es instruido y que de ella puede esperarse una barbarie ilustrada todavía más desastrosa para la sociedad. Para no llegar a esto, a una nueva muestra de lo que llamamos barbariedad argentina, los actores institucionales se deben a sus acciones y funciones constitucionales y los restantes actores de la sociedad deben aspirar a cotejar, analizar y debatir los hechos dentro del marco de la libertad de expresión que protege no sólo a las ideas que nos agradan, sino también las que nos disgustan, como parte de las reglas de juego de la Constitución Nacional vigente -Democrática, Liberal y Republicana- y las sociedades plurales y abiertas que le dan vida.

Por lo pronto, ¿Dónde está Santiago Maldonado?

 

 

* Imagen extraída de http: www.lanacion.com.ar

 

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