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Casi sin rivales, Cambiemos tiene una rara oportunidad en la Ciudad

Alejandro Rascovan
Dr. en Ciencias Sociales (UBA/EHSS)

Becario Postdoctoral IMHICIHU/CONICET. Docente FSOC/UBA.

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Mié, 01-11-2017
El contundente resultado electoral le abre al oficialismo porteño la posibilidad de avanzar sin trabas en su agenda de gobierno, mientras que la oposición enfrenta el doble desafío de renovarse y ofrecerse como alternativa.

Mientras que la Provincia de Buenos Aires se llevó todas las luces, la elección en la ciudad (la PASO como la general) quedó subsumida a una única incógnita, el porcentaje final de votos para la coalición gobernante. La aplastante victoria de la lista encabezada por E. Carrió demostró el poderío que Cambiemos sigue ejerciendo en la capital. Con los resultados provisorios, el gobierno porteño estaría sumando 16 bancas lo que le permitiría tener mayoría automática en la Legislatura.

Este resultado abre un panorama dificultoso para los sectores opositores que no sólo no encuentran el modo de construir un discurso y una práctica opositora atractiva, pero que además han visto como el contrincante que más cerca estuvo de arrebatarles el poder, M. Lousteau, se desvaneció entre la Embajada en Washington y una baja en los votos entre la Paso y el 22/O.

Proponemos tres escenarios futuros para la oposición en CABA, cada uno con sus dificultades, pisos y techos electorales: continuidad, reconstrucción y alternativa.

Un primer escenario es el de continuidad. El kirchnerismo – ahora Unidad Ciudadana – sigue establecida como la segunda fuerza y como cabeza de la oposición. Aunque en términos absolutos esta variante resulta obvia y evidente, encontramos, siguiendo  los resultados de la última elección algunas certezas en relación a la potencialidad de este amplio y a su vez estrecho, espacio político. Este sector, amplio por un lado, involucra una variante de diferentes fuerzas donde se destacan D. Filmus, J. Cabandié y M. Recalde; podemos suponer que su voto se nutre de sectores asociados con el progresismo, movimientos sociales y el pj capital. Su mejor performance fueron los ballotage que enfrentaron a Filmus con M. Macri (39% en 2007 y 35% en 2011).

Analizando los resultados de los últimos 10 años, podemos argumentar que el entonces FPV – ahora Unidad Porteña, tiene un techo electoral marcado. Podemos suponer dos hipótesis, en primer lugar, su carácter opositor no fue del todo claro, esto se pudo observar en su actuación en la Legislatura porteña donde han facilitado algunas votaciones a favor del gobierno de M. Macri y ahora de H. Rodríguez Larreta, principalmente en temas urbanos.

Por otro lado, podemos suponer, que su techo en relación al conjunto del electorado porteño, está marcado por un descontento grande hacia la líder del espacio, la ex presidenta C. Fernández de Kirchner y también hacia los candidatos como J. Cabandié y M. Recalde, ambos figuras de La Cámpora. Tanto en 2017, como en 2015 y 2013 han conseguido 6 bancas, mientras que 2011, a pesar del 54% de la entonces presidenta, sólo obtuvieron 5.

Al segundo escenario podemos denominarlo de reconstrucción. Para que la oposición pueda reconstruirse necesitará, fundamentalmente, de una figura que pueda aglutinar diversos espacios y tradiciones políticas. El denominado espacio progresista desde la caída de Ibarra se vio dinamitado en muchas partes. Mientras que en su momento Proyecto Sur consiguió casi un 25% en las legislativas de 2009, en 2011 en FAP logró 16%, la posterior creación de UNEN significó el alejamiento de muchos sectores como el liderado por Pino Solanas o Claudio Lozano. El desmembramiento del UNEN hacia Cambiemos (Vamos Juntos) significó una reducción del 50% en sus bancas en los últimos 4 años; en 2013 habían conseguido 8, en 2015 ya como ECO 7 y, tras la partida de la Coalición Cívica-Ari de Carrió, la alianza entre la UCR y la seccional capital del Partido Socialista consiguió 4 bancas. Este espacio, liderado por Lousteau, quedó fuertemente herido, diluyendo aún más ese porcentaje que lo acercó a la jefatura de gobierno en el ballotage de 2015. Entonces, la reconstrucción de un espacio “progresista” aparece como una alternativa dificultosa, ya que no existe hoy candidato/a que pueda aglutinar y, por otro lado, las diversas fuerzas que componían el progresismo se han atomizado hasta la intrascendencia. Queda, sin embargo, abierta la puerta a un renacer de Lousteau como opositor, pero deberá estar marcado por fuertes señales a otros sectores políticos que lo puedan visualizar como un opositor.

Finalmente, la tercera opción para la oposición en CABA es la alternativa. La potencialidad de la figura de M. Bregman es la variable fundamental. Aunque el FIT parece tener un techo de 6-7%, se destaca quien encabezó la lista a la legislatura. La búsqueda de crear un espacio de izquierda que pueda ser segunda fuerza para 2021/2023 necesita de sectores más amplios de los que hoy conforman el FIT, para atraer a esos espacios progres, es necesaria una negociación con otros espacios menores y, fundamentalmente, con sectores que, en algún momento puedan haber tenido simpatía por el kirchnerismo y por otras experiencias de centro izquierda. Las agendas de muchos de estos sectores tienen coincidencias sobre las cuales construir, género, DDHH, sindicalismo. Sin dudas esta variante resulta dificultosa. La elección de 2019 puede servir como una primera prueba, aunque el mayor esfuerzo debe estar en las dirigencias para pensar todos los escenarios posibles para ser una oposición con potencialidad para CABA.

El 2017 deja un escenario más que propicio para Cambiemos para seguir adelante con su proyecto de ciudad. Ningún sector de la oposición tiene la fuerza suficiente como para poder plantear una disputa efectiva. Esta situación hace pensar en una reelección de H. Rodríguez Larreta sin mayores dificultades. Si alguna vez hubo una fuerza progresista/ de centro-izquierda en la ciudad, sus votos se encuentran atomizados entre el gobierno, Unidad Porteña y las expresiones de izquierda como el FIT y AyL. Quizá una de las fortalezas del gobierno es que en estos años construyeron un discurso sobre la ciudad y una cantidad de obras públicas muy visibles y de alto impacto. La oposición se concentró en la ya famosa y poco útil crítica “ideológica”, en planteos nacionalizados y centrados en lo económico y, fundamentalmente, en los conflictos, no menores existentes. Sin embargo, Cambiemos logró articular un discurso fuerte y a su vez “light”, una Ciudad de Buenos Aires preocupada por una utopía palermitana y no por un debate denso sobre las grandes problemáticas estructurales de la ciudad. Las fuerzas opositoras tendrán entonces que resignarse a entender a la ciudadanía en vez de combatirla, una tarea que no les ha resultado fácil desde que M. Macri asumió como Jefe de Gobierno. En ese sentido, vemos como, tanto la continuidad  de la oposición liderada por el kirchnerismo, como la reconstrucción  de la oposición desde sectores de centro-izquierda, son variantes ya experimentadas que no llevaron a consolidar fuerzas con capacidad y, en muchos casos, voluntad, de pensar y gobernar la ciudad. Por lo tanto, queda explorar la alternativa. Esta variante es a priori dificultosa, pero tiene, a diferencia de las otras, una potencial líder que podría ser quien nuclee a un sector importante de arco opositor.

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