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Brexit: un paso atrás

Sofía Mercader
Profesora de Filosofía (UBA)

Cursando PhD en la Universidad de Warwick (Reino Unido), Departamento de Estudios hispánicos.

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Vie, 24-06-2016
Hay que tener en cuenta dos cosas acerca del referéndum: una es que quienes quisieron irse de la UE son principalmente personas de más de 50 años de clases trabajadoras. La otra es que su voto de los leavers es fundamentalmente anti-inmigración. Hoy mi optimismo respecto de la posibilidad de vivir en un mundo mejor, más abierto, tolerante e igualitario bajó un par de escalones.

Unos meses luego de que yo llegara a Inglaterra, a fines de 2014, hubo un referéndum en Escocia para decidir si los escoceses seguían siendo parte del Reino Unido o no. Recuerdo que mi tutora me dijo ‘La votación va a ser peleada, pero van a terminar quedándose’. Su respuesta fue la misma cuando le pregunté por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el famoso Brexit). Me quedé tranquila, si no falló la otra vez tampoco puede fallar esta, pensé.

Para mi sorpresa, y para amargura de la totalidad de las personas que conozco acá, el 52% de quienes votaron ayer en el referéndum decidieron que es mejor que Gran Bretaña se retire de la UE. Pegué un salto de la cama cuando vi los resultados en la pantalla de mi celular, quise encontrar a mis amigas alemanas con las que vivo. ‘David Cameron renunció, la elección fue decisiva en el norte, en las áreas donde hay más clase trabajadora. Son los que más van a sufrir esto’, me dijo una de ellas, con cara de me-quiero-ir-ya-de-este-país. Hay que tener en cuenta dos cosas acerca de esta votación que están muy bien explicadas en este artículo de The Guardian: una es que quienes quisieron irse de la UE (leavers) son principalmente personas de más de 50 años de clases trabajadoras. La otra es que el voto de los leavers es fundamentalmente anti-inmigración. Cuando desayuné esta mañana todavía sin poder creer que ese voto podía ser tan contundente. Miré las noticias y mi muro de Facebook, mis amigos británicos estaban decepcionados y tristes. Uno de ellos, del norte de Inglaterra, aclaró que en las ciudades donde hay más diversidad cultural y étnica (Liverpool, Manchester y Leeds) predominó el remain (quedarse en la UE). Otro posteó un video de Nigel Farage, el líder de UKIP, partido nacionalista conservador que fue fundamental en la campaña por el leave. Farage, que no llega a ser tan caricaturesco como Donald Trump pero sin dudas compite por el puesto, hizo campaña alegando falsamente que el Reino Unido le paga semanalmente a la Unión Europea 350 millones de libras y que -según el slogan de la campaña- ese dinero podía ser usado en el NHS (National Health System, es el servicio de salud pública del Reino Unido que, pese a que es duramente criticado por su poca eficiencia, viniendo de Argentina créanme que funciona y muy bien). Hoy una periodista le preguntó a Farage si entonces ahora ese dinero se usaría para el NHS. ‘No puedo asegurarlo’ aseveró, para luego agregar que ese había sido uno de los grandes errores de su campaña y que lo que sí podía decir es que ahora podían hacer negocios libremente con la Commonwealth, ‘nuestros verdaderos amigos’, como si al Reino Unido no le hubiera ido formidablemente en su relación bastante friends-with-benefits con la UE.

Terminé de desayunar y tomé el bus para la universidad, ya había empezado a recibir mensajes de amigos preocupados por el tema. Cuando llegué al campus me encontré con una colega inglesa que me dijo algo que hasta el momento no había escuchado. Para ella, la injusticia del asunto está en que son las personas de mayor edad las que votaron por irse de la UE, mientras que los jóvenes son los que quieren quedarse, condicionando así a las generaciones por venir, que no van a poder disfrutar de los beneficios que sí disfrutaron sus mayores. Después se sumó otra profesora francesa que se mudó hace poco a Birmingham, deprimidísima por el asunto nos contó que el hombre que va a hacer un arreglo para su casa le había dicho ‘Y estás preparada para que te echemos de acá mañana?’, en un característico humor inglés que nunca escapa al doble filo. 

Hasta el momento yo no conocí a un solo inglés que estuviera en contra de los inmigrantes o de pertenecer a la UE, pero por algo se inventó una ciencia de la estadística, sabemos que el círculo en el que nos movemos no puede representar a una totalidad. Aún así pensaba hasta hoy que no había país más abierto y plural que éste. Lleno de inmigrantes de todas partes del mundo, de escuelas públicas en donde la cruz y la burka conviven sin problemas, donde no es tan evidente que el color de tu piel va a determinar tu posición social y laboral. Pero desde que el tema del Brexit está en la mesa, cada vez son más las historias nacionalistas que van apareciendo, pero a veces no son sólo historias y las palabras se pueden convertir en hechos, como ocurrió con el asesinato de la diputada laborista Jo Cox hace tan sólo una semana. (Un agregado: algunos criticaron hoy bastante a Jeremy Corbyn, líder del partido laborista, por no haber hecho más por la campaña del remain. La parte más de izquierda del laborismo, por razones que aún no me explico, prefería irse también de la UE).

Como no sé de economía no quiero adentrarme en argumentos del estilo, pero sí sé sabe que el pound ya se depreció a su nivel más bajo en años, y que las acciones de las empresas y bancos británicos hoy cayeron considerablemente. No hay Primer Ministro y no se sabe qué va a pasar con Escocia, que ya adelantó que va a llamar a un nuevo referéndum para irse del Reino Unido y unirse a la UE como nación independiente. Parecería que no hay muchas razones para alegrarse, sin embargo nuestro personaje entrañable Farage ya decretó que hoy es el día de la independencia inglesa. Como si Inglaterra hubiera estado alguna vez bajo el control de otra nación (y no ella controlando a otros territorios y poblaciones por todo el globo). 

Ese fue mi día hasta ahora, lo que pase de ahora en más no se sabe, siempre pienso que es mejor no hacer futurología. Pero si se me permite la reflexión, podría decir que al menos hoy mi optimismo respecto de la posibilidad de vivir en un mundo mejor, más abierto, tolerante e igualitario bajó un par de escalones. Siempre me llamó la atención que Kant dice, en un texto corto y bastante fácil de leer que se llama ‘Ideas para una historia universal en clave cosmopolita’ que así como los hombres (y las mujeres) encuentran más beneficios que perjuicios viviendo bajo un estado organizado y no matándose entre ellos en estado de naturaleza, las naciones son análogas en ese sentido. Eventualmente, los países notarán que las guerras y conflictos entre ellos conllevan más penas que bienes y encontrarán necesario establecer órganos supranacionales para dirimir conflictos pacíficamente y así el mundo entrará en paz perpetua. Lo lamento amigos, pero hoy no creo en el progreso. Fuck nationalism

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