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Barcelona y después

Martín Gonzalez Araujo
Economista / Periodista

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Jue, 31-08-2017
Los recientes atentados en Barcelona y Cambrils desata interrogantes sobre la sociedad, el turismo y la relación entre España y Cataluña. 

La vida puede cambiar en un segundo y eso ocurrió el jueves 17 de agosto en la tarde de Barcelona y en la noche de la costera Cambrils. Ese día, un grupo de jóvenes de origen marroquí ponía a España en el foco del terrorismo islámico después de 13 años, tras los atentados a la estación de tren madrileña de Atocha en 2004. Tras irrumpir en las principales peatonales con el fin de atropellar todo a su alcance, el total de víctimas alcanzó las 16 personas y se superó el centenar de heridos. A partir de ese momento, España entró en shock y se asimiló al resto de la Europa afectada por el Estado Islámico.

Ante lo sucedido, las fuerzas de seguridad reaccionaron a tiempo y pudieron gestionar la crisis al instante. Dentro de las 72 horas, ya se tenía a toda la célula reducida, abatidos en escena o con algunos casos ya en prisión. En lo inmediato, la sociedad catalana se solidarizó con la situación, donó sangre, trabajó voluntariamente y ayudó a los equipos sanitarios y de seguridad.

Con el tiempo se fue develando la historia completa y llegaron los cuestionamientos sobre cómo se generó la célula terrorista. El plan original era de mayor escala, pero se vio frustrado unas horas antes del atentado en Barcelona por la explosión de una casa en el pueblo tarragonés de Alcanar, donde la célula contaba con un arsenal a base de más de cien garrafas de butano y explosivos. Durante ese accidente murió Abdelbaki es Satty, ideólogo del plan, imán y reclutador del grupo de musulmanes del pueblo de Ripoll. De acuerdo a los vecinos del pueblo de Gerona, no existían sospechas extremistas sobre estos jóvenes, que formaban parte del equipo de fútbol sala, tenían trabajo y no eran marginales. Todos se preguntan cómo se puede llegar tan lejos, sin que nadie se haya dado cuenta.

Tarde o temprano entraría en escena el conflicto entre el gobierno de España y de Cataluña. Dentro de los interines de la investigación y manejo de la crisis, se notaron faltas de comunicación entre entidades y cuerpos policiales nacionales y de la autonomía. Ya en 2016, la policía catalana disponía de una alerta sobre el imán Es Satty, que no fue alertada a ninguna otra institución. En medio del drama, surgieron los intereses políticos de incluir el tema de la independencia de Cataluña. En la marcha de Barcelona del sábado 27, liderada por civiles y acompañados por el Rey Felipe VI y todos los principales políticos locales y nacionales, en primeras líneas se priorizó a un numerosos grupo de independentistas que olvidaron el luto y prefirieron abuchear al Rey y a Mariano Rajoy. Detrás de ellos, había medio millón de asistentes emocionados que pedían paz y unidad.

Después del golpe, la inquietud está en cómo sigue la vida en Barcelona, en Cambrils y en el resto de España. La probabilidad de ocurrencia de atentados terroristas es muy baja, pero a partir de estos hechos las sociedades se acostumbrarán a convivir con este riesgo y a seguir haciendo su vida. Una mayor presencia policial, demoras y controles en aglomeraciones como espectáculos, y numerosos vallados y obstáculos de circulación se convertirán en postales de esta nueva época. Por un lado, la sociedad se adapta y parece resignarse; por el otro lado, se nota una resistencia, una pérdida del miedo y una necesidad de recuperar la normalidad. Por esta razón, más allá del triste panorama, los comercios de la Rambla barcelonesa estaban abiertos el viernes 18.

Frente a una España que se recupera de la crisis con una industria turística de punta, que representa el 11% de la economía, las inquietudes a futuro surgen también por este lado. Barcelona como ciudad y España como país son uno de los destinos más elegidos a nivel mundial, que pueden tornarse vulnerables ante los hechos ocurridos. Para el caso de Londres y de París, tras los atentados ocurridos desde 2015, no vieron afectados su flujo turístico. Como si fuera una paradoja, hace unas semanas, existieron casos de turismofobia en Cataluña frente a las quejas de la masividad de la industria y los efectos sobre los ciudadanos de Barcelona. Para este caso, aún siendo muy remotas las posibilidades de terrorismo, España deberá darle una vuelta a su estrategia turística.

Cuando la disputa por la independencia de Cataluña parecía ser el drama por venir, con una propuesta de plebiscito para el próximo 1º de octubre, la tragedia hizo su aparición en escena y deja a la sociedad con una sensación de vulnerabilidad. Las disputas políticas deberían bajar su intensidad, aunque no parece notarse en los días posteriores. A la sociedad se le debería informar y se les tendría que dar seguridad, a través de las instituciones con las que cuentan pero de forma coordinada. Los atentados ocurridos no deberían cambiar muchas rutinas de la gente, ni en su vida diaria ni en sus vacaciones, pero estará más alerta y atenta. Algo cambió el 17 de agosto pasado y se irá viendo en los próximos meses.

Sea como sea, de aquí a futuro, la clave está por el lado de la política, que tiene que estar al servicio de la sociedad. No tinc por. No tenemos miedo.

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