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Argentina no puede salir campeón del mundo

Sebastián Zírpolo
Periodista

Lic. en Comunicación Social en la Universidad del Salvador. Escribe en la revista Brando. Trabajó y colaboró en los diarios Perfil, Ambito Financiero, Infobae y El Cronista, y en la revista Noticias. Ex Director editorial de BASTION Digital.

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Jue, 12-06-2014
Las Selecciones Nacionales de fútbol son el resultado de la forma de juego, idiosincrasia, valores, institucionalidad y capacidad económica de su federación. Si esto es así, y esto es así, Argentina no puede salir campeón del mundo.

Los argentinos no vamos al Obelisco hace veintiún años. Hay una generación que nunca fue al Obelisco y hay dos o tres más que fueron a upa de sus viejos y no se acuerdan. Dos o tres veces por mes amagamos con ir, medio por cualquier cosa, por una inauguración de cloacas, por un arreglo con el club de París. En tuiter dimos cientos de vueltas ya. Nos tomamos la falta de Obelisco tan irónicamente que el día que tengamos que ir no nos vamos a dar cuenta. 

Escribo estos pensamientos en igualdad de condiciones que Juan Pablo Varsky, que acá al lado explica por qué Argentina va a salir campeón. Podría haber esperado a que llegara su texto, desgranarlo y acomodar mis argumentos, pero le cedo la edición en esta jornada a Jimena Zúñiga y leo a Juan Pablo al mismo tiempo que lo leen ustedes, para armar mi exposición sin ventajas. Ética Bastión.

La igualdad de condiciones me deja, sin embargo, diez mil pasos aún más atrás de los que ya estaba cuando le acepté a Varsky, el periodista más preparado de todos los que están hoy soleándose en Brasil, una apuesta insólita: una cena para 20 personas pagada por él si Argentina no gana la copa. Si la gana, en cambio, pago yo. La apuesta se puso aún más dramática cuando las 20 personas se hicieron 40 después de que lo toreé a JP mientras Argentina jugaba el amistoso con Trinidad y Tobago, un segundo después de que Messi tirara por arriba del travesaño un gol hecho. Juan Pablo sabe mucho de fútbol, yo no sé nada: soy hincha de Boca. El también, pero superó a la especie.

Mi hipótesis: Las Selecciones Nacionales de fútbol son el resultado de la forma de juego, idiosincrasia, valores, institucionalidad y capacidad económica de su federación. Si esto es así, y esto es así, Argentina no puede salir campeón del mundo. Pregunto: ¿Qué hizo el fútbol argentino en los últimos años para que su Selección mayor gane el Mundial de Brasil? 

A mí me gusta pensar las coronaciones como productos de un esfuerzo colectivo, más o menos privado, más o menos estatal (en el caso argentino, completamente estatal). Ese esfuerzo colectivo, si mantiene coerción y coherencia, decanta en un resultado en el que la “pasión”, la “garra” o el “corazón” son todos condimentos secundarios, combustible para los publicistas. Si algo aprendimos del papelito de Lehman en los penales contra Argentina en Alemania 2006 es que el fútbol, como cualquier disciplina, es estudio y dedicación.

Ese esfuerzo colectivo, además, es un ovillo larguísimo. España, el defensor del título, salió campeón en 2010 porque en los diez años anteriores metió campeones en la Champions League y en la Eurocopa, porque mejoró una liga históricamente intrascendente, aburrida y sin estrellas y porque un grupo de gente armó un despelote en Barcelona, despelote que incluye a Lionel Messi. Messi, que es argentino, graciadió, y sobre el que no tengo ningún problema en que no cante el himno porque yo tampoco lo canto, es un producto 100% de la década de oro del fútbol español. Hace muchos años una institución lo olió, lo compró y lo rodeó de muchos recursos humanos y financieros para que su talento le vuelva en juego, campeonatos y dinero. Largo plazo, se llama eso. Todo lo que Messi tiene de gran jugador y de buen capitán, de buen compañero, como dicen que es, se lo debe a España. Cuando vi la foto de los campeones de Sudáfrica 2010 lamenté, despojado de nacionalismos, que Messi no estuviera ahí, porque él es causa y consecuencia de esa coronación. Messi, a quien le encanta ser argentino, ser rosarino más bien, y quien está muy orgulloso de jugar en la Selección, no le debe nada al fútbol de nuestro país, y a lo poco que le debe está completamente desmantelado: del proyecto Pekerman/Tocalli/Ferraro , que formó a Gago, Agüero y a Mascherano, que dejó cinco campeonatos del mundo, dos medallas olímpicas y el testimonio de que se puede ser exitoso sin ser arrogante, pasamos a un equipo juvenil que no se clasifica a los mundiales.

Agarremos los últimos ocho años, desde el fin de Alemania 2006 hasta hoy, en los que hubo dos eliminatorias, dos Copas América, y un Mundial en el medio. ¿Qué hizo el fútbol argentino para que Argentina salga campeón en 2014?

La Selección Mayor tuvo cuatro cuerpos técnicos, uno cada dos años en promedio. Ninguno ganó un título (para ser justos, la Selección Argentina no gana nada desde 1993). En una de las Copas América fue finalista (Venezuela 2007) y en la otra (Argentina 2011) quedó eliminada en cuartos de final. En una de las eliminatorias (Sudáfrica 2010) salió cuarta (con un gol agónico de Martín Palermo contra Perú) aunque ganó la otra (Brasil 2014). Del Mundial (Sudáfrica 2010) volvió en Cuartos de Final. Para las Copas Confederaciones Sudáfrica 2009 y Brasil 2013 directamente no clasificó.

Estos malos resultados tienen su correlato, o su origen, en el fútbol local, al que la Selección Mayor representa. De las ocho Copas Libertadores que se jugaron de 2006 a esta parte, hubo tres equipos argentinos finalistas (Boca campeón 2007, Estudiantes campeón 2009, Boca subcampeón 2012), y tres equipos más en semifinales (Boca 2008, Vélez 2011 y Newell´s 2013). En la edición 2014, todavía irresuelta, San Lorenzo está en semifinales con la expectativa, cuánta ternura, de ganar su primera Libertadores. Para saber si estos números son buenos o malos hay que comparar. (De nuevo ética Bastión). Brasil, al que los pronósticos dicen que Argentina va a enfrentar en la final del Mundial, metió 13 equipos entre semis y finales, y de ocho copas se llevó cinco, incluyendo las cuatro últimas.

Entonces, en estos ocho años, el fútbol argentino, metiendo en la misma bolsa a selección mayor y clubes, jugó 11 campeonatos internacionales (dos Copas América, un Mundial y ocho Libertadores) y ganó dos. Dos títulos internacionales, sólo a nivel de clubes, en ocho años. Si fuera economista haría esos grafiquitos tan bonitos que hacen ellos para verlo bien. Entonces, ¿qué hizo el fútbol argentino de 2006 para acá para que Argentina gane el Mundial? Nada. 

¿Puede no ser tan relevante lo que haya hecho el fútbol como institución para que la Selección gane la mayor competencia internacional del calendario futbolístico? ¿Puede que todo esté en manos de la habilidad y el criterio de un cuerpo técnico y un conjunto de jugadores? Miremos a los últimos campeones del mundo.

Brasil, campeón en Estados Unidos 1994, había salido campeón de la Copa América 1989, subcampeón en 1991 y había quedado en Cuartos de Final en 1993. A nivel local, además, el fútbol brasilero había ganado, de la mano del San Pablo, la Libertadores y las Copas Intercontinentales en 1992 y 1993.

Francia, campeón local en 1998, venía absolutamente barranca abajo. No había clasificado a los dos mundiales anteriores, no ganaba Eurocopas y sus equipos eran intrascendentes en copas internacionales. ¿Qué hizo el fútbol francés para que su Selección gane el Mundial?: lo organizó. Seis de los 19 mundiales fueron ganados por el país organizador.

Brasil 2002, campeón en Corea Japón, venía de un subcampeonato en Francia 98 y de salir cuarto en la Copa Confederaciones de Japón Corea del Sur de 2001. En la Libertadores sus clubes se chocaban contra el muro de Bianchi y Boca Juniors, pero así y todo metió un campeón en 1999 (Palmeiras), dos finalistas (Palmeiras 2000 y Sao Caetano en 2002) y dos semifinalistas (Corinthians 2000 y Palmeiras 2001).

Italia, campeón en Alemania 2006, es la excepción a la regla. Quinto en Francia 98, 15° en Corea del Sur y Japón 2002, golpeado por corrupción, apenas tenía para mostrar una final italiana en la Champions League con Milan – Juventus.

Pero España, levantando la copa en Sudáfrica 2010, es el leading case de esta razonamiento centrado en los procesos institucionales. Campeón de la Eurocopa Austria y Suiza 2008, tercero en la Copa Confederaciones Sudáfrica 2009, Barcelona campeón de la Champions League en 2006, 2009 y 2011, y campeón de la Copa Mundial de Clubes en 2009. La formación del mejor futbolista (¿de la historia, del Universo, del momento?), Lionel Messi es otra de las copas que legítimamente debe levantar el fútbol español. 

Si algo nos dicen estos ejemplos es que para ser campeón del mundo hay que ser, antes, campeón de muchas otras cosas, entre las cuales, menos visible pero que habilita a todas las demás, está el hecho de que los clubes y la federación de fútbol de cada país tengan solvencia económica, inversiones inteligentes, proyectos a corto, mediano y largo plazo, previsibilidad normativa, prescindencia estatal, dirigencia profesional, e instituciones democráticas.

¿Qué hizo de todo esto el fútbol argentino en los últimos ocho años? Algunos ejemplos:

Hacia fines de 2013, la deuda de los clubes con la AFA alcanzaban los $2444,9 millones. (Lamentablemente no tengo los datos con la progresión de la deuda de los clubes durante los ocho años de mi análisis). Sólo en 2013 los clubes de primera e Independiente perdieron $154 millones, el triple que en 2012, que había sido $ 50 millones. Todo mientras el gobierno nacional paga $ 825 millones por año para quedarse con los derechos televisivos de los partidos. Con transparencia cero, como cuenta, acá al otro lado, Gabriel Cecchini.

En otros países también los clubes tienen deudas, pero están trabajando en sanearlas. En España, por ejemplo, a mediados de 2013 los clubes se acogieron a un llamado Plan de Sostenibilidad, en el que los clubes de Primera División se comprometieron a reducir su deuda (superior a los 4.000 millones de euros) a raíz de 300 millones por temporada, hasta 2016, reduciendo sueldos e imponiendo tope salarial para los jugadores, entre otras medidas.

En estos ocho años, River e Independiente, dos de los equipos con mejores divisiones inferiores, y los que más jugadores aportaron históricamente a la Selección Nacional, descendieron al Nacional B, un dato deportivo que podría ser menor si no fuera porque el pasivo sumado de ambos clubes es hoy más de 800 millones de pesos (425 millones de pesos River y 393 millones de Independiente). Su descenso, que nos resultó muy gracioso a los que nunca nos fuimos a la B, lo vamos a pagar todos carísimo en los próximos años, con posiblemente las peores selecciones nacionales que vayamos a ver en mucho tiempo, por las condiciones económicas en que quedaron los dos equipos más importantes para el fútbol juvenil. Independiente, irónicamente, en 2006 vendió a Sergio Agüero, jugador de sus inferiores, al Atlético de Madrid en 20 millones de euros, récord para el fútbol argentino. Con esa plata hizo un estadio que le costó 35 millones de dólares y con el que ahora juega el Nacional.

En estos ocho años, también, hubo 65 muertos en los estadios argentinos, según los datos que se desprenden del relevamiento de salvemosalfutbol.org.  A la Argentina lo acompaña Latinoamérica: Brasil, Colombia, Paraguay y Perú sufren violencia en sus canchas. No se registran muertes relacionadas con el fútbol en Europa en este período, aunque sí tiene serios problemas con expresiones xenófobas. En Argentina, además, las muertes de hinchas por enfrentamientos internos entre barras pasaron de dos casos en el año 2000 a 4 en 2013, y las muertes por otros factores pasaron de 5 en 2000 a 8 en 2013. Así y todo, en 2009 el Gobierno oficializó la relación de la política con las barras bravas con la creación de Hinchadas Unidas Argentinas, paraguas con el que viajó a Sudáfrica y con el que está ahora en Brasil. Mientras tanto, Argentina llega al Mundial prohibiendo la asistencia de hinchas visitantes como toda medida para frenar la violencia en los estadios.

Después del Mundial se pondrá en marcha en Argentina un campeonato de Primera División de 30 equipos, que disuelve al Nacional B y cierra las posibilidades de descenso de los clubes grandes, un esquema inédito en el mundo.

Mala performance en competencias internacionales, principales clubes quebrados, las canteras de jugadores disueltas, asociación explícita del poder político con grupos de delincuentes que operan en los estadios, desorganización de su principal campeonato local, son todas condiciones que le dificultan, más bien le imposibilitan, al fútbol argentino, ser el mejor del mundo.

Este razonamiento tal vez peca de excesivamente sistémico. Le carga al factor institucional una responsabilidad absoluta sobre el éxito o el fracaso de un proceso deportivos. Entre otras cosas, para ganar el Mundial, además, hace falta que Romero grite miaaaaa en los centros llovidos y que Garay se acuerde que cuando Messi levanta el brazo derecho el corner va al segundo palo. Descarto que Argentina llega con varios talentos en su mejor momento y entiendo que la expectativa esté puesto en eso. Pero lo que nos ilusiona de este plantel es que todos ellos son hijos de otro fútbol, no mucho mejor que el de los últimos años, pero otro fútbol al fin: ninguna las máximas estrellas del plantel jugó en el país en los últimos ocho años. Messi, está dicho, emigró de muy joven. Mascherano dejó River en 2005, Fernando Gago dejó Boca y el país en 2006 (volvió en 2013), el mismo año que Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero, Angel Di María se fue a Portugal en 2007, y Martín Demichelis, por nombrar algún defensor, vota en embajadas desde 2003. Quizás todas las ilusiones se resuman en que vemos en ellos el sueño cumplido del emigrante que pegó el salto en el momento justo.  Porque, más allá de las instituciones, hay un conjunto de seres humanos más o menos habilidosos, más o menos unidos con un objetivo en común y con una esperanza que cada uno viene amasando desde chicos. Eso es muy fuerte. Pero bueno, yo nunca me creí seriamente eso de que el fútbol es la dinámica de lo impensado. Ojalá les vaya muy bien, de hecho yo creo que les va a ir muy bien, que la Selección Argentina puede repetir o aún mejorar algunos puestos respecto de Sudáfrica. Espero que, si es así, el exitismo argentino no destruya ese logro, y que incluso si Juan Pablo me gana la cena, si Argentina sale campeón porque sus jugadores fueron mejores que sus dirigentes, que esa copa sirva para refundar al fútbol. Si no sirve para eso, servirá para gastar a los brasileros, es decir, no servirá para nada.

Así y todo, no veo cómo. Sin instituciones sanas los individuos con mucho potencial funcionan mal colectivamente.

Miremos, sino, lo que pasa alrededor. 

Fuente imagen: www.elmundo.es

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