Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

¿Estudiar no paga?

Eduardo Levy Yeyati
Economista y escritor

-A A +A
Mar, 10-12-2013
Más de la mitad de la mejora en la distribución del ingreso en Latinoamérica en los 2000 se debe a que se achicó la diferencia salarial entre trabajadores con y sin estudios. Esta igualación salarial ¿es buena o mala? ¿Estudiar paga hoy menos que antes?. Estas preguntas forma parte de un debate especialmente necesario en Argentina a poco de hacerse públicos los resultados de los exámenes PISA 2012.

En los 2000s, Latinoamérica mejoró la distribución del ingreso. Más de la mitad de esta mejora en la distribución se debe a una menor dispersión de salarios; más precisamente, al hecho de que se achicó la diferencia salarial entre trabajadores con estudios terciarios y secundarios, y entre trabajadores con estudios secundarios y primarios –a diferencia de los EEUU donde este diferencial, también llamado “retorno” a la educación, creció. En otras palabras, la igualación de salarios llevó a una igualación de ingresos.

Esta menor diferencia salarial entre niveles de educación (o menor retorno a la educación), ¿es una noticia buena o mala para la región? “Buena”, dirían quienes apuntan que menor disparidad de ingresos es más equidad. “Malo”, dirían quienes ven en la menor disparidad un menor incentivo económico para el estudio y la formación de “capital humano”.

Pero el tema es mucho más complejo. Son varias las posibles razones detrás del aplanamiento salarial, a contrapelo de lo que sucede en el resto del mundo. En un estudio reciente del Banco Mundial revisamos las tres hipótesis principales: cambio de la composición de la oferta laboral por nivel de estudio, exceso de oferta (o déficit de demanda) de trabajadores calificados, y mala calidad de la educación.

¿Cambio en la composición de la oferta laboral por nivel de estudio?

La primera hipótesis parte de que, en promedio y para un dado nivel de educación, los hijos de hogares pobres tienen un desempeño inferior al de los hijos de hogares ricos, simplemente porque el ambiente familiar (parte esencial de la formación de aptitudes a edad temprana) suele ser menos estimulante.

Una educación secundaria que incluyera más hijos de hogares pobres, por caso, reduciría el desempeño promedio del egresado, medido por ejemplo por los resultados de las pruebas PISA. A esto probablemente se refiera  el ministro Sileoni cuando argumenta que “hemos logrado mantener los niveles de desempeño de nuestros jóvenes, al tiempo que incorporamos 195.000 alumnos al secundario”. Si el desempeño promedio del trabajador con estudios secundarios cayera por la inclusión de hogares cuyos hijos antes accedían sólo al primario, también caería el salario promedio de estos trabajadores, y su diferencia con el primario.

Algo similar pasaría con la oferta de educación terciaria. Ya lo dijo la Presidente: no todas las universidades son iguales. No por sus profesores sino por su exigencia, y por sus alumnos, algunos de ellos  primera generación de terciarios en busca de un título con el que elevar sus ingresos y su nivel de vida. La proliferación de nuevas universidades, públicas y privadas, es un fenómeno regional que, al facilitar el acceso a la educación terciaria de sectores que no satisfacen las exigencias de las universidades tradicionales, estarían reduciendo el promedio de desempeño (y de salario) del graduado terciario, y su diferencia con el del graduado secundario.

Esta hipótesis parece consistente con el hecho de que mientras el plus salarial del trabajador con estudios secundarios comenzó a caer ya en los 90s, la caída en el diferencial de los trabajadores con estudios terciarios se vio recién en los 2000s,  cuando estas nuevas universidades consolidaron su crecimiento.

En la medida en que el fenómeno de aplanamiento salarial se deba a que sectores que antes sólo obtenían un título primario y hoy acceden a educación secundaria (o a quienes antes sólo obtenían un título secundario hoy acceden a educación terciaria), el resultado es innegablemente bueno. Una vez ajustando por desempeño (más precisamente, por los aspectos del desempeño que no son ya capturados por las variables socioeconómicas usadas en las estimaciones de la prima de educación), encontraríamos que estudiar pagaría lo mismo que antes: los incentivos al estudio seguirían intactos y la igualación de ingresos sería apenas el reflejo estadístico de una educación más inclusiva.

¿Exceso de oferta/déficit de demanda?

La segunda hipótesis apunta al equilibrio entre oferta y demanda de calificación. Si un país produjera localmente bienes y servicios cada vez menos sofisticados (por ejemplo, porque exporta commodities no elaboradas e importa todo lo demás), caería la demanda de trabajo calificado y, con el tiempo, su salario relativo. Del mismo modo, si un país experimentara un boom de trabajadores con título secundario y terciario (ya sin cambios en la calidad promedio) esto induciría una sobreoferta de calificación que presionaría a la baja el retorno a la educación.

Si bien ambas tienen consecuencias similares, las dos versiones de esta historia son radicalmente distintas: en la primera, se empobrecería la demanda y los salarios se achatarían (bajarían los altos); en la segunda, se enriquecería la oferta y los salarios se comprimirían hacia arriba (subirían los bajos).

¿Mala calidad de la educación?

Por último, la tercera hipótesis sostiene que la igualación de salarios se debería simplemente a un deterioro de la calidad, un aspecto que por difícil de medir no debería dejar de medirse, y que refleja desde las horas de clase efectivamente dictadas hasta la adecuación de los programas a la demanda del mercado laboral, pasando por la calidad de los maestros y la seguridad en las escuelas En todo caso, si el desempeño del secundario y del terciario de hoy es inferior al del secundario y terciario de ayer, también lo será su remuneración relativa. En este caso, la menor diferencia salarial apenas reflejaría el dato de que la educación agrega hoy menos valor desde el punto de vista del mercado laboral.

Conclusión

Entonces, la igualación salarial, ¿es buena o mala? ¿Estudiar paga hoy menos que antes? ¿Debemos congratularnos o preocuparnos? Pasar cada una de estas hipótesis por el filtro de los datos forma parte de una agenda de investigación y un debate necesarios, especialmente a poco de hacerse públicos los resultados de los exámenes PISA 2012. Resultados que en Argentina en la última década no fueron halagadores, y que apuntan peligrosamente a la mala calidad educativa como artífice de la nueva equidad salarial.

Fuente imagen: noticias.universia.net.co

Danos un "Me gusta" en Facebook y seguinos en Twitter.

Registrate para hacer comentarios y recibir nuestra newsletter.

Si vos también tenés algo que decir, decilo en BASTION Digital

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo