Bastion Digital Argentina

Leé mejor, mirá diferente

Ingresá con

El museo de Daireaux

Walter Duer
Escribo viajando y viajo escribiendo

Nací en Buenos Aires en 1974. Me dedico al periodismo desde 1992 y al periodismo de viajes desde 2004. Soy autor de Boca, el libro del Xentenario (Planeta, 2004), Marcados por el destino (Asunto Impreso, 2006), Manual del buen judío (Sudamericana, 2007), Judíos in love (Sudamericana, 2009) y Fulbo (Asunto Impreso, 2012), entre otros libros. 

-A A +A
Sáb, 22-10-2016

El acceso desde la ruta, un paseo parquizado a lo largo de la avenida Alsina que desemboca en la antigua estación de trenes, da la pauta de que algo diferente está por ocurrir. A diferencia de muchas de sus vecinas (entre ellas, la célebre Bolívar), la localidad de Daireaux está cuidada, prolija, querida por sus habitantes.

No llama la atención, entonces, que la estación ferroviaria, por la que hace décadas que no pasa un tren, no estuviera abandonada como ocurre con la mayoría de las que atraviesan su misma situación. El 22 de diciembre de 2010 se inauguró, con motivo del centenario de la llegada del tren, el Museo de Historia y Ciencias Naturales en lo que había sido la sala principal. En la puerta del frente, sobre el suelo, un trabajo en azulejo: “DX100, 1910-2010. Alumnos EESNA”.

La ciudad tiene unos 12.000 habitantes que, por lo que se ve, ponen su granito de arena para que todos los frentes estén pintados, todos los negocios estén prolijos y den ganas de entrar y todas las calles estén libres de basura. Ese mismo espíritu de colaboración permitió erigir un museo vasto e interesante. De entrada gratuita, una guía simpática acompaña todo el recorrido del visitante y le aporta la información necesaria para que se pueda apreciar la colección.

Adentro, hay diversas salas: una cuenta la historia del pueblo (con portadas de los diarios locales), otra conserva los objetos del ferrocarril (“los que pudimos rescatar, se han robado muchas cosas”, se lamenta la guía) y una tercera atesora elementos que fueron donados por los vecinos: gramófonos que funcionan (y que emiten algunos tangazos, manivela mediante), cámaras fotográficas precámbricas, vestidos y sombreros…

El punto cumbre, no obstante, es la sala de arqueología: allí se exponen fragmentos de caparazón de gliptodón (uno de estos pedazos está expuesto adrede para que los niños puedan tocarlo) y de otros mamíferos que vivían en esta zona hace unos 10.000 años o más. Hay hasta un cuerno del extinto elefante sudamericano. 

Una paradoja: para que un pueblo pueda rescatar su prehistoria, es imprescindible que  no lo manejen dinosaurios.

  • nah
  • mmm
  • aprobada
  • aplausos
  • ovación

Más en Bastión

BASTION en el mundo