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Nicolás Ajzenman

Ex consultor del Banco Mundial y la Universidad de San Andrés. Ex analista de Techint y Delphos. Master de Economía en San Andrés. Estudiante de Harvard.

La promesa de “industrialización” está en los discursos de todos candidatos presidenciales. Raro sería que un candidato llegara a la presidencia prometiendo crecer como proveedor de materias primas.  Este “fetiche” industrializador tiene una justificación histórica: por décadas industria era sinónimo de desarrollo, tal como lo hicieron los tigres asiáticos. Hoy no. Lo relevante ahora es generar las condiciones para producir el conocimiento que nos coloque en una buena posición de la fábrica global del desarrollo.

¿Por qué en Argentina no hemos podido complejizar nuestro perfil productivo? El problema es que casi siempre hemos aplicado políticas industriales buscando agregar valor "verticalmente": si somos buenos haciendo trigo entonces lo razonable pareciera ser beneficiar a la industria harinera, aunque sea perjudicando a la producción del bien primario para "agregar valor". Es hora de repensar la política industrial. 

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