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Alfredo Rafael Busmail

Magister en Ciencias Sociales (Flacso México), becario doctoral del CONICET y doctorando en Ciencia Política (UNSAM). Autor del libro "Democracia y Elecciones. Apuntes para una reforma política" (El Ateneo).

Camila Silva Magister en Análisis, Derecho y Gestión Electoral (UNSAM)

Si se descuentan los votos de Córdoba del resultado final, Daniel Scioli sería hoy el presidente electo de la Argentina. De hecho, para llegar a la Casa Rosada le hubiese alcanzado obtener un 45% en la provincia mediterránea. Pero los cordobeses tuvieron una preferencia tan clara por el candidato de la oposición que terminaron definiendo la elección. El Cordobazo del Siglo XXI, como buena venganza, se sirvió como plato frío.

Si las elecciones del 25 de octubre no dan un ganador, tendremos por primera vez un ballotage nacional. ¿Cómo se comporta el electorado en estos casos? ¿El ganador de la primera vuelta se asegura un triunfo en la segunda? Si miramos la historia reciente de ballotages en Argentina veremos que en la mitad de las veces que hubo segundas vueltas en las provincias, hubo reversión del resultado.

 

Desde el regreso de la democracia, cuatro tendencias se han afianzado en las elecciones provinciales: hay baja competitividad – los ganadores superan al segundo por entre 16 y 20 puntos; los gobernadores ganan siempre, salvo que sean radicales o interinos; no hay casi alternancia partidaria; y ganar el control de las legislaturas provinciales es importante. La excepción a casi todas estas reglas es Santa Fe, cuyo gobernador se conoce hoy.

 

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